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Fue la belleza lo que mató a la bestia

Por Javier Fernández López

Quizá no sea el Rey de los monstruos, quizá no sea la mayor historia de aventuras y quizá no sea la mayor historia de amor. Pero sí es uno de los mayores monstruos de la historia del cine, sí es una magnífica película de aventuras y, por supuesto, que es una de las mejores historias de amor que jamás se hayan hecho. Peter Jackon tiene el privilegio de tener bajo el brazo la mejor versión del mito. Claramente, estoy hablando de King Kong, el remake de 2005 dirigido por el hombre que llevó al cine la trilogía de El señor de los anillos.

Andy Serkis (El truco final) vuelve a ponerse el traje de captura de movimiento para hacer el rol del monstruo más conocido del cine occidental. Naomi Watts (Lo imposible) es la chica guapa que acabará creando un vínculo con la criatura y Adrien Brody (El pianista) es el hombre enamorado de la chica guapa. Jack Black (Escuela de rock) es la nota cómica en este cuento que acabará regalándonos una magnífica reflexión final. Un reparto de lujo para una cinta de aventuras de tres horas de duración, todo un lujo para los que adoramos que un producto sea largo cuando la calidad rebosa. James Newton Howard, por su parte, compone uno de sus trabajos más sólidos y completos con una banda sonora, a todos los niveles, impresionante y cautivadora.

El presupuesto está sobre la mesa, cuentan con el mejor equipo de efectos especiales del momento, el guión ha sido elaborado minuciosamente para ofrecer un producto renovado. ¿Qué puede salir mal? En pocas palabras: nada. King Kong es un producto sólido y redondo.

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Escucho mucha crítica negativa a esta película. Bien, por partes, la cinta ambiciona ser un referente del género de aventuras. ¿Lo logra? Sí, de sobra. Porque Jackson es inteligente y ofrece un cuento con un tono más oscuro y tenebroso, una historia que une lo romántico con lo aterrador. El metraje está tan bien construido que resultan trepidantes las escenas de acción, mientras que las escenas más lentas resultan emotivas. Esas miradas entre Brody y Watts merecen más reconocimiento. Fíjense en que no veremos a la imponente criatura hasta que pase más de una hora de metraje. Jackson cuida sus trabajos aportando contexto, motivaciones, presenta los personajes de una forma excelente. La ambientación, por supuesto, es digna de elogio.

Jackson desafía al Rey Midas del cine, Steven Spielberg, destrozando a base de llaves y puñetazos a los grandiosos tiranosaurios con los que maravilló al mundo hace años. Y ahí está King Kong para ponerse encima de uno y golpear su pecho. También quiere ofrecernos un producto que nos haga olvidar aquel desastre en el que salía Jeff Bridges (Tron), y lo consigue. Nos muestra un lugar fantástico, una isla alejada del mundo civilizado donde sus habitantes viven tras un gran muro de piedra. No pasan muchos minutos hasta que comienza una masacre con la que Jackson avisa: esta película no es apta para el público más pequeño. Por esto mismo, la película es una de las mayores cintas de aventuras de todos los tiempos, pues un tópico del género es que suelen ser infantiles en cuanto a contenido, o mejor dicho, blandas. Jackson sigue la premisa de que al final de cada escena los protagonistas se salvarán, pero antes quiere ponerlos ante situaciones límite, momentos difíciles y cruentos. Todo unido, además, a varios homenajes que realiza el director durante la película, notándose que es un grandísimo admirador del monstruo King Kong.

La obra está dividida de forma acertada en tres partes o actos: la primera toma lugar durante la Gran Depresión, en Nueva York. Ann Darrow es una joven cómica que pasa por momentos difíciles y se encuentra con el señor Denham, un director de cine fracasado que la convence para actuar en su próxima película. Zarpan en un barco junto a la tripulación, el resto del equipo de rodaje y el guionista Jack Driscoll. Durante el viaje a tierras extrañas comienza a crearse un vínculo amoroso y especial entre Darrow y Driscoll (hermosa escena la de la puesta de sol). La segunda parte toma lugar en la isla. Jackson sorprende durante los primeros minutos de este acto aportando un filtro de imagen distinto, más colorido y a la vez más crudo. Se da una situación sangrienta para los personajes, una escena frenética y agobiante, para luego seguir con la fauna y flora de una isla llena de sorpresas enormes. King Kong es sólo uno de los fabulosos elementos que componen un hábitat virgen a los ojos del mundo. Finalmente, llegamos al final que todos conocemos, ambientado en Nueva York y donde el imponente y gigante King Kong cae a manos de la frivolidad y crueldad de los hombres que disparan a la bestia que protege a su amor.

Como conclusión, sí, me creo la relación que se da entre la bestia y la bella en esta historia. La única diferencia con el cuento tradicional europeo es que la bestia pesa más de una tonelada, pero ello no impide transmitir una relación fantástica y hermosa que choca contra las leyes impuestas de la humanidad, que atenta contra lo que es aterrador y libre. Enhorabuena, Peter Jackson, por darnos otra joya que poder disfrutar.

Comentarios

  1. Jorge Valle

    Una de las mejores películas de aventuras de los últimos años. Impecable factura.

  2. Miguel Ávalos

    ¡Buen artículo Javier! y es que King Kong de Peter Jackson es una sobresaliente película de aventuras y entretenimiento. Se nota la dedicación que este gran director le puso y las químicas entre los personajes, incluido por supuesto el propio King Kong, están ahí.
    En cuanto a las críticas negativas que comentas, creo que 7 u 8 de cada 10 vienen debido a la duración del film, la cual para mucha gente es excesiva. A mi en particular no solo no me molesta, sino que creo que dicha duración era necesaria para llegar a plasmar tan bien la historia del gran King Kong.

    ¡Enhorabuena de nuevo por tu gran artículo y un cordial saludo!

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