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Gran película de animación: los mayores y las Residencias geriátricas

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuenta la película Arrugas (2011) la historia de dos personas mayores, Emilio y Miguel, que están internados en una residencia geriátrica. Allí entablan una amistad que evolucionará desde la curiosidad, la desconfianza, la ira y la rendición incondicional. Emilio padece un Alzheimer incipiente y cuenta casi de inmediato con la ayuda de Miguel, su compañero de habitación, y también de otros camaradas de Residencia, que harán lo imposible para que no vaya a la planta de los “desahuciados”. Sus aventuras y su plan disparatado tiñen de ternura y también de humor la fastidiosa y aburrida vida que cotidianamente llevan en el Centro. Y es que para para ellos acaba de empezar una nueva vida cuyo desenlace podremos ver en esta extraordinaria película de animación.

La obra está dirigida con un enorme entusiasmo y eficiencia por Ignacio Ferreras. Excelente guión de Ángel de la Cruz, Paco Roca, Ignacio Ferreras y Rosanna Cecchini, adaptación del cómic Arrugas (Rides, en el original francés) del historietista valenciano Paco Roca, adscrito al movimiento de La novela gráfica. Con Arrugas, Roca recibió en 2008 diferentes reconocimientos y premios en el Salón del Cómic de Barcelona, como el Premio al Mejor Guion y Premio a la Mejor Obra de Autor Español; premio en el Festival de Lucca; y dos premios Dolmen, además del Premio Nacional del Cómic. Acompañan esta película una estupenda música de Nani García, y muy buena fotografía de Animation. Perro Verde Films/Cromosoma produjeron este estupendo proyecto.

Ya he repetido en estas páginas mi gusto y preferencia por las películas que tratan la temática de las personas mayores. En esta obra, el abordaje describe y analiza lo que son muchas de las Residencias para mayores que existen en nuestro país y en general en Europa o países de nuestra órbita cultural, sean de propiedad pública o privada. Y es que muchas de estas instituciones, como se indica el film, son tediosas, carentes de recursos de actividad para los residentes, son paternalistas y tratan a los mayores como si fueran “niños” y no como los sabios ciudadanos que son, y en fin, la verdad es que salvo raras excepciones, no creo que sean muy recomendables para las personas de avanzada edad. Pues los individuos, hasta el último suspiro aspiramos a nuestra independencia, a ser autónomos, a ser tratados con dignidad y poder manifestar el grado de actividad y emprendimiento que nuestras competencias permitan.

Entonces, cuando estas aspiraciones son imposibles porque la institución cae a plomo sobre sus moradores, se da el fenómeno que yo denomino “instituciones asilares”, o sea, Residencias donde sobrevuela la frustración (falta de estimulación, carencias afectivas y dificultad para la descarga de todo tipo, incluidas las solicitudes motoras), impedimento para el emprendimiento y la actividad, asfixia existencial, etc. Cuando esto ocurre, se produce en los internos lo que califico de “plan de muerte”, “narcisismo negativo” o “anorexia de vivir”, que hace eclosionar trastornos y enfermedades muy variadas, somáticas y psíquicas, que constituyen, desde el punto de vista existencial, un auténtico “plan de muerte” institucionalmente provocado.

Igualmente en este tipo de establecimientos hay carencias y e impedimentos que provocan que los mayores hagan un retroceso que concierne a su afectividad, al funcionamiento intelectual e incluso psicomotriz y psicosomático, lo que cristaliza en depresión e indolencia, e incluso en comportamientos infantiles fruto de la inactividad y el hastío como la incontinencia urinaria o las estereotipias tipo balanceos continuos, etc. Esto suele ir acompañado de una relación fría y distante entre quienes atienden el Centro y los usuarios del mismo, incluso con faltas de respeto y en ocasiones castigos. Este estado de cosas es el producto del despotismo y las excesivas normas. Lo que aquí digo y otros aspectos de bastantes Residencias geriátricas, en vez de promocionar la ilusión, las actividades creativas, actividades educativas o formativas, viajes, participación en el gobierno del Centro o la salud integral del morador, lo que producen es el expreso y dramático convencimiento del residente de que no saldrán de allí salvo con los pies por delante.

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Esta película, aunque sin acritud, más bien con un afectuoso sentido del humor, trata de todas estas cuestiones, lo cual que debería ser visionada por los responsables y el personal asistencial que trabaja en estos centros. El personal de residencias es muy heterogéneo y hay profesionales cualificados y formados, pero la gran mayoría, sobre todo quienes más contacto tienen con los residentes, lamentablemente no han tenido opción a formarse en Gerontología, capacitación para la asistencia, Psicología, etc. Me refiero al personal de limpieza, lavandería, comedor, cocina, mantenimiento, etc. Este personal suele tener gran voluntad, pero carece de competencias para el trato con los mayores, y creo que este film les puede venir muy bien. De otro lado, hay que tener vocación para trabajar con mayores y a ser posible hacer el trabajo con afecto, comprensión y paciencia. Este extremo lo podéis ver plasmado en el excelente y sorprendente corto que lleva por título Capicúa dirigido por Roger Villaroya, que fue galardonado con el primer premio de la VIII Edición del Jameson Notodofilmfest (el festival del corto en internet) en 2010.

Entre Premios y nominaciones en 2011-2012, Arrugas tiene: (2011) 2 Premios Goya: Mejor película de animación y mejor guión adaptado. Premios Annie: Nominada a Mejor película. (2012): Festival de Annecy: Distinción especial (2º mejor largometraje). Premios del Cine Europeo: Nominada a Mejor película de animación. Festival de Ottawa: Gran Premio al Mejor largometraje de animación. Satellite Awards: Nominada a Mejor largometraje animación.

