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Evacuación, supervivencia y angustia

Por Enrique Fernández Lópiz

Dunkerque es una película que nos coloca de manera cruda frente la fuerte carga de angustia de los aliados en la primera gran batalla contra Alemania en la II Gran Guerra. Sin embargo es una obra a la que le falta, según mi parecer, encuadre histórico, pues ignora el punto crítico que la derrota militar que describe supuso para el devenir de esta sangrienta y decisiva contienda para el orbe civilizado. Si el milagro de Dunkerque no se hubiera producido, si hubiera concluido en una rendición, los nazis habrían entronizado el caos y la tiranía en Europa. Esa retirada milagrosamente exitosa, fue obra también de los ciudadanos civiles. E igualmente el terrible evento alertó a los EE.UU. para que nos ayudaran a salvarnos (de nuevo) de la quema. Aquella retirada en masa, como dijera el Primer Ministro británico Winston Churchill, fue “un coloso desastre militar en el que el corazón, y el cerebro del ejército británico quedó aislado y a punto de perecer o ser capturado”. Por suerte no fue así. La cinta es una producción entre Países Bajos, el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos

Corría el año 1940, plena Guerra Mundial. Los británicos, franceses y otros aliados quisieron oponerse al apabullante avance de Hitler y en una batalla mal planteada por Maurice Gamelin (actuación vacilante y con escasa respuesta), cuatrocientos mil soldados derrotados se vieron atrapados en una encerrona en la playa de Dunkerque, donde se enfrentaban a una repliegue sin precedentes ante el avance del ejército enemigo que los tenía a su merced. Estaban arrinconados por los alemanes en una estrategia militar denominada el “Corte de Hoz” o Plan Manstein, con el cual consiguieron flanquear a las Fuerzas Aliadas. Sorprendidos en una maldita playa con el mar frente a ellos, la tropa vivió terribles momentos de angustia que iban en aumento a medida que el enemigo se aproximaba.

Film basado en la famosa Batalla de Dunkerque que cuenta la Operación Dinamo, con la que se lograron rescatar a más de trescientos mil hombres que iban a ser masacrados; jóvenes soldados que consiguieron arribar a la costa británica con la ayuda incluso de embarcaciones civiles. Pero esta evacuación sólo fue posible por la inexplicable “Orden de alto” tomada por Gerd von Rundstedt y Günter von Kluge (luego aprobada por Hitler), según la cual las tropas debían frenar su avance sobre Dunkerque. Esa parada de tres días dio la opción impensada por los mandos aliados de rescatar a 330.000 mil soldados, de los treinta o cuarenta mil que habían calculado dadas las circunstancias.

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El ampuloso director Christopher Nolan de tantos “Batmanes” a sus espaldas, “plantea de manera precisa y admirable un relato minimalista, epidérmico y hasta cierto punto simple sobre el ejercicio de la supervivencia en un conflicto bélico” (Qim Casas). Y así es, pues la cinta es muy escueta, técnicamente impecable pero sencilla, sin alardes ni ornamentos, con un guión del propio Nolan que contiene muy pocos diálogos y escrito, como luego diré, desde las perspectivas de tierra, mar y aire; una cinta en la que Nolan pasa su efectismo anterior en filmes de ficción, a la realidad de la guerra. Obra que habla de la inseguridad que implica estar en un lugar de batalla, que es un espacio donde el soldado puede morir en cualquier instante y de cualquier forma: en un barco blindado bombardeado, con un disparo tras una duna de la playa o ametrallado por un avión. Algunos quieren ver en esta escenografía la imagen del hombre solo ante un abismo, un hombre “consciente de su miedo, de su libertad radical […] y del sentido profundo del tiempo” (Martínez). O sea, eso que Kierkegaard o la Psiquiatría definen como “angustia”. Desde luego es lo menos que se puede sentir en una situación tan terrible como un cerco brutal a cara de perro con la pura pólvora y la metralla.

Hay tres aspectos que quiero resaltar como meritorios de este film. El primero es que el espectador, casi desde el primer instante, siente una escalada de tensión que no da tregua, aunque no ahoga. Y acompañando a esta narración in crescendo, una excelente la banda sonora compuesta por Hans Zimmer, habitual con Nolan, que parece seguir cada imagen angustiosa del film. La música subraya ese ambiente de terror entre los combatientes gracias al tono de Shepard, una ilusión sonora que podemos escuchar ya desde el inicio, consistente “en varios tonos, separados por una octava, que suenan simultáneamente. A medida que ascienden, los tonos más altos se disipan mientras que los más bajos ganan fuerza. Al ponerlo en bucle, el cerebro cree que está escuchando un sonido ascendente, cuando es algo estable” (Elío). De esta manera la música transmite una sensación de tensión in crescendo, como si las puertas del averno se fueran a abrir en cualquier momento. La música la puedes escuchar aquí.

