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Fatima

Por Asdrúbal Guerra

El otro día fui al TEA (Tenerife, Espacio de las Artes) con mi madre y vimos Fatima (sin tilde), una película francesa que trata el problema de la inmigración en Francia. Es una película del 2015 dirigida por Philippe Faucon, un director que desconocía y que también parece haber dedicado su anterior largometraje a la mala integración de la comunidad musulmana en el país galo. La mayoría  de actores y actrices de la película son amateurs, la duración de la cinta es de 79 minutos, tiene un estilo documental y llegó a ganar tres premios en el Festival de Cannes: Premio a la Mejor Película, al Mejor Guión Adaptado y a la Actriz Revelación (Zita Hanrot). Aunque hay personas que creen que estos premios le fueron otorgados de manera inmerecida a modo de reconciliación tras los graves atentados sufridos en París.

La película narra la historia de Fatima, una inmigrante argelina que trabaja limpiando casas y oficinas. Ella tiene dos hijas: Souad, una adolescente de quince años bastante rebelde; y Nesrine, una estudiante de primer año de Medicina en la universidad. La trama de la película se basa en la relación que tiene la madre con sus hijas y los problemas de integración (y supervivencia) que tienen los musulmanes con un bajo nivel de estudios y formación en Francia.

La relación de la madre con Souad es difícil en cuanto a que esta no ve en su madre un referente, pues Fatima sólo habla árabe y trabaja todo el día, y esto no coincide con los valores individualistas que tanto Francia y el entorno juvenil de la chica comparten. Souad se siente sola, tiene problemas en el instituto que su madre no alcanza a resolver, le cuesta comunicarse y piensa que en un futuro podría ser mejor robar que pasar el día limpiando suelos. Sin embargo, la relación con Nesrine es diferente. Esta chica saca buenas notas y se esfuerza por aprobar su primer año de carrera (hilo conductor de la película) pese a los problemas económicos que sufre su familia y las presiones culturales de las mujeres de su comunidad, que no entienden que estudie en vez de ayudar a su madre con sus quehaceres domésticos.

En cuanto a la visión que se da de la integración inmigrante en Francia, es la típica que hemos podido observar tanto en películas (Intouchables) como en la realidad, para los que hemos tenido la oportunidad de vivir en Francia algunos años: la de mujeres, especialmente, que sufren las peores consecuencias de la marginalidad. Mientras que los hombres son explotados laboralmente, las mujeres no sólo también son explotadas, sino que además deben encargarse de las labores de casa, cuidar de sus hijos y verse sometida por su condición de mujer sin voz en una sociedad europea y africana igualmente misóginas. Son mujeres, éstas, que viven en silencio, yendo a hacer la colada a la laverie con bolsas de basura, esperando el tren, cocinando de madrugada.

Philippe Faucon expresa todo esto en su película de manera documental y simplista. Pese a que la trama es bastante explotable, él se decanta por utilizar actores y actrices con poca trayectoria (que están correctos, sin más) y desarrolla la trama con una consecución de escenas lentas sin sentido ni pasión alguna. La película, a mi ver, carece de impacto fílmico o suspense, e impide la atracción del espectador. Además, no hay música. El director parece presuponer que la expresión de la cotidianidad de las mujeres desde su perspectiva ya es de por sí un valor fílmico suficiente y no se le debe aplicar un mayor dramatismo.

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Por mi parte, no estoy de acuerdo con este planteamiento. Pese a que la perspectiva de la mujer es de por sí un valor interesante, no por ello deja de ser algo más explotable. Es cierto que el director no quiere ser partidista, pero en el fondo lo es, y visto que no se ha tratado este tema lo suficiente en el cine clásico ni moderno, ésta era una buena ocasión para dotar al argumento de un mayor dramatismo, para que esto generase una mayor atención y reflexión de los espectadores sobre la mala integración de las musulmanas en Francia y en Europa, tal y como sí lo consiguió -desde la perspectiva masculina- La Haine.

Sin embargo, aprecio el valor que ha tenido el director al tratar este tema y creo que la fotografía concuerda con la idea que ha querido transmitir: la de la lucha cotidiana, lenta y callada que llevan muchas mujeres marginadas por su condición de inmigrantes. La fotografía, que maneja siempre colores fríos y cálidos, tiene un primer plano y un plano medio durante casi toda la película, como intentando dar otro tipo de música a la película: el de los gestos, parpadeos y miradas perdidas. Creo que refleja bastante bien esta lucha de las mujeres, cansada pero constante, cuando se centra en situaciones cotidianas en las que Fatima piensa en silencio haciendo café, cocinando cuscús y escribiendo en su blog de notas, como cogiendo aliento para dar un paso decisivo que quizás nunca llegue a dar, pero que ayudará a que sus hijas lo den en su lugar.

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