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Film apenas conocido y Armando Palacio Valdés de fondo

Por Enrique Fernández Lópiz

Santa Rogelia fue una coproducción entre Producciones Hispánicas y empresas italianas, de la que se habrían de rodar dos versiones, la italiana (con el curioso y antagónico título de Il peccato di Rogelia Sánchez) a cargo de Carlo Borghesio; y la española, de la que se responsabilizó, al menos en los créditos, Roberto de Ribón. Ambos eran casi principiantes: Ribón sólo había firmado hasta entonces un guión, el de Suspiros de España (1939) para Benito Perojo, mientras que Borghesio acababa de debutar en la dirección con una comedia, Due milioni per un sorriso, en la que aparece firmando la dirección junto con el prolífico guionista y director Mario Soldati, tal vez y no por casualidad, también participante en el guión de Santa Rogelia.

La huérfana de un minero fallecido en accidente laboral, Rogelia (Germaine Montero), se casa con Máximo (Juan Landa), un minero bebedor y vehemente que no le hace caso e incluso la maltrata. En la aldea donde viven ha venido a tomarse un tiempo para el estudio en un marco de tranquilidad, el médico Fernando (Rafael Rivelles). Por una reyerta, Fernando debe asistir de una herida a Máximo, lo cual que conoce a Rogelia y se enamora de ella rápidamente. Máximo y Rogelia se ven esporádicamente, aunque entre ellos no existe relación amorosa, salvo la platónica. Pero los chismes y los rumores alertan a Máximo de que su mujer lo engaña con el médico. En estado de embriaguez los celos de Máximo saltan por los aires y pistola en mano hiere a Fernando. Perseguido por la Guardia Civil, es apresado y condenado a veinte años de prisión. Al tiempo, Fernando y Rogelia viven juntos en Madrid, junto a una hija habida de su amor. Viven plácidamente a la espera Fernando de dirigir un importante Hospital, pero la sociedad no acepta la unión de Fernando con una mujer casada. A partir de este momento Rogelia volverá a su modesta vida y a visitar a su marido verdadero en la cárcel, pero las cosas se precipitan por derroteros finalmente felices.

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Roberto de Ribón dirige este drama rodado en Cinecittà entre dos guerras (aunque en algunos documentos se habla de Edgar Neville como realizador de la obra). El director Ribón participa, como ya he apuntado, de una versión italiana y otra española, aunque los actores son siempre los mismos. El producto es enteramente un melodrama rodado con oficio y también algunas improvisaciones. Tiene un guión escrito por Alberto MoraviaRoberto de RibónMario Soldati, que adaptaron la novela homónima del entonces célebre escritor Armando Palacio Valdés (1853-1938), un escritor muy popular en todo el mundo, con un estilo muy asequible al lector común de género costumbrista dulce, como el de la película, y unos personajes españoles muy reconocibles y simpáticos, a la vez que conservadores. Aunque el guión del film plantea una trama moderada, su conservadurismo es menos rígido que el de la época, ya que en esos entonces era inaudito y muy escandaloso asumir que una mujer casada viviera una vida de pareja con otro hombre que no fuera su esposo.

Esta película es un valioso tesoro, pues aunque se estrenó en el año 1940, apenas estuvo siete días en las salas. Ocurrió también que se hicieron pocas copias y prácticamente desaparecieron de la circulación. Luego, con el tiempo, se restauró, digitalizó y la han proyectado hace unos días en el meritorio programa Historia de nuestro cine, presentado de forma excelente por Elena Sánchez, que para esta película contó con la presencia del escritor de cine y crítico Luis E. Parés que dejo claro que esta cinta había sido vista por muy pocos espectadores en la época de su estreno y que significaba para TV 2 toda una primicia hacerla visible al gran público, pues apenas los especialistas en cine habían tenido acceso a esta reposición.

Meritoria la música del maestro Federico Moreno Torroba y una buena fotografía en blanco y negro de Francesco Izzarelli, Jan StallichAugusto Tiezzi.

Los actores y actrices son magníficos, sobresaliendo con un gran trabajo en el papel de Rogelia, la por aquel entonces emergente actriz Germaine Montero, descubierta por García Lorca y que llegó a interpretar obras teatrales como Fuenteovejuna; pero luego sería ignorada en España, convirtiéndose en una gran actriz del teatro francés. Rafael Rivelles es un actor sólido que ejecuta con talento el papel del médico Fernando. Juan de Landa está muy bien y creíble en el personaje del rudo y violento Máximo. Y en papeles menores muy bien lucidos, el reparto cuenta con Pastora Peña (estupenda como Cristina), Julia Caba Alba (Marciala), Luis Riera Sánchez, Porfiria Sanchíz y Rafael Calvo.

Melodrama que cuenta el gran conflicto de una mujer casada con un marido bebedor e impulsivo, que se enamora de un médico en buena posición con el cual tiene una hija. La pregunta que el film plantea es quizá un poco heavy para el momento histórico: ¿Por qué no vivir el auténtico amor? Y eso plantea esta historia de claros tintes melodramáticos, una obra inédita en la cinematografía española de los años cuarenta, con un estilo narrativo popular (a lo Armando Palacio) con tintes folletinescos, que deviene cine moralista.

Quiero, para terminar, dedicar unas líneas breves sobre el afamado novelista Armando Palacio Valdés, escritor de éxito no sólo en España, sino en gran parte de Europa y en Norteamérica. Pues bien, con relación al cine diré que exceptuando a Blasco Ibañez (con 16 adaptaciones cinematográficas) y Pérez Galdós (con 14), luego viene el autor asturiano cuya obra fue llevada a la pantalla en trece ocasiones. La afinidad entre Palacio Valdés y el cine se inicia en 1925 en el cine mudo, con el estreno de “José”, 1925 de Manuel Noriega. Desde ese entonces y hasta 1971 trece fueron las adaptaciones de nueve de sus novelas: cuatro versiones (una muda y tres sonoras) de ‘La Hermana San Sulpicio’ (una de ellas se tituló ‘La novicia rebelde’), dos de ‘Santa Rogelia’ (una con el título de ‘Rogelia’), y una de ‘José’, ‘La aldea perdida’ (título: ‘Las aguas bajan negras’, con la temática industrial asturiana y denuncia del brutal progreso), ‘El señorito Octavio’, ‘Sinfonía pastoral’ (título: ‘Bajo el cielo de Asturias’), ‘Los majos de Cádiz’ (con este título y también la ‘La maja de los cantares’), ‘Tiempos felices’ y ‘La fe’. En fin, la obra de Palacio Valdés, por su estilo narrativo y su temática popular eran muy del gusto de los directores y guionistas cinematográficos españoles del momento.

Testamento literario de Palacios: https://www.youtube.com/watch?v=tONXKJpWdGk.

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