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Thanks to the human heart by which we live

Por Anna Montes Espejo

“Thanks to the human heart by which we live”

¡Qué maraña tan intrincada y desagradable envuelve Fresas salvajes (Ingmar Bergman, 1957)¡

La realidad es lo que menos cuenta en este film… un argumento simple, un anciano médico, Isak Borg (Victor Sjöström) y su nuera (Ingrid Thulin) viajan juntos a Lund (Suecia), para celebrar un homenaje que le rinde la comunidad científica por sus 50 años en el ejercicio de la Medicina. A priori, es tremendo el aburrimiento que le espera al espectador… y más después del primer fotograma, un abuelo maniático y de difícil trato, en su esplendorosa mansión y con su aristocrático perro, escribiendo sus tediosas memorias.

Pero toda seguridad y estabilidad siempre tiene su fisura, y en este caso, afluye el tremebundo inconsciente en los sueños del médico, como una risa malévola, se divierte en torturarlo, en malearlo, y en desasosegarlo durante el día… La relación de causa y efecto es clara.

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Los relojes cortazarianos atestan el primer sueño, puede que el de estética más expresionista, cercano en estilo al corto Film (S) (Alan Schneider, 1965). Sí, la muerte. Tan esperpéntica, como ridícula y repugnante.

El ama de llaves (Jullan Kindahl), ¡cómo se enfada! Personaje tópico en todos los sentidos, la criada fiel, servidora, utilísima, pero susceptible y plana, tan sólo presenta inteligencia en las picardías más burdas y mundanas.

El berrinche de la criada está provocado por un cambio de última hora en la rutina del señor Isak, circunstancia inconcebible en tan estrictamente ordenado ambiente. Isak Borg no viajará a Lund en avión junto Agda, su ama de llaves, sino que irá en coche, medio al que también se subirá su nuera, Marianne.

Y así se inicia una road movie atípica, por falta de los típicos recursos casi más propios de videoclips musicales y personajes estrepitosos. Marianne, resentida con toda la familia Borg, no titubea en decirle al anciano todo lo que piensa sobre él, en mostrarle su horrendo ser. El médico se sorprende, ¿cómo puede ser una persona tan desagradable? ¿Tan frío? Ni siquiera recuerda sus propias sentencias.

El viaje avanza o puede que nunca hubiera comenzado. La casa de los veranos de juventud, la empingorotada familia, los odiosos hermanos, y… ¡ay! Su prima (Bibi Andersson) en el escandinavo vergel de las fresas. Cuán doloroso es que el primer amor se te escape, rehúya tu candor para arrojarse en los brazos y la simpleza de otro. Cruel debacle entre la razón y el corazón, entre la intelectualidad y el puro instinto, entre el cariño y la pasión. Pero así fue, la adolescente no supo comprender al místico Isak, que embebido en sus entelequias, no osaba descender al mundo de los mortales, al simple y corriente amor de las gentes terrenales.

El médico se convierte en espía de escenas que posiblemente nunca había presenciado, pero que suponía en lo más íntimo de su ser, qué doloroso viaje le proporciona la vejez… Pero, súbitamente, aparece una joven risueña, alegre, también interpretada por Bibi Andersson y que, casualmente, viene acompañada por dos chicos, con los que vive una situación amorosa paralela a la de la prima de Isak.

De este modo, el joven trío se embarca con el médico y su nuera, ellos van a Italia, así que les espera un largo recorrido, en el que se encuentran con unos acompañantes no demasiado agradables, un matrimonio hastiado por el tiempo, que se desprecia y discute, que se falta el respeto, y mantiene una tensión insostenible. Si los jóvenes están relacionados con el anciano médico; sin duda, esta pareja se vincula claramente con la nuera.

