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Film poético de Resnais-Duras

Por Enrique Fernández Lópiz

Se desarrolla la historia en Hiroshima. Una bella actriz que acaba de rodar una película sobre la paz en esa torturada ciudad, pasa su última noche en un Hotel en compañía a modo de amante de un desconocido japonés. Aunque ambos son desconocidos el uno para el otro, lo que habría de ser una efímera aventura pasajera, resulta que se convierte en un intenso idilio. La protagonista había vivido un amor que la dejó definitivamente marcada, con un soldado alemán durante la ocupación germana en Nevers (Francia), cuando ella contaba con tan solo 18 años, unos años antes. Fue tan doloroso que aunque transcurridos catorce años, ella siente que sigue amando al soldado alemán y que incluso le está siendo infiel con su amante pasajero nipón. Pero el encuentro con el japonés hace que ella recuerde y le cuente aquel romance que concluyó de forma muy trágica. De este modo, el encuentro amoroso deriva en un ejercicio de introspección y todo un proceso interno por el cual la mujer revisa y reconstruye su pasado, revelando sus más íntimos sentimientos a su compañero.

El director Alain Resnais, tras Noche y Niebla (1955), sobre la tragedia de los campos de exterminio nazis, quiso abordar el horror de Hiroshima. Pero su aguda mente de gran cineasta previó que el emprendimiento requería un formato más amplio, que fuera más allá del corto documental. De esta guisa pidió a Marguerite Duras un texto libre como guión del film. Duras preparó ese texto en nueve semanas. En él sugiere también gestos, miradas, acciones; y ya ella dijo, dado que está el drama de Hiroshima y el de los personajes, que: La historia personal de ambos se impondrá siempre a la historia forzosamente demostrativa de Hiroshima. Y en realidad, eso viene a ocurrir en la conclusión del film, que la historia amorosa sobresale sobre el horror de Hiroshima. Duras añade que es: “Imposible hablar de Hiroshima. Lo único que se puede hacer es hablar de la imposibilidad de hablar de Hiroshima”. Y Maggiore escribe al respecto que: Resnais muestra poco, sugiere, ordena lo planteado (de apariencia caótica), en el texto. Porque el montaje engorda el relato, pero no la historia; la demora, pero no la crece. Alain Resnais sabía esto, aun así, combina los principales elementos que componen el cuadro cinematográfico: la proximidad de la lente con la acción visceral de los personajes, pero también la distancia frente a la aceptación de esa imposibilidad del arte (convertida en necesidad), de hablar (retratar), de lo inenarrable. Los adormecidos acordes que visten esa pasión desmesurada y mustia, latente, trágica, infecta. El encadenamiento; y el encadenamiento literario difiere del cinematográfico. Resnais lo hizo pausadamente, aletargando lo singular a través de lo plural: imagen (Hiroshima), imagen (Nevers), imagen (Hiroshima)”.

El resultado es un film poético de primer orden, rodado magistralmente por un inspirado Resnais, junto al inseparable y maravilloso libreto de Duras, que da cuenta de una historia con muchos ángulos y una fuerte carga dramática. Resnais, al modo de un orfebre articula las imágenes con el texto. El texto de Duras es dialogado por los actores y declamado en off por la mujer; es auténtica prosa poética, que se apoya en repeticiones rítmicas de las frases. Tiene la película una música maravillosa de Georges Delerue y Giovanni Fusco, y una gran fotografía en blanco y negro de Sacha Vierny y Takahashi Michio, con grises delicados, llenos de matices.

El reparto es igualmente excelente con una Emmanuelle Riva que transmite en cada escena su dolor y su destino fatal en un contexto horrible de guerra, y cómo puede ir sacando de su corazón las hondas espinas clavadas de su amor trágicamente frustrado, todo lo cual acontece en una noche de ardor amoroso con un desconocido japonés interpretado con enorme solvencia por Eiji Okada. Acompañan en el reparto Bernard Fresson, Stella Dassas y Pierre Barbaud, todos excelentes.

Entre 1959 y 1960 obtuvo los siguientes premios y nominaciones. 1959: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película). 1960: Nominada al Oscar: Mejor guión original. Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera. National Board of Review: Top Mejores películas extranjeras. Premios BAFTA: 2 nominaciones.

