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Film rayano en lo arrebatador

Por Enrique Fernández Lópiz

En Aguirre, la cólera de Dios, Herzog hace una versión libre, no histórica, del viaje que realizó el explorador español Lope de Aguirre, tras haberse rebelado contra sus superiores, junto a un grupo de soldados afines. Es un film de una belleza inaudita en un entorno salvaje y angustioso, en plena selva amazónica, que muestra la locura de Aguirre, tal vez la misma que habitó la mente de algunos de aquellos conquistadores españoles que incursionaban en el Nuevo Mundo llenos de ambición y mesianismo.

La historia más concretamente es así. Corría el año 1560, tras el hundimiento del imperio Inca. Había en marcha una expedición comandada por Gonzalo Pizarro (Alejandro Repullés), que quedó sin recursos en los Andes en la Navidad de aquel año. Pizarro entonces, ante los problemas en la travesía, decide enviar a un grupo de cuarenta hombres desde Perú, para que encuentren alimentos, descubran El Dorado (que según las leyendas era abundante en reservas de oro) y detecten a los indios hostiles, y que vuelvan en una semana. Si así no fuera los darían por perdidos y Pizarro y los suyos regresarían. Al mando de la avanzadilla Pizarro nombra a Pedro de Ursúa (Ruy Guerra), como comandante en jefe; su segundo es el vasco Lope de Aguirre (Klaus Kinski); los acompañan Fernando de Guzman (Peter Berling) como representante de la familia Real española y el fraile Gaspar de Carvajal (Del Negro) con fines evangelizadores; también se unen a la expedición la prometida de Urzúa, Inés de Atienza (Helena Rojo) y la hija adolescente de Aguirre, Flores (Cecilia Rivera). Van en balsas por el río y tras sufrir un percance una de ellas y diferentes y severas contrariedades, Aguirre se amotina y convence a los soldados que quedan para que se pongan de su lado y contra Urzúa. De esta manera consigue que el mando quede a cargo del títere Guzman, siendo él, Aguirre, el comandante. Y aún más, en un arranque megalomaníaco rompe por escrito con la Corona de España, erigiéndose él en sumo hacedor, sentando en un destartalado trono al pobre Fernando Guzmán al que nombra emperador. Guzmán no cree lo que está ocurriendo. Interesante, recuerda mucho a nuestra pasada y presente trayectoria hispana.

El film parte de una historia minimalista con diálogos muy elementales y recrea la irracionalidad humana, encarnada en el loco Lope de Aguirre que lanza a la comitiva a una aventura épica y demencial, por la exuberancia selvática, abundante en peligros de todo tipo, incluidos los indígenas y sus envenenadas flechas.

La base de esta historia es supuestamente el diario donde el fraile Diego Gaspar de Carvajal relató el enloquecido descenso por el Amazonas. En ese diario anotaba los detalles y circunstancias de la aventura. Pero la realidad es que el sacerdote no participó en el viaje a ninguna parte que narra el film, aunque sí fue cronista de sucesos equivalentes pero en otras empresas de la época. Ahora bien, este este dato puede resultar anecdótico, pues nadie dijo que la cinta de Herzog fuera una obra histórica. Lo que sí refleja es cómo fueron esas expediciones. Para lo que es Historia stricto sensu, existe sobrante documentación, como las mismas cartas del mencionado Fray Jacinto de Carvajal (1528-1548), capellán que fue de la expedición de G. Pizarro, gobernador de Quito; los escritos del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), otro de los grandes narradores del virreinato del Perú; Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), intelectual que escribió de primera mano sobre aquel tiempo en su defensa de los indígenas; las crónicas de Felipe Guamán Poma de Ayala (1550-1616); el conquistador Álvar Núñez Cabeza de Vaca (140-1559). En fin, y tantos otros ejemplos que nutren sobradamente con textos fidedignos la realidad de aquellas incursiones de los conquistadores españoles en las denominadas entonces Indias. Luego esta película se puede calificar de documental histórico de ficción. Y bien está.

