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Esperando al Rey

Por Alejandro Arranz

-Un filme de buenas intenciones e interesantes formas que no llega a ningún sitio. Puedo enumerar algunas virtudes, pero el conjunto me produce apatía.
-De una extrañeza casi admirable. Veo el filme con cierto cariño por la historia que cuenta y los esfuerzos de Hanks. Al final no tengo muy claro qué han querido contarme, ni porque lo han intentado de una forma tan caótica y poco atractiva.

Tom Tykwer es un cineasta que siempre ha sabido elegir historia interesantes y aportarles un estilo visual propio y un aura sensorial que en ocasiones le ha granjeado a sus cintas la categoría de culto. No obstante, desde la infravalorada The International protagonizada por Clive Owen y Naomi Watts; no ha hecho nada que llegara siquiera al aprobado raspado. Ahí tenemos de ejemplo perfecto su anterior obra, Cloud Atlas (El atlas de las nubes). Una estupidez pretenciosa y pseudo-filosófica que se alargaba hasta unas demenciales tres horas de duración. Sin embargo su nueva película pintaba interesante. En primer lugar era una adaptación de la elogiada novela de Dave Eggers, Un holograma para el rey. Después supimos que Tom Hanks sería el protagonista y la propuesta se volvió si cabe más apetecible. Su valoración en los premios del cine Alemán hizo el resto. Ahora bien, para poder visionarla hemos tenido que esperar a que llegara a los cines de nuestro país; ahora que lo ha hecho, he ido corriendo a ver como Tykwer nos narraba la historia de este alma perdida en medio del desierto.

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Han pasado 24 horas desde mi visionado de Esperando al Rey y sigo con una sensación extraña en mi interior. Continúo pensando en las intenciones de la película, en su utilidad para el cine y para los espectadores, en la rara forma en la que está contada, en algunas escenas que siguen sin tener el más mínimo sentido. Tom Tykwer ha hecho una película en la que a priori pasan muchas cosas al mismo tiempo, pero si te fijas un poco en el núcleo del filme, te das cuenta de que realmente no está ocurriendo nada que merezca la pena ser visto. Al comienzo se nos presenta a Alan Clay, un empresario estadounidense arruinado y alejado de su familia que busca la redención en Arabia Saudí. Un hombre naufrago en un desierto, pero no de arena, sino de sueños rotos. Hecho pedazos por acción-reacción de un capitalismo inhumano cuya vida y posibilidades de felicidad caen en picado como en una montaña rusa infinita que parece que nunca acabará de bajar. Su último problema, un bulto en la espalda. Esa metáfora de las preocupaciones y la ansiedad que todos los que son como él sufren en su piel. Una metáfora nada sutil que se perdona por la capacidad de la película para transmitirnos cierta incomodidad. Y también sentimientos entremezclados de tragedia, perplejidad, tristeza, vacío, o la sensación de vivir en un mundo artificial y desconectado de cualquier humanidad. La película parece un filme de espera, un limbo nihilista y satírico (la excelente escena de la fiesta en la embajada danesa) con algo de pesadilla kafkiana, que aguarda un cambio en esa rutina inacabable en la que no hay diferencia entre días, meses y años. Cuando el cambio se produce, realmente todo sigue igual, Tywker parece querer decirnos que el cambio que necesitamos puede venir de lugares inesperados, o quizás que nuestras acciones sin aparente trascendencia pueden accionar ese cambio incluso cuando estamos dentro de nuestro limbo obsesionados con algo que resulta no ser tan importante, o que el destino está predefinido y sólo debemos quedarnos a la espera de lo que está por venir y la montaña rusa sólo baja o sube según reaccionemos a lo que nos depara. Realmente el filme está tan embarullado y sobrecargado de trivialidades que nunca llega a estar claro lo que quiere contarnos. De esta forma la película se hace pesada, se bifurca hacia muchas direcciones y nunca desarrolla ninguna de forma competente hasta el final en el que se revela como película romántica, brindando unas últimas tres escenas muy hermosas. Antes del desenlace,un entregado Tom Hanks consigue mantenernos en la historia metiéndose en la piel de un personaje cuya tragedia evoluciona a ritmo de una banda sonora tan ecléctica como humorística. Un personaje a medio camino entre un bufonesco Lawrence de Arabia, el personaje del actor en La Terminal y el de Náufrago.

Esperando al Rey llama la atención en su vertiente satírica, por su esencia de tragedia y su capacidad de transmitir ese limbo repleto de sensorialidad tanto positiva como negativa. No obstante pese a estos aciertos, algunas buenas escenas y un fantástico Tom Hanks; es una película dispersa, confusa, irritante en su triste amabilidad, en su repetición y su -sólo a medias- frívolo nihilismo. Nada entré géneros (drama romántico, comedia de enredos, crítica política/económica/social, enfrentamiento cultural, etc), tonos y mensajes sin llevar a ningún sitio en el que hacer pie.

Alejandro Arranz

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Crítica muy bien escrita, desde la impresión personal -como tiene que ser- y muy acertada en su juicio. Estimado colega Alejandro, felicitaciones; próximamente saldrá mi crítica sobre esta misma película y coincido mucho con lo que dices, película dispersa. Un abrazo

  2. Alejandro Arranz

    Muchas gracias por tus palabras Enrique, quedo a la espera de que publiquen tu artículo para leerlo.
    Espero que el verano vaya bien, un abrazo.

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