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Excelente film británico con la Tatcher de nuevo en la diana

Por Enrique Fernández Lópiz

Realmente me ha sorprendido el magisterio como director de Matthew Warchus, un director poco pródigo, que con esta obra Pride logra hacer vibrar al espectador en sus asientos y sentirse más humano y solidario. Es su segundo film, dieciséis años después del primero (Círculo de engaños, 1999), de este muy reputado director teatral. De hecho, Warchus logra armar esta fantástica película a la que dota de un magnífico acompañamiento musical, gracias a su experiencia como director de musicales en el West End londinense y en Broadway. El guión de Stephen Beresford está muy bien escrito, con una trama que rueda ágilmente contando una historia social, pero también muy entrañable. La música de Christopher Nightingale es estupenda. La película comienza y acaba con dos canciones emblemáticas del movimiento obrero anglosajón: Solidarity forever (Ralph Chaplin, 1915) interpretada por Pete Seeger; y There is power in a union (Joe Hill, 1913), por Billy Bragg. Y a mitad de película, en un momento crucial de emotividad desbordante, un coro emociona al máximo interpreta la mítica Pan y rosas, exponente que fue como himno de un movimiento sindical genuinamente femenino en Massachussets, 1908, y que ha inspirado a muchos colectivos a superar situaciones de injusticia y a aspirar a un mundo más digno para todas las personas. La letra es un poema de James Oppenheim que transcribo al final de estos comentarios; en la película, la voz principal corre a cargo de una jovencísima Bronwen Lewis, oriunda de Onllwyn, el poblado minero en Gales donde se sitúa la historia.E igual de buena que la música es una dorada fotografía de Tat Radcliffe que recrea el clima en todo sentido del film.

Se sitúa la película en el verano de 1984, con Margaret Thatcher como Primera Ministra del Gobierno en Inglaterra. El sector minero anda en huelga desde hace mucho tiempo, como muchos recordarán, por la huelga que convocó el Sindicato Nacional de Mineros (NUM). Paralelamente y antes de la manifestación del Orgullo Gay en Londres, un grupo de lesbianas y gays se dedica a recaudar fondos por todos los medios para ayudar a las familias de los mineros en alimentación, ropa y lo que fuere menester. Al principio el colectivo gay es tratado con reticencia por los rudos y pueblerinos hombres que no aceptan el dinero. El grupo de jóvenes decide entonces montar en su furgoneta y ponerse en contacto directo con los mineros, yendo a un pueblecito de Gales. Es de esta forma como empieza esta singular historia de dos comunidades antagónicas, mineros y homosexuales, que acabarán unidos el mismo día del Orgullo gay en Londres, aunando fuerzas en la consecución de objetivos distintos con un frente común: la exclusión y la mano dura del gobierno. Esta improbable unión solidaria entre activistas gays y mineros asediados es una historia que no por conmovedora deja de ser real. Fue una asociación prejuiciosamente ‘contra naturam’ entre un grupúsculo de activistas ‘gays’, todos de colores, y los mineros de un pueblo del sur de gales, todo gris, durante la huelga de 1984 y 1985 en Inglaterra.

El reparto está compuesto por un grupo de excelentes actores de todas las edades, actores y actrices como Ben Schnetzer, Monica Dolan, George McKay, Bill Nighy, Andrew Scott, Imelda Stauton, Dominic West, Paddy Considine, Joseph Gilgun, Sophie Evans, Jessie Cave y Freddie Fox que conforman un grupo actoral de primer orden y excelentemente conjuntados por el magnífico trabajo de Matthew Warchus.

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Calamity Films, de nombre para reír, es la productora de esta entrañable película. Si digo la verdad, esta película la ponen en mi ciudad en un extraño cine de los antiguos, de los que se ha resistido a ser demolidos ni a convertirse en multi-salas, regentado y atendido por una “extraña” familia y empleados, y donde por lo común ponen buenas películas de poca proyección comercial. Y la verdad es que creía que ponían otra peli, pero la habían cambiado por esta en ese mismo día. Y la verdad, nada más ver un poco el cartel anunciador y sus alusiones a Full Monty, 1997, de Peter Cattaneo, ya me animó a no dudar y comprar la entrada. E igual asocié conforme la iba viendo con otras obras: Lloviendo piedras, 1993 de Ken Loac, más dramática; Pago justo, 2010, de Igel Cole, otro film social inglés muy bueno. Pero esta es más entrañable e incluso por momentos sensiblera, pero en el buen sentido, de hacer aflorar los sentimientos de la solidaridad y la comprensión hacia un colectivo que todos sabemos ha sido secularmente marginado y maltratado: homosexuales, o como dicen en la peli: gays y lesbianas.

