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Espionaje y guerra fría en una entretenida pompa de jabón

Por Enrique Fernández Lópiz

Atómica es una película de espías durante el período de la denominada Guerra Fría. Sí, de esas donde hay mucha falsedad, tanta que se traslada a la trama donde en ocasiones el espectador puede no saber bien quiénes están en un bando o en otro. Pero es también, y ahí me parece que se puede poner el foco, una cinta de mucha acción y violencia con una Theron imparable que no deja títere con cabeza. Como decía este viernes la crítica de cine Conchita Casanova: “Feliz ‘atómico’ fin de semana’”.

Se desarrolla el film en aquel ya mítico 1989 cuando el muro de Berlín está a punto de caer y Berlín era un horror, una ciudad asolada por la división entre quienes querían continuar bajo el yugo de la URSS y quienes a gritos pedían la libertad y el derrumbe de las barreras de todo tipo. Un espía encubierto del M16 aparece muerto. El tal agente tenía una lista con los nombres de espías encubiertos que ejercían sus labores en Berlín, y la quería pasar a occidente. En el film, Lorraine Broughton (Charlize Theron) es una espía que me ha recordado a la película basada en novela de Le Carré, de Martin Ritt, El espía que surgió del frío (gran película de 1961, con Richard Burton y Claire Bloom), pues Lorraine, entre otras, surge literalmente del frío amaneciendo desnuda en una bañera llena de cubitos de hielo. Pues bien, es Lorraine Broughton quien debe encontrar por todos los medios la tal lista. Para lograr su cometido Lorraine no se detiene ante nada y se enfrenta a todo tipo de sicarios del KGB, la Stasi (órgano de Inteligencia de la República Democrática Alemana: Ministerium für Staatssicherheit) y otros violentos agentes. Lorraine se sumergirá sin miedo y sin temor en un mundo en el que nadie parece ser quien dice ser: desconfianza en estado puro.

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Es la primera película que dirige David Leitch en solitario, de espías propiamente del siglo XXI bien confeccionada técnicamente, que contiene un mcguffin interesante, cuya historia está bien expuesta. Ahora bien, entretiene durante la proyección, pero al cabo de unas horas se puede reparar que en la película predomina, tras la fachada, una obra vacía, una especie de bonita pompa de jabón.

El guion de Kurt Johnstad, basado en la serie de novelas gráficas La ciudad más fría, creada por Antony Johnson y Sam Hart, es dinámico y sobre todo violento y con escenas de sexo lésbico expuestas con naturalidad y convirtiendo el cómic dibujado en blanco y negro y de trazos sencillos (la ‘rubia atómica’), en una explosión de color y variadas sensaciones (la tal novela es según Partearroyo “lacónica, angulosa, en claroscuro frankmilleriano”). Pero el libreto puede resultar un tanto enrevesado, fastidioso, incluso inútil de seguir para el espectador. Pero no hay cuidado, pues la “trama es casi minimalista […] menos sorprendente de lo esperado” (Qim Casas). O sea, hay que limitarse a ver acción y tener una “atención-desatendida” o “libre-flotante” como se dice en psicoanálisis, mirar prestando una atención que sobrevuele a la historia en sí, sin gastar mucha energía en seguir el complejo entramado, sino meramente mirando golpes y persecuciones; el resto viene rodado, que lo digo yo.

La música de Tyler Bates consiste en un listado de piezas ochenteras de exquisito gusto y potencia, utilizadas aleatoriamente como si se pretendiera con eso tapar alguna falta de pericia en otros terrenos del rodaje y elevar instantes que lamentablemente carecen del fuste preciso. Estupenda fotografía de Jonathan Sela que enmarca la narración en tonos sepia muy apropiados para el tema y la época.

La película tiene una carismático reparto de intérpretes donde destaca por encima de todos Charlize Theron, áspera y sinuosa, la eficaz agente británica protagonista; descomunal James McAvoy como el espía encubierto y de resaca permanente; me ha gustado especialmente la actriz argelina Sofia Boutella con quien la Theron mantiene algunos cameos y que interpreta el papel de la agente francesa Delphine Lasalle. Estupendo John Goodman como Emmet Kurzfeld, jefazo; y, en fin, todos los actores y actrices cumplen perfectamente con sus roles: Eddie Marsan, Toby Jones, Bill Skarsgård, Roland Møller, Attila Árpa, Sam Hargrave y Jóhannes Haukur Jóhannesson.

Película de persecuciones, peleas y artes marciales cada quince minutos, interminables y excesivas, al estilo Bourne, donde es de destacar un espléndido plano secuencia de lucha en las escaleras, un enfrentamiento antológico filmado de manera extraordinaria sin apenas cortes de montaje y la cámara encima de los rostros desencajados y los cuerpos violentados. A quien le guste la lucha descomunal, acrobática y a vida o muerte entre una mujer y no sé cuántos agentes varones de la Stasi implicados, no debe perderse estos veinte minutos ¡nada menos! de puñetazos, karate, disparos, puñaladas, o sea, de todo un poco donde Charlize, tras sus previas de Mad Max, se revela definitivamente como una genuina estrella del cine de acción.

Desde luego está siendo un buen año de estrenos con mujeres duras y aguerridas. Tras Wonder Woman, llega esta cinta interpretada por Charlize Theron, una actriz físicamente menos apabullante que Gal Gardot, pero con mejor calidad actoral, aunque en esta cinta se limite a una mirada gélida y una expresión de perpetua jugadora póquer. Pero de nuevo son las mujeres las que reparten los mandobles. Algo está cambiando en el cine y en el mundo… me parece.

Es una cinta para pasar el ratito haciendo una “ inmersión retropulp a un cine de espías y acción que traspasa lo tópico y típico del género, atrevida, original, oscura y violenta […] Ponte los tacones, tíñete de rubio, coge la pistola y prepárate porqué vas a sumergirte en un rock & roll visual y argumental con el que pasar un muy buen rato de entretenimiento” (Marcus). Pues sí, las típicas películas de los sesenta sobre el espionaje durante la Guerra Fría eran más sesudas e inquietantes, a lo John Le Carré (1931). Pero ésta ya es propia de la contemporaneidad, del siglo nuevo que habitamos, y entonces lo que ahora se lleva es la cosa de la “liquidez” de la que habla Bauman, o sea, unos productos de quita y pon, triviales, previsibles, flotando sobre un contexto “espumoso”. Y encima el film pretende ser pretencioso. Por ahí no paso.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=9DPkIthjO98.

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