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Fast & Furious 7

Por Alejandro Arranz

-La más excesiva, recargada y estúpida de la saga; pero también la mejor y más entretenida. Wan le da a los fans lo que piden, multiplicado por mil.
-Las quejas están fuera de lugar, esta séptima película de la saga es para la familia fast, una de la que muchos espectadores ya forman parte.

Han pasado 14 años desde que conociéramos a Dominic Toretto, Brian O’Conner y el resto de la familia. Una familia que empezó dentro de la película y fue extendiéndose hasta los propios actores y muchos de los fans. Puede que esta exitosa saga no sea “la crème de la crème” en lo que a calidad se refiere, pero lleva años dándole a su público exactamente lo que éste le pedía: coches rápidos, mujeres faltas de ropa y testosterona en vena. O tal vez frente al machismo, el aceite de motor y las peleas callejeras hayan crecido -también- durante estos años algunos valores más veraces, como la familia, la amistad y el deber; valores que han ido echando raíces y calando hondo entre la pandilla protagonista dentro y fuera de la pantalla. Después de una terrible tercera entrega la saga ha sabido reciclarse debidamente aunque no para el gusto de todos. Justin Lin fue el encargado de dirigir las 4 últimas entregas, pero ahora le pasa el testigo al excelente James Wan (Expediente Warren), que llega dispuesto a darle un poco más de frescura a la franquicia pero sin abandonar el espíritu que la define. Chris Morgan vuelve como guionista, trabajo que lleva desempeñando en la saga desde Tokyo Drift. La familia también vuelve casi al completo, y es que tras el fatal fallecimiento de Paul Walker a mitad de rodaje, Universal tuvo que replantearse qué hacer con esta saga millonaria, tras un tiempo se volvió al rodaje contratando a los hermanos de Paul para lograr terminar las escenas no rodadas ayudados del CGI (el cual se nota bastante en varias escenas), la película se retrasó hasta el 2015.

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Seguro que muchos fans esperaban ansiosos la nueva aventura de los más rápidos y furiosos del séptimo arte. Y no os voy a engañar, tras dos últimos episodios sorprendentemente efectivos y teniendo en cuenta el nuevo nombre que ocupa la silla de director, tenía muchas ganas de dejarme la inteligencia en casa y disfrutar de la última aventura de esta peculiar familia. Tras poder ir al cine tengo una cosa que decir sobre Fast 7, es la bomba. Dejemos el término de placer culpable fuera de la ecuación, hablemos de como la nueva entrega de A todo gas (para los que prefieran el título español) se ha convertido en una de las películas de acción más emocionantes, estúpidas y entretenidas que se han hecho en tiempo. Un exuberante y desmesurado vehículo cuyos pilotos se alzan como sustitutos de los grandes héroes de acción de los 80, como el nuevo -y mejor- grupo de los mercenarios, o los rivales directos de los Vengadores, que incluso están dispuestos a ocupar el puesto que tiempo atrás dejó libre nuestro espía británico favorito. Por qué se habla de lo ilógicas y excesivas que son las escenas de “F&F” cuando no estamos sino ante una versión diferente y recauchutada de Mision Imposible, que en vez de escalar el edificio más alto del mundo decide echarse una carrera a través de tres edificios contiguos en una escena de acción sencillamente espléndida y con planting cómico incluido. Este grupo de Argonautas musculados y llenos de testosterona en busca de venganza y del llamado “ojo de dios” (sirve como equivalente del Vellocino de oro), vuelven más robustos y divertidos que nunca en Fast 7.

Una entrega que sería el final lógico de la saga, y que cuenta con un argumento, un mensaje y dosis de acción a raudales que en 137 minutos no le da ni un respiro al espectador. Con el óxido nitroso activado permanentemente se suceden las escenas de acción, los gags cómicos y las frases lapidarias, así como si no nos diéramos cuenta del escaso talento que posee Chris Morgan como guionista (aunque va mejorando). Poco importa en esta ocasión, donde el señor James Wan controla la función con la energía y el ingenio de un realizador genuino, experimentando -con resultado excelente- en un género que es nuevo para él. Ese frenetismo con el que rueda las peleas con la cámara pegada a los actores y algunos movimientos ciertamente arriesgados, o la personalidad que requieren secuencias como la de los coches en el avión; Fast 7 emerge de las cenizas como la película por antonomasia de la saga, la que une todas las entregas en un homenaje fascinante creado enteramente para los fans y para Paul Walker. Y es que aunque durante sus escenas de acción, sus persecuciones y sus frases lapidarias el filme no se tome nada en serio a si mismo (más bien se autoparodia-homenajea), el interior de la cinta es totalmente honesto, claro que hay que ver más allá de la fachada y saber leer entre líneas . Vuelve a tener el fallo de su antecesora, un climax que amenaza constantemente con convertirse en anticlimax, no obstante tras dejar al público satisfecho e incluso algo cansado de golpes, tiroteos, explosiones y derrumbamientos a esta séptima parte le queda aún un as en la manga. Unos minutos finales de despedida que harían llorar incluso al más duro, un sentido adiós al joven actor que se siente absolutamente sincero, tanto que pocas veces una película (en especial un blockbuster) ha llegado a demostrar este nivel de veracidad. La familia Fast comenzó como un grupo de personajes de una película y siguió extendiéndose hasta crear lazos reales en los actores, lazos que pueden notarse en todas y especialmente en esta entrega de la saga, donde valores como la camaradería, la familia y la amistad están presentes en cada minuto. Han pasado 14 años desde que nos subiéramos por primera vez al coche de Brian O’Conner-Paul Walker y podemos decir sin lugar a duda que esta ha sido una despedida a la altura, con una secuencia final que permanecerá en la memoria colectiva.

Como dije antes aquí está la película hecha enteramente para los fans. Dos horas de acción exagerada, incoherente y totalmente entretenida, apoyada por todo tipo de guiños/homenajes a la saga y al género (algunos firma de Wan), seguida de una despedida maravillosa para un actor que ya forma parte de la memoria del cine, y de la nuestra. Fast 7 deja a un lado el término placer culpable para entrar en el olimpo de las grandes películas de acción, les guste o no a sus detractores hay suficientes virtudes en ella para ser un filme a reivindicar.

Alejandro Arranz

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