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Gran comedia de un Scorsese atrevido con múltiples lecturas

Por Enrique Fernández Lópiz

Es muy habitual oír hablar peyorativamente del trabajo y de las rutinas diarias. Se llega a pensar que fuera de la oficina hay un mundo lleno de libertad, expansión, contactos sociales y amoríos sin límite. El tedio del trabajo te lleva a imaginar que las discotecas y los bares son lugares agradables en los que se puede ligar sin coto y bailar y beber y cantar bajo la lluvia con la sonrisa perenne de la felicidad. Como sabemos, cuando tercia un tiempo festivo, son muchas las personas que emprenden viajes y aventuras para expandir sus horizontes, el encuentro con nuevas compañías; incluso pasar por trances en eso que se denomina “turismo de aventura” o “deportes de riesgo”. Digo esto porque este film se inicia con un pobre informático de nombre Paul Hackett (Griffin Dunne) que trabaja cada jornada en una oficina cetrina, individuo solitario que un buen día se tropieza por inopinadas razones con una joven que lo invita a visitarla en el Soho, un barrio de Manhattan en Nueva York, que en aquella época debía ser como ir a territorio comanche. Y así se dispone el muchacho a la cosa de “l’aventure c’est l’aventure”.

De manera que el desafortunado título en español de After hours, reinventado como Jo, qué noche, cuenta esa historia del insociable Hackett, el cual, por la invitación de la insinuante joven que de nada conocía, Marcy (Rosanna Arquette), se ve envuelto en una encadenamiento de peripecias de lo más extravagantes e inverosímiles por la ciudad, que lo van llevando a las peores zonas neoyorkinas donde vivirá, muy a su pesar, una loca, peligrosa, kafkiana, inquietante, interminable y fascinante noche en el centro del Soho. Y hablando de Kafka, en la película, la conversación entre Paul y el gorila del Club de Berlín está sacada en su mayoría de la obra de Franz KafkaAnte la ley. Ésta es una obra inquietante y famosa de Kafka, que resume la visión del escritor checo sobre las leyes, donde apunta a un derecho esencial: el acceso a la Justicia, que es el acceso a la palabra; acceder al derecho es tener identidad, “la necesidad de comprender los entresijos del poder, que nos permitiría poseer la capacidad de aceptarlo o contrarrestarlo real y eficazmente, nunca se ve colmada. La letra de lo normalizado nos esquiva, pero nos controla. Somos empujados al desasosiego y a la espera de una respuesta que, posiblemente, nunca va a llegar” (Barbero).

Quiero también aclarar, con relación a título original, que en los países anglosajones sobre todo, donde hay horarios para muchos locales que a cierta hora ya no pueden expender bebidas alcohólicas, el término “after hours” se refiere a los locales abiertos después del horario de cierre legalmente establecido, lo que viendo el film se entiende a la perfección.

La cosa es que el informático, tras estar en el Soho con experiencias singulares y querer retornar a sus dominios urbanos, pierde el último metro de la noche, pues se ha quedado sin dinero para el ticket: https://www.youtube.com/watch?v=uwPDUQixrHw. Lo del dinero es debido a una accidentada carrera en un loco taxi con música de flamenco pasada de revoluciones (luego Almodóvar inventará un taxista equivalente, El Mambo Taxi en su film de 1988, Mujeres al borde de un ataque de nervios) donde se le volaron los billetes que tenía. Por todas estas causas se ve anclado al remoto lugar al que ha ido, teniendo que pasar la noche allí sin opción de regreso. Sin saber muy bien qué hacer, el joven sufrirá angustia, terror, agobios múltiples frente a una fauna nocturna de lo más pintoresca. Y entre esos variados y oníricos personajes, una urdimbre de misterios y entresijos personales con los que se va encontrando Hackett, ante los cuales cabe todo, hasta que lo persigan para matarlo. Toda la trama está aderezada con geniales toques de comedia. Al frente un relativamente joven pero “fresco” Martin Scorsese, que logra esta proeza con unas extraordinarias maneras.

Scorsese consigue una película muy natural y con cargas de profundidad numerosas; dicen que Scorsese diseñó la película como una parodia del estilo de Hitchcock: los movimientos de cámara se hacen eco de las secuencias de Marnie, la ladrona, mientras que la banda sonora de Howard Shore emula el estilo de música de Bernard Hermann. El film es conducido por un inigualable guión de Joseph Minion, guión muy ocurrente, creativo y sin fisuras; hilarante y brillante a partes iguales, con unos diálogos que rozan el absurdo. Es una obra que yo considero antológica, y toda una metáfora de los temores que alguien puede soñar en una pesadilla e incluso como salidos del delirio y alucinación de un paranoico diagnosticado como tal en toda regla, mas siendo todo una veraz y desafortunada historia que le ocurre al desdichado empleado que “entró do no supo y quedóse no sabiendo, toda sciencia trascendiendo” (con permiso del místico San Juan de la Cruz de quien tomo estos versos). En fin, descenso a los infiernos. Inquietante y genial –como apuntaba- la música de Howard Shore y una excelente fotografía de Michael Ballhaus.