Yo creo que Arrugas es una película notable, acertada en todo sentido, placentera de ver y que merecería la mayor difusión como apuntaba antes, sobre todo para los profesionales que atienden a las personas mayores.

Aunque la película trata desde la animación una trama deprimente, la de un anciano con un inicio de Alzheimer, sin embargo Ferreras consigue un raro equilibrio pues consigue que su demencia no degrade la historia, habida cuenta un fondo en el que otros compañeros ennoblecen la historia. Y también ocurre, como señala Oti Rodríguez: … que el sentido del humor, la tersura del dibujo y el ritmo del movimiento y el argumento se armonicen con el drama, la rugosidad y el tedio instalado en ese lugar desagüe.

No es que la película descubra grandes cosas, pero sí ofrece a través de su realización una visión penetrante y cálida (que no evita cierto erizamiento) al “tercer acto” de nuestra vida en la tierra; idea ésta del “tercer acto” que le escuché a la querida actriz Jane Fonda en una genial y breve charla que dio ante un público femenino para hablar de la tercera edad, donde apunta asuntos muy importantes, entre otros, la conveniencia en este período de hacer “revisión de la vida” y encajar las piezas o conflictos o crisis que quedaron no integradas en nosotros, de nuestro pasado biográfico. Esta charla de Jane Fonda El tercer acto la podéis ver y escuchar aquí.

En fin, la película de Ferreras es una imagen neorrealista de la cotidianeidad en un asilo-residencia, que deja entrever la sensación de inminente clausura que tienen muchas personas que habitan la vejez.

Además está la explícita voluntad de soslayar lo trágico gracias a personajes como Emilio y su relación con el astuto Miguel, un anciano que es pura energía, el calmante ante el destierro y una especie de espejo de la utopía. Sin duda el director del film y el autor del cómic han querido moderar la amargura y la violencia de la realidad que “dibujan” (nunca mejor dicho), como queriendo evitar un final de tristeza y soledad.

La adaptación del cómic al cine no está exenta de cierta poesía implícita, una lírica nostálgica pero bonita. Como escribe Sánchez: La hoja de un árbol pegada a un cristal, la baba que cae irremisiblemente de la comisura de los labios de un enfermo de Alzhéimer, el extraño silencio que se produce después de un accidente de coche, el ruido perturbador cuando se abre la puerta de un ascensor… Son detalles que configuran una visión del mundo que se atreve a mirar a un espacio invisible, y en ese lugar, una residencia de ancianos, es capaz de invocar una belleza triste, melancólica.”

Para mí resulta ser una película imperdible en esta sociedad senescente en la que vivimos. Y creo que es imprescindible para hacer pedagogía sobre qué es la vejez. Los individuos jóvenes saben qué es ser niños, o adolescentes, o de mediana edad, pero de la vejez únicamente tenemos una visión abstracta y por lo general cargada de prejuicios y estereotipos que los gerontólogos denominan prejuicios viejistas. Ideas múltiples y negativas sobre la vejez que no son contrastadas, que las hemos “tragado” acríticamente en la infancia por medio de los comentarios y alusiones de nuestros padres y familia cuando al hablar del abuelo han dicho cosas como que el viejo está “enfermo”, o que es “agarrado”, o que es un “problema”, o que “pierde memoria”, o que siempre cuenta las mismas “batallitas”, o que es como un “niño”, etc. Los calificativos negativos y erróneos por el mero hecho de cumplir años son incontables e implican un desconocimiento cabal sobre qué es realmente la vejez. Este extremo se agudiza cuando la temática se circunscribe a las Residencias geriátricas y el equipo asistencial tiene este enfoque prejuicioso (viejista) sobre los residentes, lo cual que entorpece mucho su tarea. Y no es que una película vaya a curar a la sociedad de tantas ideas negativas o falta de comprensión hacia los mayores, pero en algo sí puede ayudar.

Ver esta película es ver a nuestros abuelos, a nuestros padres mayores, a vecinos de avanzada edad, y es también la opción para imaginarnos nosotros con esa edad y en esa situación de inquilinos en una Institución geriátrica. Para empezar hay que llegar, y esto es ya una bendición (no un problema como muchos quieren ver cuando hablan de la vejez); es una fortuna llegar a viejo porque eso querrá decir que hemos vivido, que no nos hemos quedado por el camino como tantos y tantas que lamentablemente fallecen prematuramente. Hay que llegar, y a ser posible llegar a viejos en buen estado. Curiosamente y a propósito de esto, ya dijo el gran Lope de Vega y Carpio que “Todos deseamos llegar a viejos y todos negamos haber llegado ya“. Qué razón. Pues esta película de animación nos puede ayudar a comprender mejor esta edad y a atisbar cómo seremos cuando lleguemos, nosotros, a ella. Quién sabe, a lo peor muchos de los que leen estas línea se van a ver también impelidos por las razones que fueren a abandonar su hogar e ingresar en una Residencia, y pasar por el durísimo trance de la “recolocación”, es decir, de tener que habitar un nuevo espacio, esta vez con docenas de compañeros no buscados ni deseados, en un sitio nuevo, con nuestros recuerdos que quedaron atrás y, en fin, cuantos inconvenientes tiene este tránsito que a decir verdad, la mayoría de los mayores no elige voluntariamente sino empujado por la necesidad, la familia o la indigencia incluso.

En resolución: esta película es una adaptación fiel de una obra cumbre del cómic en lengua castellana, y todo un muestrario de inolvidables personajes mayores que con todo ahínco pelean en firme contra el destino asilar, y lo hacen con sarcasmo, a veces de forma feroz y con inventiva como armas principales. Amigo, no tengas reparo porque sea una película de dibujos animados, porque esta obra es algo más que eso, es toda una enseñanza realizada con cariño y en un tono entrañable.

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