La segunda cuestión meritoria y digna de agradecimiento resulta del hecho de que el director no haya planteado un film plagado de miembros sangrantes amputados por las bombas y desperdigados por la arena de la playa, ni vísceras, ni cabezas volando de un disparo, ni otros detalles por demás escabrosos en los que alguna obra de guerra ha abundado recientemente, por ejemplo, de Mel Gibson, 2016, Hasta el último hombre, un derroche de sangre y casquería sobrante desde mi modo de ver. Pero se puede recordar también Salvar al soldado Ryan (1998) de Spielberg, los treinta minutos iniciales del desembarco de Normandía. En esta nos libramos de tanto detalle tremendo.

El tercer aspecto es que Nolan no incurre en el error de las bombas a discreción o los disparos a diestro y siniestro, sino que acierta a integrar los efectos visuales en la historia sin que den la impresión de ser un artificio. Aquí ayuda mucho la magnífica fotografía de Hoyte Van Hoytema, amén de una maravillosa puesta en escena.

La película va poniendo al espectador en diferentes encuadres: en un barco, en un avión, en las arenas infinitas de una playa de muerte, en los corazones a la desesperada, en el temblor. “Es el tiempo detenido en la piel, dulce y áspera a la vez, del cine” (Martínez).La película se desarrolla en tres encuadres paralelos en el tiempo pero en diferentes localizaciones. 1. Un soldado que huye a ninguna parte para salvar la vida a toda costa. 2. Un barco civil surcando el canal de La Mancha para rescatar a la tropa aliada. 3. El destino de un valiente piloto de la RAF en un viaje sólo de ida. Estos son los enmarques, siempre aguantando la respiración y deseando que todo concluya de la mejor manera. Además, “la historia avanza a diferentes velocidades, que sin embargo no despistan […] (Nolan) baraja las semanas, los días y las horas como un prestidigitador” (Marín Bellón). Este ardid está muy bien usado y colabora de forma muy eficiente a modificar el cuadro general de la guerra, de la que sólo aparecen bosquejos.

Estamos ante una película coral donde no destaca particularmente ningún actor protagonista y donde todos hacen muy bien sus respectivos trabajos. Actores y actrices como Fionn Whitehead (el soldado británico cuyo afán es sobrevivir como sea), Tom Hardy (piloto de la Real Fuerza Aérea Británica), Mark Rylance (señor Dawson, éste sí, personaje capital, marinero civil, hombre anónimo y modesto que sólo quiere salvar vidas sin esperar nada a cambio), Tom Glynn-Carney (Peter, hijo de Dawson), Kenneth Branagh (el Comandante Bolton a cargo del muelle durante la evacuación), Harry Styles (soldado británico), Jack Lowden (otro piloto de la RAF), Aneurin Barnard (soldado raso), Cillian Murphy (soldado con el TES), James D´Arcy (Coronel Winnant), Barry Keoghan (George), Bradley Hall, Damien Bonnard, Jochum ten Haaf y Michel Biel. Nivel de excelencia para el conjunto.

Nolan traslada al espectador de manera veraz, creíble, los intensos sentimientos de pavor e indefensión de los soldados que acorralados en Dunkerque. Como dice Boyero: “En varios momentos descubro que me asalta el respingo y el acojone cuando las balas y las bombas están cebándose con esa gente que se ha metido en una ratonera, me olvido de que es una película, comparto lo que sienten los personajes. El director consigue ese efecto mediante una gran creación de cine puro”. Pues sí, así es, pero ¿es esto cine puro?

A mi modo de ver, al tratamiento de tamaño hito en la Historia reciente de la humanidad en la lucha contra el “mal” nazi, le falta un poco más de fondo, algún tejido dentro del guión, una urdimbre más tupida sobre la importancia que para el futuro de Europa tuvo ese dar un paso atrás que salió así porque Dios quiso, que fue el acontecimiento que permitió tomar impulso con la ayuda americana primero, y la soviética en el frente oriental después, para acabar con el maligno nazismo.

De otra parte, el tema de la guerra, de la desazón de la soldadesca y el instinto de supervivencia, ha sido contado docenas de veces en el cine con más enjundia que en este film que tan buenas críticas recibe y que para mí merece meramente el visto bueno pero sin honores. Entre otras, estoy por afirmar que muchos de los asistentes a las salas de cine no entenderán el sentido de Dunkerque, pues la mayoría desconocerá la historia: origen, desarrollo, balance, conclusión y consecuencias de la tal batalla, pues de eso apenas se ofrecen unos apuntes muy concisos en la cinta.

Recomendación: si vas a ir a esta película, consulta tus libros de Historia, una Enciclopedia o Wilkipedia para enterarte bien cómo fue la derrota y retirada aliada en Dunkerque. Y te darás cuenta que fue una pifia en toda regla y que los mandos aliados no calibraron bien el potencial militar teutón. Y tras conocer esto, entonces sí cobrarán más sentido las imágenes excelentes del film.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=F-eMt3SrfFU.

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