La película hay que contextualizarla históricamente en los años que siguen a la II Gran Guerra. El eje Berlín-Roma-Tokio han perdido la guerra, y concretamente Japón se rindió tras el lanzamiento de parte de EE.UU. de sendas bombas atómicas en Nagasaki e Hiroshima, como es bien conocido. Así, en la primera parte de la película se pueden ver impresionantes imágenes reales de la devastación causada por la bomba atómica. La segunda parte se centra más en el romance entre los personajes, con momentos de pasión y e incertidumbre.

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De otra parte, las imágenes de los amantes abrazándose o paseando en 1959, alternan con flashbacks que llevan al espectador a 1945, el momento de la bomba sobre Hiroshima y también del romance de la mujer en Nevers. Pero la acción transcurre en una Hiroshima rehecha y afligida, aun cercanas las sangrantes heridas de la hecatombe que la redujo a ruinas matando a cientos de miles de personas. Igualmente emerge una aventura amorosa dolorosa también, en paralelo con la malaventura ocurrida en la propia ciudad.

Lo que es una evidencia es que esta película es de un lirismo cautivador, donde los planos certeros de Resnais, detallan y describen la historia triste y desgarradora que se va desgranando a lo largo del metraje. Todo ello en un estilo libre, sugerente, con eficaces fórmulas propias de los componentes de la denominada “Nouvelle Vague”. La narración es espléndida, la explosión del amor alterna con la melancolía del relato de la mujer, una mujer en cuyo ser anida el desconsuelo. Las conversaciones entre ambos actores hacen saltar chispas en la historia. Una historia sorprendente, sensible, mágica e incluso algo surrealista y sin duda, cautivadora. Diálogos sublimes como los que siguen a modo de versos:

“Y te encuentro a ti.
Te recuerdo
¿Quién eres?
Me estás matando
Me sanas
Eres mi vida
¿Cómo iba a sospechar que esta ciudad estaba tallada
a la medida del amor?
¿Cómo iba a sospechar que tú estabas tallado
a la medida de mi propio cuerpo?

Me gustas ¡qué alegría!
Me gustas.
Me gustas.

¡Cuánta lentitud de pronto!
¡Qué dulzura!
No lo puedes imaginar.
Me estás matando.
Me sanas.

Me matas, me sanas.
Tengo tiempo
Te lo ruego.
Devórame.
Defórmame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú?
¿Por qué no tú, en esta ciudad,
y en esta noche, tan semejante a las demás
que se confunde con ellas?

Te lo ruego…”

O cuando el protagonista le dice a ella: “Ahora sólo nos queda matar el tiempo que nos separa de tu marcha. Dieciséis horas aún para tu avión”. Eso traslada al espectador que en Hiroshima todo es muerte, que la muerte continúa haciendo acto de presencia, y que incluso dos amantes deben “matar” el tiempo, un final terrible. Ambos son anónimos, igual que todos los habitantes de Hiroshima que perecieron con la bomba y de los que ya nadie sabe sus nombres; personas exterminadas por la desmemoria de la historia. El marco en que los dos seres anónimos y amantes se llaman, ella, Nevers y él, Hiroshima. Distantes, distintos.

Hay igualmente en el film una reivindicación pacifista y alerta del peligro de la guerra nuclear, temas centrales de esta obra, más aún por cuanto se rueda en 1959, momento álgido de la guerra fría en que el que el peligro de guerra nuclear llegó a ser real.

O sea, lo que al principio iba a ser un documental sobre las consecuencias de la explosión nuclear en Hiroshima, acabó convirtiéndose en una de las películas antibelicistas más importantes de la historia del cine. Pero también, como ya vemos, en una historia de amor inolvidable, y un hito fundacional del movimiento cinematográfico francés conocido como la “Nouvelle Vague”.

Yo la recomiendo, sí, creo que no es fácil llevar la poesía al cine. Los autores modernos son en este sentido más proclives a provocar, a epatar, no saben escribir con imágenes como lo hace el tándem Resnais-Duras. Por eso este film es para mí muy aconsejable, porque en él hay un predominio de las sensaciones, donde las miradas y los silencios cobran una inusitada importancia, con unos maravillosos monólogos introspectivos que se expresan en imaginaciones o de viva voz. Sin olvidar la plasticidad de una atmósfera que parece tener vida propia, que casi se puede palpar. Un clima profundamente emotivo y denso. Y tan oscuro como la inabarcable noche.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=zjGdLZNAdRc.

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