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Pero no nos olvidemos tan pronto de Isak Borg, su matrimonio con su esposa Karin (Gertrud Fridh) fue desastroso, desde luego, el sueño expresionista en el que se le descubre la verdad de su desgracia es horrendo. Se explicita su incapacidad para comprender a los demás, su eterna ignorancia, y su profunda inocencia, que se trunca al descubrir la opinión de su esposa sobre él.

Un ser, que por mucho que se contemple, no se adivina, se refleja en el espejo que le ofrece su prima, pero no atina a acertar quién es… ¿Es quién cree ser? ¿Es lo que los demás opinan sobre él? ¿Es quién cree ser para los demás? El encontronazo con su abrupta madre (Naim Wifstrand) también es definitorio, Marianne comienza a comprender muchos aspectos de los Borg.

Fresas salvajes presenta un viaje interior, como todo verdadero viaje. Por una parte, Isak Borg vuelve a su origen, dónde comenzó la forja de su ser, su engreída familia, el abandono de la primera ilusión, su desgraciado matrimonio… Y todo, contemplado a través de los sueños, que ante la certera y próxima muerte, parece que actúen de consejeros, que lo atemorizan, pero le empujan a cambiar, aunque sólo sirva para dejar un buen sabor de boca final a sus congéneres, que puede que nunca crean en la reconciliación del absorto médico con su tiempo recobrado.

El encuentro con todas esas personas en el viaje también es significativo, participan de su realidad e intervienen en sus sueños, es un film profundamente simbólico, que titila entre la vida y la muerte, la realidad y el sueño, la verdad y la ficción, el amor y el odio, la pasión y el intelecto, la identidad y las apariencias… Una sola interpretación no puede bastar, ni abarcar tal magnitud cinematográfica, con el inconfundible sello de Ingmar Bergman, excelente fotografía, perturbadores primeros planos, el dominio del blanco y negro, que no echa de menos el color, sino que corresponde perfectamente a todas las sugerencias que evoca el film.

La sumamente elegante Marianne Borg tampoco es una mujer feliz, pero al menos sabe qué no quiere, ni puede aceptar, los avatares del viaje la confrontan abiertamente contra su realidad. Además, ¡resulta una tarea monumental enfrentarse ante tal familia! Si el padre es un hombre frío y distante, el hijo, Evald (Gunnald Björnstrand) es un ser cáusticamente existencialista, consciente hasta la médula de los segundos que le regala la muerte. Sin embargo, aquello que pone a prueba su pareja consigue, paradójicamente, unirlos. Él también médico como su padre, no puede vivir sin Marianne, aunque sus cuadrados parámetros tengan que curvarse para dejar espacio a todo el universo vitalista de su esposa, que pueda que consiga caldear al gélido sucesor de Isak Borg.

Atentos a la ventana que abre el título.

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Comentarios

  1. Íñigo

    Bueno Anna, pues me has animado a volverla a ver. A ver si la encuentro y me gusta más.

  2. Anna Montes Espejo

    ¡Me alegro, Íñigo! Espero tus comentarios, saludos.

  3. Ana Espejo

    Me ha gustado leer esta crítica, la película, a mí parecer, tiene un ritmo lento, pero reconozco que se adecua al personaje principal y a su situación.

  4. Enrique Fdez. Lópiz

    Estimada Anna: ¡cuánto me ha gustado leer tu crítica sobre “Fresas salvajes”!; es una de mis favoritas pelis de siempre jamás, y la considero, como también tú dices, el paradigma del viaje interior (paralelo al viaje real) de un anciano que al final de su trayecto y del film, puede quedar más conforme consigo mismo. Por si te interesa, y en otra página, yo tengo mi breve opinión de este film bajo el pseudónimo Kikivall, está en: http://www.filmaffinity.com/es/user/rating/559502/924464.html
    Felicitaciones, pues, y saludos cordiales. Enrique Fdez. Lópiz

  5. Anna Montes Espejo

    Acabo de leer tu crítica, Enrique, y coincidimos! Como tu dices, es una magnífica película.

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