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Frantz

Por Alejandro Arranz

Sutil melodrama clásico y hermoso retrato antibelicista. Ozon hace fácil lo difícil, su película es elegante y bella, también dolorosa y ambigua.
-Los dos intérpretes están maravillosos y el filme posee una admirable sensibilidad.

François Ozon regresa para añadir a su filmografía una pieza tan diferente a lo anterior, como irremediablemente reconocible. Frantz es más o menos una adaptación libre de Remordimiento de Ernst Lubitsch. Sin embargo, aunque respeta diálogos y escenas, Ozon se sale del esquema, estando más interesado en otros temas y puntos de vista de la historia de ese soldado francés. No quiero que la verborrea protagonice mi última crítica del año, así que entro directamente a expresar mis impresiones de la nueva obra del cineasta parisino.

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Me arrepiento de no haberme encontrado en el mejor de mis estados anímicos para disfrutar del inicio de la película. A todos nos pasa eso alguna vez, aunque en este caso agradezco que Frantz me haya ido cautivando más y más con cada nueva escena. El blanco y negro es una decisión muy correcta, es hermoso y al igual que el trabajo musical de Philippe Rombi (Un moment d’égarement), hace un gran aporte a la transmisión emocional, en especial en contraste con esos breves instantes de color en los que el dolor de un pasado siempre presente, deja paso a un ahora de pasajera felicidad y frugal olvido. El clasicismo de su lenguaje visual es fabuloso, y Ozon logra que los detalles cobren una significación notable. Pero no es el preciosismo exterior lo que me hechiza. Es el hecho de estar ante una historia de amor (o más bien dos), bastante insólita. El romanticismo, la melancolía, su ritmo calmado y sus imágenes delicadas que esconden una conmovedora y punzante aflicción. Es una historia sobre la culpa y el perdón, sobre los pliegues y las equivalencias, sobre la mentira como opción preferente -y benevolente- frente a una verdad únicamente dolorosa. Dos personas rodeadas del resentimiento entre dos países aún enfrentados por las heridas abiertas tras el fin de una guerra difícil de olvidar y aún más difícil de perdonar. Dos actores soberbios, dos incalculables sorpresas que construyen a sus respectivos personajes con impagables matices introspectivos y genuina fragilidad.

Ozon no solo se ha atrevido a hacer un remake de Lubitsch, lo ha modificado y hecho suyo. Frantz es un drama íntimo, desgarrador, con múltiples capas y bastante más arriesgado de lo que puede parecer a primera vista. Es una película rica y fascinante, también imperfecta, y en la que algunas resoluciones no apuntan del todo hacia donde claramente amagan. Lo más interesante es que posee una complejidad emocional que no se ve actualmente en el cine, y no tiene miedo al qué dirán.

Alejandro Arranz

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