Fue esta la primera vez que Herzog y Kinski colaboraron. Es sabida la discrepancia de pareceres entre ambos artistas, actor y director, y el duro carácter de Kinski y sus ataques de furia contra Herzog y otros componentes del equipo, de lo cual no se libró esta película. El rodaje se llevó a cabo durante cinco semanas en la selva amazónica peruana (luego Herzog dirigió en estos mismos parajes, en 1982, su obra cumbre, también con Kinski como protagonista, Fitzcarraldo. Las condiciones fueron duras teniendo, tanto el equipo de rodaje como el reparto, que escalar montañas y talar árboles para abrir nuevos senderos en la selva y hacer uso de las balsas construidas por los indígenas para sortear los rápidos del río. La película tenía un escaso presupuesto, por eso no hubo dobles ni efectos especiales. Además, es notorio que la mitad del presupuesto fuera a parar a las manos de Kinski (unos 180.000 dólares de la época).

La conclusión fue que Werner Herzog, con guión de su autoría (escrito en dos días y medio), pudo construir una película de altura, un film naturalista y bellísimo, con la ambición, el desvarío y la ambición humana como protagonistas principales.

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Preciosa la hipnótica música del grupo de “rock progresivo” y krautrock Popol Vuh, cuyo teclista Florian Fricke era amigo de Herzog de años. El crítico musical Nick Neyland declaró: “La sinergia entre Herzog y Fricke viene de un lugar donde la maldad, la belleza y la excelencia están compitiendo por el mismo espacio”. Y otro crítico, Wilson Neate, afirmó: “El motivo central de la película mezcla el sonido de un sintetizador Moog y las espectrales voces conjuradas por el melotrón de Florian Fricke, que logran algo sublime en el verdadero sentido de la palabra. El poder de la secuencia de apertura debe tanto a la música de Popol Vuh como a la puesta en escena del director”. Y el mismo Herzog, al explicar cómo se creó el sonido coral dijo: “Utilizamos un extraño instrumento al que denominamos ‘coro-órgano’. Tenía en su interior tres docenas de cintas diferentes que corrían paralelas entre sí en bucles. Todas esas cintas sonaban al mismo tiempo y había un teclado que podías tocar y que generaba un sonido similar a la voz humana, pero al mismo tiempo muy artificial e inquietante”. De aquí la importancia de la música de Popol Vuh en esta obra. Música que quien lo desee la puede escuchar aquí.

Es enorme también la fotografía, luminosa y brillante, de Thomas Mauch. La filmación se llevó a cabo con una cámara de 35 mm., que por cierto Herzog había hurtado de la Escuela de Cine de Munich, lo cual él justificó pues era una necesidad. Decía al respecto Herzog: “Si necesitas aire para respirar y estás encerrado en una habitación, tienes que coger un martillo y un cincel y romper la pared. Es tu derecho”. Curioso argumento. Pues bien, esa cámara Herzog la blande como un arma más, cámara ubicua que se moja, se cimbrea, capta el más leve movimiento de las embarcaciones y lo traslada a la retina del espectador con la inseguridad de una aventura que nadie sabe cómo va a acabar. Inseguridad en su pulso y en su manejo, pero temple también, lo cual dispensa una energía y a la vez una mesura tremendas. Vivacidad que sacude al espectador, aplomo que transporta a la mente de un Aguirre intrincado, furibundo, provocador, que en el éxtasis de su perturbación llega a decir: “Si quiero que caigan muertos los pájaros de los árboles, los pájaros caen muertos de los árboles. ‘Yo soy la cólera de Dios’”.

