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Excelente film sobre la viciada política y las soluciones arriesgadas

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película tiene con elemento conductor: la política italiana. Enrico Oliveri (Tony Servillo) es el Secretario General del partido principal en la oposición (supuestamente el Partido Socialista), partido que por razones diversas ha perdido votos, apoyos, y ha entrado en una profunda crisis. Tras una dura crítica en un mitin de su partido de parte de una militante descontenta que le dice que se vaya a voz en grito, Oliveri deja de lado la política, abandona todo, incluyendo hogar y esposa, y se marcha a Francia, a casa de un antiguo amor, en la actualidad casada con un famoso director de cine y con una hija. Por más que en ese punto su ayudante hace lo imposible para salir de tan embarazosa situación, lo mejor que se le ocurre es buscar al hermano gemelo Giovanni Emani, un alocado y divertido filósofo, para que lo sustituya transitoriamente. El tal hermano, interpretado también por Servillo, claro, es un enfermo maníaco-depresivo, lo que hoy se conoce como bipolar, que ha salido recientemente del Hospital Psiquiátrico donde se encontraba, contenido por la medicación. Y contra todo pronóstico, el discurso de Giovanni, sus maneras sueltas, ocurrentes y displicentes constituyen todo un acierto político, y el electorado recobra la confianza en el doble de Enrico, sin saber que no es Enrico, obviamente.

La verdad es que estamos ante una película magníficamente dirigida por Roberto Andò, con guión del propio Andó y Angelo Pasquini que trazan una historia aparentemente surrealista e incluso cómica, pero que no lo es tanto, como ahora explicaré. Es más bien una satira a la actual política italiana y yo diría que europea, y desde mi modo de ver, un aviso para navegantes, sobre acontecimientos que pueden precipitarse y ocurrir en el actual panorama político europeo; pero en peor a lo que sucede en la película, que al fin es un sarcasmo. La música que acompaña estupendamente algunas escenas es en gran medida La forza del destino de Giuseppe Verdi (1813-1901), ópera cuyo libreto, escrito por Francesco María Piave, está inspirada en la obra del conocido dramaturgo español Ángel de Saavedra, más conocido como el Duque de Rivas (1791-1865), Don Álvaro o La fuerza del sino; y la buena fotografía de Maurizio Calvesi acompaña bien la obra.

Por supuesto el peso de la película recae interpretativamente hablando sobre el estupendo actor Tony Servillo, que hace de Enrico y del hermano Giovanni, gemelo con él. Servillo hace el papel que sabe hacer, sin sobresaltos, con su mirada fija y su facies casi hierática, pero dotando de total expresividad y credibilidad a los dos personajes que interpreta. Servillo en fin, se da el gusto de interpretar a sus anchas y de la mejor manera que sabe, lo cual que es mucho, y además en dos papeles muy diferentes. Acompañan a la perfección actores y actrices como Valerio Mastandrez, Valeria Bruna Tedechi, Michela Cescon, Anna Bobaiuto, Eric Nguyen, Judth Davis y Andrea Renzi.

La película quiere ser, como decía, una gran crítica a la política italiana, y a otras, pero la verdad no acaba de animarse a dar el mordisco final a la farsa que vivimos. Y es que Enrico es uno de tantos políticos ya amortizados, agotados, viciados en el sistema convencional del actual Staff político de farsa y corrupción, de los actuales dirigentes al uso que no saben ofrecer ilusión ni pasión al electorado, como luego dirá su hermano en un mitin. Cuando Enrico es sustituido por Giovanni, éste, más loco que cuerdo y con mucha soltura de cuerpo y verbo, expone sus ideas un tanto alocadas pero frescas, tanto a la prensa como los electores. Intimida a sus adversarios políticos, habla públicamente de la necesaria pasión para vivir, refiere a sus seguidores la necesidad de que se pregunten a sí mismos qué desean de la política y para el país, pasea indiferente por la playa descalzo, baila, tontea con la canciller bailando un tango, es decir, es un mensaje en general insolente, fresco y tentador para el gran público. Giovanni, en fin, se apresura a renovar la aletargada rutina parlamentaria y electoral con sus desplantes y piruetas impredecibles Ha roto, a pesar de su bipolaridad y de su locura, la inercia aburrida de su patético hermano que ha ido a refugiarse en las faldas de una antigua novia (novia o amante que fue por cierto de ambos). Como que el hermano bipolar fuera la solución para una especie de regeneración moral y política, en vista de la crisis que se respira, para hecer saltar los protocolos establecidos a fin de poner en evidencia las fórmulas gastadas.

