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Ghadi

Por Alejandro Arranz

-Una sátira divertida, a veces ingeniosa y siempre encantadora que se ve placenteramente. Es quizás un poco ingenua, lo que la hace más admirable si cabe.
-El guión de Khabbaz tiene excelentes virtudes, el reparto funciona y el trabajo de Amin Dora resulta amable e inofensivo. Quizás echen en falta un poco de mala leche.

Amin Dora debuta en la dirección con esta comedia dramática que transcurre en un pequeño barrio de una ciudad costera del Líbano. Nuestro protagonista es Leba, un profesor de música casado, con dos hijas y con un hijo varón en camino. Los problemas llegan cuando el niño, nacido con necesidades especiales, no es bien recibido en el pueblo. Ya ven ustedes, una sinopsis de lo más dramática que guionista y director deciden abarcar como una especie de comedia costumbrista. Una decisión más que acertada para además de quitarle importancia y seriedad al asunto, hacer esta historia más accesible para el público. El prolífico Georges Khabbaz escribe el guión y protagoniza el filme, que llega a nuestro país con dos años de retraso.

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El primer tramo de presentación es fabuloso, Leba recuerda su infancia y posterior madurez mientras nos describe -con una delicada voz en off- su barrio y a sus habitantes de una manera que bien puede recordarnos a Amelie de Jean-Pierre Jeunet. La sociedad libanesa radiografiada en forma de arquetipo a través de ese pequeño y divertido vecindario. Claro que es muy difícil no ver a cualquier población de cualquier parte del mundo (a unos cuantos de tus vecinos) reflejada en algunos de esos personajes. Porque es la comedia uno de los géneros más universales, puede que el que más permita participar al espectador independientemente de nacionalidades y en especial retratar a una pequeña y heterogenea sociedad a través de sus anhelos, prejuicios, apariencias, alegrías, penas, etc. Este es el primer acierto de “Ghadi”, hacer una presentación de lugar y personajes tan perspicaz y jocosa, como acertada. El primer problema llega cuando los vecinos deciden echar a Ghadi del pueblo debido a los ruidos que éste hace desde la ventana. Esta acción colectiva desencadena un giro de guión completamente absurdo, que a su vez desemboca en una trama principal basada en una disparatada mentira. Puede verse como un problema, y no resultaría verosimil ni en el pueblo más credulo (no hagan chistes de Lepe, por favor) pero habría que darle más importancia al devenir de los acontecimientos y su significado. Khabbaz decide tomar un camino quizás demasiado apacible, que finalmente funciona muy bien en sus propios términos. La moralina se disimula con humor y lo mejor de todo es que sin grandes gestos el filme te conmueve, les coges cariño a esos horribles vecinos, te haces partícipe de su historia y al final, acabas contento de haber visionado un filme pequeño pero de gran corazón.

Amin Dora debuta con una agradable comedia dramática. Ghadi es al mismo tiempo una sátira social y una fábula moral a favor de la tolerancia, que resulta tan divertida y tierna como fantasiosa. A pesar de algunos puntos flacos y de unos cuantos agujeros de guión, Dora y Khabbaz nos traen una de esas películas que si bien no destacan en la cartelera, merecen el precio de una entrada. No es la película más grande y ambiciosa que os vayáis a encontrar, puede que precisamente ese sea su acierto. Dentro de su pequeño mundo y con sus limitadas pero admirables ambiciones, se hace grande. Aunque no le hubiera venido mal algo de la mordacidad de Berlanga.

Alejandro Arranz

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