En el fondo, cuando uno ve esta película o recuerda otras, no puede evitar pensar eso que suele decirse de que nadie ha hecho más por el cine británico que Margaret Thatcher.

Entre premios y nominaciones, este film obtuvo en 2014: Globos de Oro: Nominada a Mejor película – Comedia o musical. Premios BAFTA: Mejor debut de un escritor, director o productor británico. Quizá habría merecido más fortuna.

Es una película hecha para gustar en el mejor sentido de la palabra, pues trata temas sensibles que aún merecen la consideración y el general respeto de los ciudadanos. Hasta el mismísimo Papa actual, Francisco, contrariamente a la actitud sostenida secularmente por la Iglesia ha declarado públicamente por este sector de población homosexual su respeto y actitud de brazos abiertos.

Pero sigamos con la Tatcher y el film.Thatcher, más allá de análisis socioeconómicos y etcéteras, creó una fractura muy profunda y grave en lo más hondo de la sociedad británica, agudizando las diferencias económicas y de otro tipo, y dejando al margen de las orillas del Támesis una larga cola de parados e indigentes. Eso cualquiera que recuerde la época de los ochenta lo pudo observar en prensa, radio y Televisión. Y con el tiempo, el cine se tomó su venganza. Y el film lo pone a las claras en esta comedia-drama, ciertamente con humor

Es una obra social, como he apuntado ya, eso que los anglosajones llaman feel good movie. Este película no renuncia ni a la gracia de los obreros ‘stripers’ de Full Monty, ni al afán más reivindicativo de Lloviendo piedras, ni a la lucha encarnizada de las mujeres por la igualdad salarial en Pago justo. A todo ello le unen la reivindicación del orgullo gay, una condición que se da en una proporción de personas en nuestra sociedad y que merece toda la consideración que no tuvieron en el pasado. Y como decía antes, el nódulo del film, aparte de director y el guionista, corre a cuenta de un plantel de intérpretes clarae irrenunciablemente británicos entre los que ahora quiero destacar, entre todos, a Bill Nighy, Imelda Stauton y Paddy Considine que son auténticos monumentos del mundo actoral británico.

Yo la recomiendo, sé que no es una película comercial; es más cine independiente y seguro que se distribuye mal, pero creo que hay que verla, pues el cine no sólo es diversión –lo cual que esta película tiene a raudales-, es también instrumento de movilización y educación. Es por ciertouna película apta para todos los públicos, pero no es película vacía, facilona ni demagógica. Como escribe Martínez: Pride se disfruta sin querer, emociona sin avasallar, divierte sin ofender.Definitivamente, esta es la película que todo el mundo recomendaría a todo el mundo sin la menor posibilidad de arrepentimiento. A la única que quizá no le haga gracia sea a Margaret Thatcher. O sí. Quién sabe. Cantemos a coro: ‘Solidarityforever’. Pues eso”.

Pan y rosas

Mientras vamos marchando, marchando a través del hermoso día
Un millón de cocinas oscuras y miles de grises hilanderías
Son tocados por un radiante sol que asoma repentinamente
Ya que el pueblo nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas! 

Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres
Ya que ellos son hijos de mujeres, y los protegemos maternalmente otra vez
Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡dennos pan, pero también dennos rosas! 

Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas
Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan
Sus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza
¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas! 

A medida que vamos marchando, marchando, traemos con nosotras días mejores
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la humanidad
Ya basta del agobio del trabajo y del holgazán: diez que trabajan para que uno repose
¡Queremos compartir las glorias de la vida: pan y rosas, pan y rosas! 

Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte
Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos
¡pan y rosas, pan y rosas!

James Oppenheim

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