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Frenesí

Por Enrique Fernández Lópiz

Frenesí fue la penúltima película rodada por Hitchcock (la última fue La trama en 1976) quien como es sabido falleció en 1980 a los 81 años de edad. Para rodarla volvió desde EE.UU. a su tierra de origen, Inglaterra, y más concretamente a su ciudad natal, Londres. No voy a descubrir nada de este enorme director considerado de los más influyentes de todos los tiempos, pero quiero citar aquí lo que de él dijo el periódico The Daily Telegraph: «Indudablemente el más grande cineasta nacido en estas islas, Hitchcock hizo más que cualquier otro director para dar forma al cine moderno, que habría sido completamente diferente sin él».

Sucintamente, y ahora entraré en detalles, la película Frenesí se inicia cuando en las aguas del río Támesis, durante la cómica comparecencia de un político cargado de promesas de aguas limpias en el río, emerge el cadáver de una mujer desnuda y estrangulada con una corbata, concretamente una corbata a rayas. Además, la mujer ha sido violada y las señales que presenta hacen pensar en un asesino maníaco sexual.

A partir de la escena inicial, el film se centra en un Londres, década de los setenta, cuya población y policía están en jaque con el criminal sexual al que se conoce como el “Asesino de la corbata”.

Richard Blaney (Jon Finch) es despedido del bar en el que trabaja, por bebedor, por el dueño Felix Forsythe (Bernard Cribbins), quien lo acusa robar licores. Tras este episodio, Richard va a ver a su amigo Robert Rusk (Barry Foster), dueño de un negocio de frutas y verduras. Más tarde visitará a su ex mujer, Brenda Blaney (Barbara Leigh-Hunt), con la que esa noche sale a cenar. Y a partir de aquí se precipita la historia, donde Richard Blaney será detenido y acusado de homicidio, asunto éste que será corregido hacia el final del film en un previsto desenlace pues, quien la vea o la haya visto, sabe que la identidad del asesino es conocida desde prácticamente el principio de la cinta. Participa como personaje también el Inspector Oxford (Alec McCowen), el auténtico héroe que desconfiaba de la culpabilidad del detenido y que mantiene una postura ética a lo largo de toda la historia. Una historia de personajes crueles con fórmulas de relación egoístas.

La película es una adaptación de la interesante novela de Arthur La Bern, con todos los principales elementos del cine de Hitchcock: humor negro, sexualidad un tanto perversa, planos cortos y por supuesto suspense y tensión. Su guionista fue Anthony Schaffer, quien hace un excelente trabajo, junto a una muy buena fotografía de Gilbert Taylor y una más que aceptable música de Ron Goodwin que cumple funciones de acompañamiento y creación de ambientes.

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Como hemos dicho, se trata de una película postrera en la vida del excelso director Hitchcock, a quien en Hollywood no le habían ido bien las cosas en los últimos tiempos. Tal vez por eso, y al modo en que los toros buscan las tablas en su momento final, Hitchcock vuelve a su país, a su ciudad, e incluso rueda en el famoso mercado del Coven Garden, donde curiosamente trabajó su padre. Parece, según cuentan y es fácil imaginar, que Hitchcock venía de vuelta, e incluso que esta película no le importaba demasiado, y de hecho delegó en el operador de cámara para rodar muchas escenas y admitía consejos de los adlátere sobre ciertas cuestiones técnicas y del propio rodaje, por ejemplo, que no abusara de las escenas truculentas (como estrangulamientos o desnudos fuera de lugar que incluso aparecen un tanto grotescos). Realmente hay escenas que los propios actores reconocen como desagradables, pero Hitchcock se comportó muchas veces como una especie de “maniático sexual” (sabidos son sus romances o intentos de seducción a veces frustrados con insignes actrices a lo largo de su carrera). La película fue además de bajo presupuesto, donde trabajaron actores del teatro londinense y no actores de relumbrón como fue costumbre de Hitchcock a lo largo de su carrera. Y además, parece que de paso se atiborraba de grasientos platos de la pésima cocina británica y departía con antiguos conocidos y paisanos. Lo dicho, que ya de vuelta, volvió a su Londres querido y de paso rodó otra película. Por supuesto que esto no resta mérito a la obra.

Sin embargo, a mí no me parece con mucho entre los principales filmes de Hitchcock, pero sí una especie de compendio de su saber hacer y de su excepcional conocimiento del cine y de la puesta en escena; y dado su escaso presupuesto, sus limitados recursos y su cierta desgana, luce empero una obra poco común en su filmografía y a la vez osada y agresiva, lo cual que la hace muy recomendable.

En esta cinta se aborda la temática del criminal en serie, del psicópata frustrado, maníaco sexual y sádico que viola a sus víctimas para acabar asesinándolas por el método de la estrangulación. Esta temática se repetiría hasta el cansancio en décadas posteriores. El asesino es un psicópata de vida aparentemente común, con una madre –esto es típico- amante de su hijo y absorbente con él (aunque sólo se vean escasas escenas de la señora, la retrata bien). De ahí deriva el entramado de asesinatos siniestros unos tras otros.

En resolución, buena película, sin ser de las mejores de Hitchcock, cumplida dirección, excelente puesta en escena, interpretaciones muy profesionales y ajustadas a sus papeles dentro de la historia, un reparto, pues, que cumple a la perfección. En fin, un thriller que entrelaza elementos de crimen, tragedia, espanto, amor y un sentido socarrón del humor. La historia se despliega a un ritmo casi vertiginoso y sostenido, a la par que las escenas de violencia explícita se combinan con notables elipsis. En resumen, un film de suspense inteligente e ingenioso tanto en su argumento como en el guión por sí mismo. Un nada desdeñable obra de intriga en la línea tan peculiar del maestro del suspense.

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