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Film emblemático: cuando una cana al aire sale cara

Por Enrique Fernández Lópiz

En su momento, cuando se estrenó Atracción fatal, vi la cinta con auténtico interés, pareciéndome una especie de thriller amoroso, incluso al estilo de los psichokillers, en que el amor patológico pone en riesgo la vida de un incauto sujeto que cree, como tantos, que las aventuras amorosas, extraconyugales o no, son inocuas y hacen sólo al divertimento. Por razones que no vienen a cuento, había conocido yo casos que sin ser tan dramáticos como el de esta película, tenían su equivalencia con la historia planteada en este film, habiendo acabado todos ellos de manera desastrosa.

El abogado neoyorquino Dan Gallagher (Michael Douglas) lleva una vida feliz con su amante y bonita esposa Beth (Anne Archer) y una preciosa hija, fruto del amor entre ambos. Además de su envidiable familia, Dan tiene un buen trabajo. Coincidiendo con unos días en los cuales su esposa e hija parten a pasar unos días vacacionales, Dan conoce a Alex (Glenn Close), una mujer madura y atractiva que acaba seduciéndolo y convenciéndolo para que salgan juntos a tomar una copa. La cosa es que acaban manteniendo relaciones íntimas pasando juntos el fin de semana. En realidad Dan no conoce en absoluto a Alex y se toma la cosa como una aventura ocasional sin mayor trascendencia, algo que según piensa no debe perjudicar su matrimonio. Mas cuando la esposa está por volver y él le anuncia a Alex el fin de la aventura, la esporádica amante reacciona con una inaudita violencia que desencadenará una serie de acontecimientos que pondrán en juego, no sólo su placidez conyugal de Dan, sino incluso su propia vida y la de su esposa e hija. Alex bajo ningún concepto acepta el rechazo y sus sentimientos hacia Dan se convierten en una obcecación enfermiza y peligrosa. O sea, una mujer con un trastorno psiquiátrico grave a todas luces; pero que resulta ser el paradigma, en este caso exagerado, de tantas historias equivalentes.

Creo que el director de esta película Adrian Lyne, consiguió sintonizar con los espectadores, muchos de los cuales se identificaron con lo que la cinta nos pone frente a los ojos. Lyne hace un trabajo loable y muy digno, lo cual se evidencia en que el film mantiene, transcurridos treinta años, el nivel y el interés ante el espectador. La película sigue fresca y llena de tensión y drama. Lyne sabe imprimir un gran ritmo y suspense a la historia, inspirado según mi parecer en la filmografía hitchcockiana, pero salvaguardando siempre su propia identidad. Lyne conoce perfectamente los secretos de la narración trepidante, lo que unido a un excepcional montaje, hacen de esta película en todo un icono de los ochenta donde mucha gente pudo verse parcial o totalmente reflejada.

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El guión de James Dearden es de excelencia y no deja cabos sueltos. Es un relato en el que se nos dice muy a las claras que nunca se saben bien los rasgos de personalidad que se esconden detrás de una persona a la que se ha conocido de manera esporádica, por muy agradable, sugerente o seductora que se nos presente. Y pone en evidencia esa tendencia tan propia del macho, de conquistar a una hermosa mujer misteriosa, sensual y segura de sí misma. En los Estados Unidos la película tuvo un gran impacto en la opinión pública por su dramático guion, planteando a todo nivel una reflexión sobre la infidelidad conyugal. Fue tal el impacto que dicen que descendió el índice de divorcios en aquel año.

La música de Maurice Jarre es muy apropiada, así como la fotografía de Howard Atherton. Y repito: un montaje de lujo, con un final apoteósico. Es de esas películas en las que siguiendo la moda de los finales dobles (p.e. Viernes 13), en que el malo, en este caso la mala, cuando ya parece muerta, de repente da un brinco para cargarse al bueno y después morir de nuevo. Vaya, vaya: ¡que susto!

En el reparto tenemos a un joven Michael Douglas que ejecuta muy bien su personaje de ingenuo que piensa más con las entrepiernas que con la cabeza. Pero como digo, su presencia se hace notar en el mejor sentido. Glenn Close está absolutamente maravillosa en su actuación, es la mejor; te hace sentir que la mujer que interpreta es capaz de todo, de lo peor, y llegado un punto da hasta miedo, sobre todo en las escenas finales en que un sudor frío recorre frente del espectador. Anne Archer hace un gran trabajo en el rol de esposa ideal y luchadora. Y acompañan muy bien Ellen Hamilton Latzen, Stuart Pankin, Fred Gwynne, Anna Thompson (AKA Anna Levine), Lois Smith, Mike Nussbaum, Jane Krakowski y Ellen Foley.

En 1987 obtuvo, entre premios y nominaciones: 6 nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película, director y actriz (Close). Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director. BAFTA: Mejor montaje. 3 nominaciones. Son casi todas nominaciones, pero nominaciones importantes, no lo olvidemos, sobre todo en los Oscar.

Concluyendo, un clásico del cine norteamericano de los años ochenta y una cinta emblemática que reúne a dos de los actores más en auge de la época: Douglas y la Close. Además, estaba de moda el thriller erótico que pone en riesgo la apacible vida del americano triunfador con una familia de dulce, comprometiendo incluso su ser o no ser, o sea su vida, por una mujer fuera de control. Película, en fin, que reposa tanto en el excelente guión como en su notorio reparto para la época, amén del tema que trata: la infidelidad, a la el americano medio suele ser muy sensible. Película de buena confección, digerible (pero que se puede indigestar) y decente donde las haya, que cierra con marido muy arrepentido, mala baleada y señora valiente que balea. Un film tenso, denso y con suspense sobrado.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=e3oF8Po4qWc.

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