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Extraño espagueti western “rojo” que pasó la censura de la época

Por Enrique Fernández Lópiz

En La cólera del viento Marcos y Jacobo son dos asesinos a sueldo que se dirigen a Andalucía, pues han sido contratados por un latifundista muy rico y poderoso (Fernando Rey) para que pongan punto y final a una probable rebelión de los campesinos. Nada más llegar, Marcos cumple con lo pactado matando a un líder anarquista. Pero al muy poco se produce una violenta reacción de los campesinos, reacción a la que los latifundistas no tardan en responder. Pero Marcos (Terence Hill) duda entre el amor, el peso del pasado, su identificación con la causa y el destino que le aguarda. Se trata de un fresco épico y lírico de la clase obrera andaluza; también, una panorámica de la decadencia feudal, con la exhibición de todos sus vicios, donde padre e hijo se han aprovechado de Soledad (Maria Grazia Buccella), una mujer indefensa que regenta el mesón del pueblo. Marcos decide pasarse al bando del pueblo, pero quiere la mala fortuna que el cacique mate al hermano, con lo cual Marcos se verá obligado a vengarse.

Vi esta película por ser su director Mario Camus, autor como es sabido de obras memorables de nuestro cine como La colmena, de 1982; o, Los santos inocentes, 1984; y quedé un poco perplejo ante lo que veía conforme avanzaba el film. Mario Camus fue contratado por Suevia Films en una coproducción Hispano-italiana, que se acerca mucho más a un retrato social de principios del siglo XX que a una película del oeste. El film está bien rodado, incluye algunos momentos violentos bien resueltos y un reparto aceptable como ahora diré.

Tiene un extraño y cuasi loco guión del propio Camus junto a Mario Cecchi GoriJosé Vicente PuenteMiguel RubioAlberto SilvestriFranco Verucci (demasiados autores), basado en una idea del escritor, guionista y crítico de cine zamorano Manolo Marinero. En la trama las clases sociales bajas se rebelan contra la opresión de los caciques, los cuales intentan sofocar este movimiento revolucionario inspirado en doctrinas anarquistas. Pero los labradores están dispuestos a luchar por la tierra y el pan de sus hijos. Los poderosos, para no perder sus privilegios de clase y utilizando todo tipo de juegos sucios y anteponer sus intereses, llegan a contratar a dos pistoleros para que acaben con los líderes subversivos que adoctrinan a los jornaleros.

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La música quiere ser un Morricone y no puede, incluso diría que es una burda copia de las bandas sonoras de Morricone, a cargo de Augusto Martelli; no está mal la fotografía de Roberto Gerardi. Puesta en escena mediocre.

Como dato curioso, esta película fue rodada en Andalucía en 1969. Algunas de las escenas se rodaron en Rociana del Condado (Huelva), con la participación de figurantes locales. Escenas como el asesinato del político local en la puerta del Ayuntamiento, la Plaza de España, la bodega del “niño el guerra”, la quema de los trigos, etc. También aparecen paisajes del Rocío con la ermita al fondo o las dunas de Doñana.

El protagonista principal de este extraño espagueti western es Terence Hill, que en aquel tiempo ya era famoso por películas populares como, Le llamaban Trinidad (1970) o Le seguían llamando Trinidad (1971), junto a Bud Spencer. Desde luego lo prefiero en este papel dramático, pues precisamente después de esta película, su carrera dio un giro copernicano y se reconvirtió en actor cómico-violento, alcanzando aún más fama con filmes como ¡Más fuerte muchachos! (1972), Mi nombre es ninguno (1973), Dos misioneros (1974), etc., y otras, todas tipo western (o de policías) mitad humor y puñetazos, mitad gatillo fácil y puntería infalible, siempre junto a Spencer, recientemente fallecido por cierto en junio de 2016. En fin, que sin tirar cohetes, el italiano Hill hace su papelito plan serio en esta cinta, dignamente. Maria Grazia Buccella da el corte y le pone ganas a su trabajo. Fernando Rey genial en los minutos que le tocan, como genial fue su trayectoria actoral. Máximo Valverde me ha gustado. Manuel Alexandre desaprovechado, pues podría haber tenido más protagonismo. Y acompañando de forma correcta Mario Pardo, Berto Cortina, Ángel Lombarte y William Layton.

Para algunos, este espagueti ambientado en la Andalucía señorial de principios del siglo XX es una cinta seria a diferencia de otras de su género. E incluso arguyen que los diálogos y tiroteos tienen un aceptable nivel, a la vez que es un film más realista y comprometido políticamente, lo que lo hace distinto y digno de verse. Y aunque estos comentarios son ciertos, sin embargo, es mi parecer que no hay que confundir churras con merinas y que esta obra no pasa de ser un western como mucho controvertido, que produce sensaciones muy dispares, especialmente entre los amantes del espagueti y más concretamente al western, como me ocurre a mí. Desde mi modo de ver, en un western no cabe un discurso anarquista y andaluz que contiene hasta un fragmento del mismísimo afamado anarquista Buenaventura Durruti ¿Pero dónde estamos?

Camus, perteneciente en su día al Nuevo Cine Español, comenzando como guionista, consiguió algo casi inaudito, hacer cine de cierta calidad hasta convertirse en un cineasta excelente y con oficio. Y es meritorio de su parte, haber conseguido que esta cinta sorteara la censura, con un argumento que tiene un peso socio-político tan evidente, donde se recrea la revolución campesina a pequeña escala, en un imaginario y remoto pueblo andaluz que alcanza dimensión universal como ejemplo de la lucha entre explotadores y explotados; lo cual que a pesar del drama, el tan pueblo no pierde su colorido y su angostura de pequeño lugar. Los problemas del campo andaluz eran temas tabú incluso en el tardofranquismo, así que Mario Camus lo disfrazó como si de un western se tratara, y se filtró y esquivó la atenta mirada de los censores que ese día andarían dormitando. En este sentido, ¡chapeau!

En fin, un argumento limitado, sencillo, desubicado en lo que concierne a la tipología del film, pero con un soplo de interés en aquella época de 1971, por la situación política de aquel entonces en que Franco estaba aún en sus cabales y en su plenitud, tanto que cerró la Universidad española al completo desde Diciembre porque los disturbios se sucedían.

En resolución, la película, para alguno puede resultar interesante y emotiva. Habla de la iniquidad, el amor, la jactancia, la mentira, el destino. Temas universales muy bien transmitidos en el escenario de una Andalucía atrasada. Lástima que Camus se equivocara de película para poner en escena toda esta temática. Como reza el refrán: “Cada cosa en su tiempo, y los nabos en Adviento”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=_iDLjAlunBc.

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