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Espionaje devenido drama romántico plano y frío

Por Enrique Fernández Lópiz

Comienzo estos comentarios dando el primer golpe en la frente: Cuando cae la nieve apenas llega al rango de telefilme de esos que a veces ponen en la sobremesa para favorecer una buena siesta. A pesar de que ab initio la temática apunta formas por ambientarse en plena Guerra Fría, donde hay espías, amores complicados y dos épocas temporales que se alternan; a pesar de todo esto, la película es cansina, aburrida y ayuda a la caída del párpado. Veamos

Está ambientado el film a finales de los años ´50, en plena carrera armamentística entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Una joven comunista llamada Katya (Rebecca Ferguson), se convierte en una espía del gobierno americano. Tiene como misión conseguir información de la joven promesa del gobierno soviético Alexander (Sam Reid). Lo último que espera Katya es que se enamoraría intensamente de él. La mujer debe entonces optar entre seguir las órdenes de su gobierno o dejarse llevar por los sentimientos que le dicta su corazón. Hará un denodado esfuerzo por conciliar su amor por Alexander y su ideología anticomunista. Esto le llevará a realizar un sacrificio que su enamorado descubrirá treinta años después en el Londres y el Moscú posteriores al colapso de la Unión Soviética.

La directora y escritora británica de origen indio Shamim Sarif, bajo su batuta de y con guión también de su autoría, construye un thriller romántico basado en la novela que escribiera en 2004 (Despite the Falling). La historia nos traslada al Moscú de la Guerra Fría, para contarnos un drama romántico de época, una historia de amor prohibido. El film se divide en dos periodos de tiempo, separados por más de treinta años, lo cual que con el paso de los años se descubren los secretos, traiciones y la pasión de este épico romance. Pero a Sarif no le sale bien el producto que resulta plano y frío y sin la emoción o la intriga que los ingredientes con que cocinó su película le servían en bandeja.

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Música aceptable de Rachel Portman y buena la fotografía de David Johnson. Buena puesta en escena.

En cuanto al reparto, la magnífica Rebecca Ferguson, una de las actrices más cotizadas en la actualidad, hace un doble papel, y verdaderamente hace un enorme esfuerzo interpretativo; pero todo es tan pesado e insustancial que de poco sirve su buena actuación. San Reid bien igualmente en el personaje de Alexander, promesa política de la URSS. Charles Dance hace de un Alexander ya mayor, en una interpretación eficiente, propia del gran actor que es, pero que no puede, empero, levantar este film monótono; influye que su papel no es principal ni importante como para que la obra pueda agarrarse a su regia presencia. Y el resto del reparto bien; es quizá lo mejor del film. Actrices y actores como Antje Traue, Thure Lindhart, Oliver Jackson-Cohen, Anthony Head, Amy Nuttall, Trudie Styler, Ben Batt, Milos Timotijevic, Branislav Tomasevic, Ana Sofrenovic, Peter J. Chaffey, Tamara Krcunovic y Marx Jax. Pero cuando dirección y guión fallan, poco pueden hacer los actores.

La cinta tiene un argumento clásico, incluso tópico: espías que se espían, amor por medio, hasta que llegado un punto ella ya no puede espiarle; y el pasado acaba engulléndolo todo y a todos, prácticamente. Dado que la historia ya ha sido recreada en docenas de ocasiones, lo que restaba era la manera de narrarla, es decir, cómo Sarif desarrollaría la idea. Lo que pasa es que para que una trama así destaque en un camino tan manido, debe ser muy buena la creación. Y hablando en plata, alto y claro, esta circunstancia no se da, Sarif ni es original, ni puede dotar de pulso al cuento, ni te engancha en ningún momento, carece de originalidad y ni siquiera la historia resulta suficientemente entrañable. Ni frío ni calor, no nos conmueve, no nos hace sentir el amor de los amantes, ni rencor, ni horror. Prácticamente nada de nada.

Por salvar algo diré que se puede preservar por encima de un guión sin chispa, algún que otro rasgo romántico, más que nada mérito de la Ferguson, que sobresale por encima de la planicie vaga que es el film. Como dice Cuéllar: “El paquete en general es gélido”, a lo que cabe añadir que siendo un relato de espionaje a la clásica usanza, sin embargo, en la película se impone más el sesgo sentimental y dramático. Este extremo es, según mi parecer, una equivocación pues un film debe atender al valor principal de lo que pretende ofrecer. Y ese valor principal es el espionaje en un delicado momento de nuestra reciente historia, cuando se daba la pugna entre las dos grandes potencias, EE.UU. y URSS, y eso habría tenido que sobresalir, y no los amoríos de los protagonistas, que debería haber sido presentados en un segundo plano.

O sea, desde el primer contacto entre los protagonistas, ella bonita, seductora y enigmática y él enganchado de su belleza, la cosa vuela cual pluma al viento sin que se sepa a dónde va a parar la cosa; y además, no hay sorpresa. Sólo queda transitar con insulsez evidente por esas regresiones al pasado, para recordar, desde ese presente, dónde y cómo encajar todas las piezas.

En resolución, cinta discreta cuyo argumento no colma ninguna expectativa, ni siquiera la de pasar un buen rato. Su directora optó por la manera más mediocre a la hora de resolver su mismo guión, y el espionaje, la pasión, el amor, la traición, el riesgo o la deserción pasan sin pena ni gloria. Meramente relatar para que pasen los minutos.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=wHn1zHYUdKM.

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