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Y ahora haré unos apuntes que entreveo en la trama y que hablan del espíritu humano. Decimos los que sabemos un poquito sobre estas cosas, que cuando una sociedad o una organización está falta de auténtica regencia, donde campa el laissez faire, laissez passer”, la permisividad, la corrupción, la sobreindulgencia, etc., no es raro que aparezcan lo que el conocido Dr. Woodwury en su El psicoanalista sin diván denominó “gobernantes locos”, esto es, líderes caracterizados por la impulsividad, la libertad máxima o la transmisión de ideas singulares y estrafalarias tendentes a alguna forma de conducción salvadora. Son gobernantes como Giovanni, supuestamente en su pico alto de ánimo, exultante (la bipolaridad o ciclotimia hace que el paciente bascule entre la manía, el optimismo extremo, a la depresión); y con esos mimbres de exultancia encandila tanto a los electores como a su equipo dentro del partido, que queda fascinado por la reflexividad aristotélica de Giovanni, que a las preguntas de los periodistas responde con nuevas preguntas. Este extremo me recuerda también otro fenómeno que se da en las recientes investigaciones sobre la “sabiduría”. Y es que la pobre Psicología está redescubriendo lo que textos sagrados, filósofos o poetas y yo diría que cualquier persona reconoce, esto es, que hay gente sabia. Pues bien, en la investigación de esta cualidad cumbre hay muchas dificultades, pues los productos sabios no se pueden conocer sobre la marcha como la memoria o la inteligencia, para las que se aplican tests se corrigen y se emite un diagnóstico al momento. Los productos sabios se revelan como tales con el tiempo, de manera retrospectiva. Alguien puede exponer una supuesta incongruencia y ser descalificado, y con el tiempo revelarse como un producto sabio. Y al contrario, puede ocurrir el denominado Síndrome de Polonio. Polonio es un personaje de la obra Hamlet de Shakespeare, que aconseja y habla contradictoria y estúpidamente sobre asuntos relevantes de la vida. Pues bien, el llamado Síndrome de Polonio se refiere a la dificultad en la investigación sobre sabiduría según la cual existe la probabilidad de que un tonto pueda aprender a decir todo lo que una persona sabia dice y a decirlo en las mismas ocasiones”; y pasar por ser un gran sabio. Pues bien, en el caso de esta película, Giovanni no es un tonto, sino alguien que desvaría y que hace enunciados aparentemente profundos, sabios y atractivos políticamente, siendo una persona que no está en sus cabales.

Entonces, cuidado con los líderes locos; creo que nosotros tenemos algunos ya en ciernes, y no es que yo sea de la cuerda de los de siempre, pero como dice el refrán, más vale mal conocido que malo por conocer. Y desde luego, un relevo no se hace de la noche a la mañana.

Quizá las revoluciones hagan falta, aunque la Historia demuestra que siempre fracasan y que al final hay que tener suerte para salvar el cuello (la Revolución francesa, Lenin, Mao, Pol-Pot, la revolución del 68); y no sólo eso, sino que tras cada revolución los interesados de siempre se vuelven a hacer con el poder y la gloria. Ya dijo Cristo que tuviéramos cuidadito con los “falsos profetas”. Es mi parecer que el carisma aliena, y cuando atisbo o huelo que llega un “salvapatrias”, me echo a temblar. Pues creo que de eso también habla la película.

El caso es que al final de la película este hermano loco, Giovanni, le ha remontado la intención de voto a Enrico quien finalmente vuelve, supuestamente con la lección aprendida, y con las mismas mañas que su gemelo, retomando el partido, pero en un escalón superior del que lo había dejado.

En resumen, se trata de una película que pretende reflexionar con desenfado y amenidad sobre el desencanto de la sociedad con el mundo de la política, una parodia desenvuelta, a la vez con toques de humor y drama, donde un loco es capaz de transmitir sensibilidad y atractivo como líder de un partido político, doblando al cuerdo pero aburrido hermano.

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