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Lo más curioso y cachondo es que tras esa diabólica noche en vela, cuando el joven regresa a su gris y aburrida oficina, lo hace como quien por fin ha avistado tierra en un naufragio, como quien encuentra un refugio, llegando a preferir la aburrida cotidianeidad laboral, a la pasión de un linchamiento popular.

El actor Griffin Dunne hace un gran trabajo, quizá el papel de su vida (Scorsese le pidió a Dunne que se abstuviese de relaciones sexuales e incluso de dormir, para tener una idea más cabal y realista de la paranoia); hace el papel de un personaje incapaz de relacionarse, que no tiene éxito con las mujeres y que es tremendamente tímido. Junto a Dunne una estupenda Rosanna Arquette que consiguió una nominación a los Premios Bafta como actriz secundaria; preciosa Linda Florentino como la escultora; y acompañando un grupo de actores de reparto como Bronson Pinchot, John Heard, Verna Bloom, el mismísimo Martin Scorsese que al modo de Hitchcock aparece en el club punk iluminando al personal con unos focos, Teri Garr, Cheech Marin y Tommy Chong: geniales todos.

Premios y nominaciones entre 1985 y 1986. 1985: Premios Independent Spirit: Mejor película y mejor director. 5 nominaciones. 1986: Festival de Cannes: Mejor director. Nominada a la Palma de Oro (mejor película). Premios César: Nominada a Mejor película extranjera. BAFTA: Nominada Mejor actriz secundaria (Rosanna Arquette).

Como digo es una gran comedia, comedia demente, comedia urbana “que reúne a una pléyade de estrafalarios caracteres poblando los ambientes más cetrinos de la ciudad neoyorquina, y enfocados desde la gris perspectiva de un ciudadano medio” (Méndez). Es una comedia “sofisticada y enloquecida, llena de fuerza” (Morales).

El personaje Hackett, cual pez fuera del agua, está desconcertado; además, su manera convencional de enfocar las cosas, contrasta poderosamente con las chiflados escenarios nocturnos que va a ir experimentando; el encuentro con un repertorio de personajes de esperpento (¡Ay Valle-Inclán!) que va desde las insatisfechas camareras sesenteras, pasando por las escultoras masoquistas o siguiendo con los bailongueros punkies. Acuerdo que técnicamente, como escribe Méndez, la cinta es “planteada como una moderna ´screwball comedy´ con trazos tragicómicos y humor negro, desplegada en una atmósfera kafkiana, pesadillesca”. Sin duda es una magnífica y atípica comedia”. Alguien dice que esta película fue un divertimento para Scorsese, como en 1955 lo fuera para Hitchcock la realización de ¿Quién mató a Harry?.

After hours es una cinta divertida, muy curiosa, imprevisible, delirante, surrealista, irónica y muchos calificativos más; y un Griffin Dunne admirable, hace el resto. Hace tiempo que no la he vuelto a ver, pero su huella sigue en mí desde su estreno, pasando por otro par de visionados de repuesto.

Recuerdo que la primera vez que la vi, salí de esta película con la impresión de haber asistido a una obra alegórica, con complejas y alocadas lecturas, pero cuya temática, exagerada eso sí, no quedaba muy lejos de lo que muchos de nosotros, seres “normales”, podemos imaginar o fantasear o soñar, e incluso cosas que son factibles de ocurrir en la realidad. ¡Ojito! … No si al final va a resultar que la rutina del trabajo nos ordena y nos colma de tranquilidad e incluso, quién sabe, de felicidad.

Gran película que no se ciñe a meros gags sino que nos brinda un conjunto de personajes variopintos y estrafalarios, junto a aventuras casi fuera de este mundo, todo lo cual hace reír y sufrir a la vez, en ese viaje al centro de una noche inimaginable, o mejor, imaginada si acaso por una mente diabólica y sádica donde el protagonista Hackett es sacudido y zarandeado al límite, casi hasta salir de la realidad.

¡Ah! Para quien no la haya visto, ¡ojo con el final! Es de esos finales que marcan época. Cíclico, como las semanas laborales en las que se huye cada fin de semana para volver al trabajo muchas veces alienante; el trabajo, una actividad que monitoriza la vida de tantos millones de seres hasta el agotamiento. Y acompañado ello de “El grito” de Edvard Munch (la asfixia, el agobio hasta el extremo).

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=mMYk34uwFro.

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