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Gold

Por Alejandro Arranz

-Un filme de planteamientos interesantes que no tiene el arresto para profundizar en ellos. Queda un correcto entretenimiento superficial.
-McConaughey, entre el chiste y el tour de force, electrifica esta historia convencional y familiar.

La primera vez que vi esas letras doradas y oí hablar de esta propuesta, me resultó muy interesante. Me refiero la propuesta tal y como está ahora, después de que Paul Haggis y Michael Mann salieran del proyecto y mucho antes de que nuestros traductores chafaran la película con ese título tan innecesario. Aún había personas que la relacionaban con una de mis películas favoritas de todos los tiempos, The Treasure of the Sierra Madre de John Huston. Escuchando eso uno podía imaginarse que Gold sería una de las grandes apuestas del 2016, pero ahora que ha llegado a cartelera veo que no ha tenido un gran recibimiento y en general ha pasado desapercibida salvo por la actuación de Matthew McConaughey. El director es Stephen Gaghan, cuyo anterior trabajo queda ya once años atrás, Syriana, un exótico thriller basado en hechos reales que recogió muchos elogios por entonces. En esta ocasión vuelve a las historias reales, aunque no desvelaré nada por si quieren disfrutar de la película y luego conocer los hechos por su propio pie. Gaghan no se encarga esta vez de escribir el guion, la tarea queda para un dúo de guionistas no especialmente talentoso, Patrick Massett y John Zinman (Knight Rider 2008, Lara Croft: Tomb Raider). Por último tenemos a Matthew McConaughey a la cabeza y un reparto de secundarios bastante jugoso, entre ellos: Edgar Ramirez, Bryce Dallas Howard, Corey Stoll, Toby Kebbell, Bruce Greenwood y Stacy Keach. Veamos si en este caso es oro lo que reluce o el título español es una prevención para que no nos saquen los cuartos.

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Gaghan y los guionistas se toman algunas libertades más allá del cambio de nombres y brindan una introducción a principios de los años 80. La cinta se plantea muy bien en tiempo y espacio, perfilando astutas referencias en torno a la administración y el gobierno federal, y su relación con las causas del desplome. Lamentablemente este rico contexto se desaprovecha inmediatamente después. Una situación que se da en casi toda la película, la cual no se atreve a entrar en terrenos atrevidos, a ensuciarse las manos, y desaprovecha ideas para conformarse con ser un entretenimiento de fórmula. Aún así el filme, de ritmo testado y curiosa mezcla de géneros, vive y respira a través de McConaughey, que ofrece una salvaje interpretación con trazos de caricatura en la barriga de ese fracasado zarrapastroso que eleva -y mucho- esta radiografía de la derrota en un capitalismo de erosionante actualidad. El personaje evita la deformación con el tema paternofilial, una subtrama romántica torpe y ciertos matices humanizadores.

La dirección de Gaghan es muy impersonal, muy de encargo. A lo largo de una narración manida nos movemos por escenas protagonizadas por tics de David O. Russell (ahora está muy de moda decirlo así), diálogos reiterativos, típicos montajes dinámicos y propensión al hit musical de cartera. La irregularidad también es un escollo. Hay escenas en las que el tempo está muy bien medido, otras acaban tarde y algunas no dan tiempo a que sus elementos lleguen a aportarle algo al conjunto. Con el tiempo, la mezcla de aventura explorativa en la jungla, drama romántico, buddy movie, comedia gamberra, thriller en Wall Street y demás; ayuda a que el filme, de narración intermitente entre triunfos y derrotas, se diluya y embarulle mucho más de lo recomendable. El guion a pesar de un admirable modo de conectar conceptos, se pierde en un mar de dudas, subrayados irritantes y agudos esbozos que no alimenta; y la dirección tampoco toma la iniciativa. Pasados los 90-100 minutos, lo que parecía una narración en tres actos, se estira por sorpresa con unos alargados 20 minutos que en la reflexión posterior me suenan más interesantes que todo lo anterior.

Tengo una frase de Tolkien que viene perfecta para la ocasión. Reza algo así como: “Cierto que casi siempre se encuentra algo, si se mira, pero no siempre es lo que uno busca”. Sin duda es algo que les pasa a muchos exploradores y geólogos desafortunados según el punto de vista. También es algo que les ocurrirá a los espectadores que vengan cegados por ese título que promete el más canalla de todos los minerales, también el más preciado según la historia. Aquí no hay oro, tampoco es que la película de Gaghan sea engañosa pirita. Es una historia convencional que resulta en todo momento entretenida, y un logro mayor, casi siempre interesante pese a su esquema y problemas. También nos ofrece un buen plantel de secundarios que enriquecen el show de Matthew McConaughey, maestro de la función. Ya saben, “Fool’s gold”.

Alejandro Arranz

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