Klaus Kinski es la figura principal de esta película, elegido con todo acierto por Herzog, pues más locura y desquiciamiento no cabe, salvo en un individuo como Kinski, que era realmente bastante loco y “diabólico” como lo calificó algún compañero de rodaje; y era verdad que agredía a los indígenas y a otros secundarios de una manera real en el rodaje. Cuenta Herzog que cuando le envío el guión recibió una llamada telefónica a altas horas de la madrugada en la que según nuestro director manifestó: “Me tomó por lo menos un par de minutos para darme cuenta que era Kinski el origen de aquellos inarticulados gritos. Después de una hora, me di cuenta de que le resultaba fascinante el guion y quería ser Aguirre”. Y así fue como un individuo inestable llevó a cabo una memorable interpretación de Aguirre como hombre enajenado, aterrador, lunático, visionario, enfermizo, empecinado, endiosado y que se propuso seguir la senda del mítico Hernán Cortés. Cuentan que antes de rodar, Herzog enfurecía a Kinski de manera deliberada para darle más pulso e iracundia aún, a sus rabiosas apariciones. Herzog quería un personaje salvaje y trastornado; y a fe que lo consiguió. Pero siguiendo con el reparto, la bella Helena Rojo está muy bien como valiente prometida de Ursúa y defensora de los indios. Del Negro memorable como el integrista, cínico y criminal fraile Gaspar de Carvajal. Ruy Guerra estupendo como el defenestrado Ursúa, que le mantiene el pulso a Aguirre hasta el final. Bien Peter Berling en el rol del pobre y taimado Fernando de Guzmán. Y acompañando con gran nivel Cecilia Rivera (la hija de Aguirre), Daniel Ades (como el sinvergüenza soldado Perucho), Armando Polanah (soldado esquivo), Edward Roland (como el esclavo negro que por su color utilizaban para espantar a los nativos) o Alejandro Repullés como Pizarro.

Premios y nominaciones. 1972: Premios del Cine Alemán: Mejor fotografía. Nominada a mejor película y actor. 1973: obtuvo un Deutscher Filmpreis en la categoría de mejor cinematografía; además logró una nominación a la mejor película y Kinski otra al mejor actor. 1976: Premios César: Nominada a la Mejor película extranjera. Sindicato francés de críticos de cine la eligió como la mejor película extranjera. 1977: National Society of Film Critics Awards (NSFC): Mejor fotografía.

Estamos ante un “Bello poema en imágenes” (Torres) que nos impregna torrencialmente de lirismo, visualidad, rabia, supervivencia y personajes agónicos y perdidos por su enorme codicia. “Pintura de color bañada con violencia física en movimiento”, como se dijo en el diario “Süddeutsche Zeitung”.

Con el transcurrir del tiempo la fama y la notoriedad de la película han ido en aumento. J. Hoberman escribió que “no es sólo una gran película, sino una esencial. El tercer largometraje de Herzog es una cinta histórica a la vez que una magnífica metáfora social”. Y el gran crítico Ebert apunta que: “Werner Herzog es el más visionario y el más obsesionado con los grandes temas. No quiere contar una historia trazada o grabar diálogos divertidos; él quiere alzarnos a sus reinos de maravilla”. Una obra que transmite de lo sombrío a la luz, y el misterio de la densa, frondosa e infinita Amazonía. Un film rayano en lo arrebatador.

Nunca podré olvidar el notable impacto que me produjo esta película en su estreno en los primeros años setenta, cuando alternaba mis estudios universitarios con el visionado de grandes películas como esta que aparecían de vez en cuando. Creo que fue la primera película que disfruté de Herzog y también la primera vez que vi al furioso Kinski, un actor estrafalario y rabioso al que le iban como anillo al dedo papeles con estas características. Es una película que atesoro en mi corazón de aficionado al cine y que luego he podido ver en varias ocasiones más, provocándome siempre un sentimiento difícil de expresar. Si alguno de vosotros la veis y me queréis contar que os ha parecido, me lo decís. A Boyero no le pregunto, él dice le pareció un coñazo y que “Klaus Kinski siempre me ha puesto de los nervios”. Pues claro. Que se lo pregunten a Herzog.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=4nW5dlAMDMs.

Película entera: https://www.youtube.com/watch?v=y2iXtLQHjFU.

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