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Exceso de pirotecnia cansina

Por Enrique Fernández Lópiz

Ahora me ves… es un producto repetido mil veces en el cine en aras a hacer taquilla, un cine casi mecánico y “de fórmula tan estricta como cansina para cualquier espectador con dos dedos de frente” (Boyero). Pretende ser vibrante, con un guión hecho al modo de los churros, que parece escrito con una única neurona funcional y claramente destinado a las salas comerciales, incluido un cubo de palomitas para mejor acompañar el palo.

El director francés Louis Leterrier, autor de engendros como Transporter 2 (2005), El increíble Hulk (2008) o Furia de titanes (2010) construye carente de calidad alguna el recorrido de un mediático grupo de magos de nombre “Los Cuatro Jinetes”. En sus espectáculos multitudinarios, al final, llueven literalmente miles de billetes de dólares desfalcados en cualquier parte del planeta. La pregunta es si se trata de mero ilusionismo o hay algo más como el ajuste de cuentas con banqueros, hombres corruptos o aseguradoras que bastante roban ya al personal. Para aclarar las cosas, un equipo del FBI y la Interpol les pisan los talones y siguen su pista, pero ellos, la mar de listos, siempre les llevan ventaja, no en vano son maestros de las apariencias y del encantamiento.

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Pero Leterrier apenas puede mantener su truco unos pocos minutos, minutos sí, en los que uno queda literalmente pegado a la butaca mientras “es guiado, con nervio y elegancia” (Ceballos), pero ¿a dónde? Al principio parece que va a ser hacia una monumental sorpresa final, pero en el guión de Boaz Yakin, Edward Ricourt y Ed Solomon (adaptación de la historia de los mismos Yakin y Ricourt) hay mucha tizne, mucho reflejo y demasiada pirotecnia que a lo mucho y siendo indulgentes, puede ofrecer a algún espectador cándido algo de entretenimiento. Pasa la música de Brian Tyler y no está mal la fotografía de Larry FongMitchell Amundsen.

Pero lo más llamativo es el reparto, con un equipo actoral de lujo que de tan excelente en nombres, da hasta pena, eso de ver actores tan venerables como Michael Caine y Morgan Freeman caminando desganadamente en esta especie de dislate que es esta cinta. No olvido a otros protagonistas de primer nivel como Jesse Eisenberg; Woody Harrelson y sus intercambios retóricos; Mark Ruffalo genial y explayándose a su gusto; Mélanie Laurent como la agente de la Interpol más inverosímil en la historia del cine; y actores y actrices de calidad como Isla Fisher, Dave Franco, Common, Michael Kelly, José García, David Aershofsky, Caitriona Balfe y Stephanie Honore moviéndose a un ritmo que quiere ser trepidante inútilmente, con una miríada de planos que apenas duran un suspiro lo cual resulta agotador, maquinal y poco imaginativo.

Guión rutinario, bastante lelo, espídico de la peor manera y que como escribe Boyero: “parece escrito con las neuronas alborotadas por exceso de sustancias blancas, arropado hasta la sobredosis por el marketing, destinado casi en exclusividad a ser consumido en las multisalas de los grandes centros comerciales. Es su lamentable idea de lo que consideran gran espectáculo para el gran público. Mientras que la demanda les dé la razón y les salgan las fenicias cuentas, seguirán saturando el mercado con este cine tan aparatoso como aburrido”. Y ciertamente, si los primeros minutos te mantienen expectante a que algo ocurra, algo que te enganche a la historia, pronto te das cuenta que lo que va viniendo es pura gracia, pura gratuidad, trama, escenas y guión que sabes habrás de olvidar pronto. Tanto que si te duermes un buen rato y despiertas a la media hora, observas que nada te has perdido pues todo es pura artimaña. Y una pregunta que me hago: ¿es mucho pedir a estos guionistas hollywoodienses que cuando hayan acabado de escribir el guión lo lea alguien externo, a ser posible que no esté intoxicado, para revisar las incoherencias y bobadas?

No mucho más que decir. Desilusiona esta cinta que inicia de forma seductora y continúa tediosa y plana. ”La sucesión de actuaciones y robos bancarios de este cuarteto de Robin Hoods no deja respiro para mayor profundidad ni mínimos esbozos de psicologismo” (De Partearroyo). Efectivamente, aquí no hay mucho a lo que agarrarse y “cuando uno se quiere dar cuenta de las múltiples trampas de guión, ya es demasiado tarde: la función ha acabado […] La película está tan encantada con su humo y espejos, con su combinación de glamour, set pieces e ingenio autocombustible, que resulta fácil dejarse llevar” (Ceballos). Pero la conclusión es que al final nada o poco queda, “pacer del viento”, olvido, y un sueño atroz que ayuda a pasar una buena noche.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=DCVh1ir_NKg.

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