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Estupendo western dramático y de aventuras de Hathaway

Por Enrique Fernández Lópiz

El alguacil Reuben J. Rooster Cogburn (John Wayne), es un agente de la Ley que puede incursionar en territorio indio, lugar en el que el Sheriff del pueblo no tiene jurisdicción. Es un individuo rudo, arisco, tuerto y con parche, alcohólico y de pasado turbio, que ejerce también de caza-recompensas. Mattie Ross (Kim Darby) es una muchacha inteligente, arrojada, valiente y resuelta, a la vez que frágil e ingenua, que ha viajado un largo trecho desde su rancho, para hacerse cargo del cadáver de su padre y vengar su muerte, pues fue asesinado; Mattie a sus dieciséis años es la mayor de tres hermanos y la responsable de la contabilidad de la finca del padre. Para su objetivo contrata a Cogburn, para que aprese o mate al asesino de su padre, Tom Chaney (Jeff Corey), un malhechor peligroso. En su misión para encontrar a Chaney pasan días enteros cabalgando en duras condiciones. Cogburn tiene que aceptar ser acompañado por la tozuda muchacha Mattie y el agente de los Rangers de Texas La Boeuf (Glen Campbell), que también busca al criminal Chaney por haber asesinado en su Estado al senador Bibbs. Aunque al principio el grupo funciona con mucha queja entre ellos, finalmente se convertirán en un equipo conjuntado, en el que todos se ayudan y colaboran para cumplir su misión, formándose incluso lazos afectivos importantes entre la joven y los dos hombres. Una ‘road movie’ o ‘buddy movie’ en toda regla, dentro del más amplio género western.

Un cartel del film lo deja claro y reza: “El más extraño trió para coger a un asesino: un valiente, tuerto U.S. Marshall que nunca ha conocido un día sobrio, un Ranger de Texas sediento de generoso dinero y una chica todavía en pañales a la que no le importaba lo que hubieran hecho o quiénes eran, siempre y cuando tuvieran Valor de Ley”.

Qué decir del gran director que fue Henry Hathaway (1898-1985), un director prolífico con docenas de películas desde 1932 hasta 1974, una gran parte de ellas dedicadas al Western, si bien hizo también cine negro y de aventuras. Fue hijo de actores y su nombre completo era Marquis Henri Leonard de Fiennes Hathaway nada menos. Uno de los grandes directores norteamericanos, por su obra de amplio espectro, con un cine medido, muy hábil y eficaz. Un cine vitalista, poco estridente, y de una gran nitidez visual, como la película que ahora voy a comentar.

En este film, Hathaway despliega todas sus virtudes y obtiene un western entrañable, luminoso y muy alegre, a pesar de los muchos acontecimientos trágicos que suceden en la historia.

Gran guión Marguerite Roberts, adaptación de la novela True Grit (1968) de Charles Portis, considerada una novela muy importante en su momento. La historia está contada desde la perspectiva de Mattie Ross, la adolescente que busca hacer justicia por el asesinato de su padre (por cierto, la actriz Kim Darby, que encarna a Mattie, tenía en ese entonces 21 años, aunque da el pego). Pues bien, el libreto de M. Roberts consigue perfectamente conducir esta historia de manera dinámica y amena, interesantes y divertidos diálogos, y un ritmo muy acertado para la trama. Apunto aquí que en 2010 se hizo un remake de este film, con el mismo título, que fue escrita y dirigida por los hermanos Coen y nominada a diez premios de la Academia de Hollywood, aunque no consiguiera ninguno.

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La música de Elmer Bernstein, que alterna el estilo jazzístico y el sinfónico, es muy apropiada para esta película, una partitura vibrante que anuncia los momentos de peligro, amenaza, lucha o victoria, orquestada con instrumentos de viento, sobre todo la melodía a cargo de trompetas agudas; paralelamente con el paisaje, los cortes sonoros generan sentimientos de implicación con recursos épicos o líricos. Cuenta igualmente con una preciosa y luminosa fotografía en Technicolor de Lucien Ballard, composiciones soberbias y emotivas con imágenes luminosas de intenso y natural cromatismo; predominan las escenas otoñales acordes con el tono delicadamente melancólico del film. Los exteriores son maravillosos, rodados en unos parajes naturales bellísimos y bien elegidos, escenarios naturales de Colorado, CA y México (Durango).

La película tiene un reparto de lujo. Por empezar, John Wayne, el símbolo por antonomasia del western, está genial y hace lo que mejor que sabe hacer: de vaquero duro, beodo y de gatillo ágil, con su imponente presencia y un trabajo actoral que le valió, entre otros, un Oscar, su primer y único Oscar; cuando lo recibió soltó la famosa frase: “Si lo hubiese sabido me habría puesto el parche 35 años antes“. Glen Campbell, además de su excelente interpretación como Ranger tejano, es también cantante y autor de la bonita canción del film, del mismo título (“True Grit”), igualmente nominada al Oscar y que puedes escuchar aquí, en este documento tributo a Wayne: https://www.youtube.com/watch?v=me8b622STtY. Kim Darby, genial como valerosa y obstinada joven fue nominada en los BAFTA a mejor actriz promesa de aquel año, aunque luego la promesa no tuviera el progreso que se vaticinó entonces. Y tiene la película un elenco de actores de reparto de primera línea donde destacan los por entonces aún no bien conocidos Dennis Hopper y Robert Duvall; y acompañan los siempre presentes del género Jeremy Slate, Jeff Crey y Strother Martin; y la breve aparición del habitual Hank Worden. Como escribiera Morales: “Interesante historia que le valió un merecidísimo Oscar al legendario John Wayne. Secundarios de lujo para todo un éxito comercial. Interesante“.

Premios y nominaciones en 1969: Oscar: Mejor actor (John Wayne). 2 nominaciones. Globos de Oro: Mejor actor – Drama (John Wayne). 3 nominaciones. Premios BAFTA: Nominada a Mejor promesa (Kim Darby).

A mí me ha gustado bastante esta película. Soy un amante del western y en éste hay elementos tan irregulares que resultan curiosos. Quizá el más destacado sea ver a un John Wayne interpretando a un hombre ya mayor, tuerto, borracho, solitario, al borde de la Ley, tosco e incluso odiado, o sea, el anti héroe, que empero, cuando es llegado el momento, que es en varias ocasiones a lo largo de la cinta, hace lo que tiene que hacer, o sea, se porta como el valiente que lleva dentro. No hace falta más que recordar la secuencia del duelo en la que él solito, a caballo, coge el revolver con la mano izquierda, el rifle con la derecha, las riendas con la boca y arremete al galope contra cuatro hombres muy peligrosos que galopan hacia él fuego a discreción. Es una escena MUY emocionante y que aconsejo la veáis porque pone los pelos de punta.

En conclusión, es una película sencilla, incluso previsible, pero a la vez cautivadora. Junto al gran John Wayne, una jovencita independiente, imaginativa, descarada y con firmes convicciones presbiterianas que acaba ganándose, no sólo a los protagonistas, sino al público todo. Con momentos de humor, también de tensión, un western dramático y de aventuras. Hathaway pone de manifiesto su capacidad de componer un relato encantador, sugestivo, rico en detalles y capaz de mantener la atención del espectador todo el metraje. Como era en él usual, integra el paisaje en el drama, lo cual le aporta grandeza y sentido épico. Y además, dibuja el estado de ánimo de los personajes, sus deseos y la evolución que en ellos se va produciendo en el transcurso de la historia. Aconsejable para quien no la haya visto.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ruTdCaAWTNA.

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