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Estoy hecho un perro

Por Jon San José Beitia

Producción de corte familiar en la que Tim Allen interpreta a un hombre de familia que comprueba como su vida se tambalea al sufrir en sus propias carnes los efectos secundarios de un experimento secreto desarrollado para convertir a cualquier especie en perro.

La película tiene un tono desenfadado que ayuda a seguirla con facilidad, logrando despertar la simpatía del espectador con una serie de situaciones cómicas que funcionan gracias al tono jocoso que le otorgan los responsables de la película a la misma. El argumento sigue las pautas habituales de este tipo de productos, ofreciendo una sucesión de situaciones de enredo, donde el eje central de la historia recae en la relación del personaje principal con su familia y cómo su particular transformación en perro llega a ayudarle a descubrir cosas que no sabía de sus seres queridos; cuenta con unos efectos especiales correctos, al tiempo que poco serios, ya que ni los propios responsables de la película se lo toman en serio, pero logran ofrecer momentos ingeniosos y divertidos.

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Tim Allen y sus gesticulaciones se convierten en protagonistas absolutos del relato, logrando aportar a su personaje el carisma necesario para que el relato se siga con cierto interés. Su interpretación no es memorable, incluso roza lo ridículo, pero cumple con su función, la de despertar la simpatía del espectador. Como anécdota, decir que por la película se pasea Robert Downey Jr., que por aquel entonces arrastraba problemas de imagen por su adicción a las drogas y el alcohol, haciendo que aceptara pequeños papeles como el que interpreta en esta película.

 El director distribuye con acierto las situaciones cómicas, alternando los problemas familiares del protagonista  y ofreciendo un tratamiento desenfadado de los problemas habituales que pueden presentarse entre padres e hijos. Maneja con acierto los efectos especiales y los sabe combinar con las imágenes reales, evitando caer en el abuso excesivo de efectos digitales. No pasará a la historia de las mejores películas del cine mundial, pero cumple con lo que se espera de ella: ofrecer un entretenimiento desenfadado e hilarante que logra hacer pasar un rato ameno al espectador gracias al humor que desprende.

En ocasiones, hay que recordar el niño que todos llevamos dentro y disfrutar de este tipo de productos familiares que, desde su baja calidad técnica e interpretativa, logran ofrecer un entretenimiento agradable; cine por y para toda la familia.

Jon San José Beitia

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