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Esoterismo urbano

Por Enrique Fernández Lópiz

Nathan (Romain Duris) es un abogado neoyorquino de éxito, pero cuya vida personal ha caído en desgracia tras su divorcio de su esposa Claire (Evangeline Lilly). En este vivir tristemente su existencia, Nathan conoce al doctor Kay (John Malkovich), un extraño médico que dice poseer la facultad para avistar la proximidad de la muerte. Nathan le va contando episodios de su vida, como cuando estuvo a punto de morir en un accidente con solo ocho años y sufrió una parada cardíaca. Las confidencias de Nathan al médico Kay parecen corroborar las ideas de éste sobre su capacidad premonitoria con relación a la muerte.

Premonición es una película francesa irregularmente dirigida por Gilles Bourdo, con un guión poco trabajado de Michel Spinosa y el propio Bourdos, adaptación del famoso Best-Seller del francés Guillaume Musso: Et aprés…, novela en la que Musso, tras haber sufrido un accidente de coche se interesó por las experiencias cercanas a la muerte e imaginó una historia sobre un hombre que regresa a la vida después de tocar con las yemas de los dedos el otro mundo. Música más o menos digna de Alexandre Desplat y una fotografía que no desmerece de Pin Bing Lee.

El reparto hace lo que puede con una obra que carece de sentido y ordenación como ahora diré. Actores y actrices profesionales intentando convencernos de lo increíble, como los conocidos Roman Duris o John Malkovich, acompañados de Evangeline Lilly, Pacale Bussières, Sara Waisglass, Reece Thompson, Bruno Verdoni, Joan Gregson, Mark Camacho o Glenda Braganza entre otros. Profesionales, pero desaprovechados en esta ocasión. Y es que cuando no hay guión y la dirección flojea, los actores resultan anecdóticos.

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Al principio, el film tiene un comienzo que promete y que intriga, de espléndida factura, con un rol serio en lo que puede de parte de Duris. Pero conforme avanzan los acontecimientos, la película se convierte en un popurrí desconcertante y bizarro de ideas, sentimientos y emociones sin mucho hilván. Como apunta Galán: Más allá de sus pedanterías de partida, sus sorpresas finales y sus obviedades (duele especialmente su desconocimiento de la elipsis), permanece el solvente trabajo de Romain Duris, empeñado en esa inconsciencia, como el obstinado letrado al que interpreta, de salvar lo inevitable”.

El film tiene además un complaciente final feliz, en el que se asegura tocar fibras sensibles y románticas, lo cual a algunos puede hacer olvidar las deficiencias de una historia pávida y timorata que no acaba de tomar posicionamiento en ningún momento. Hace una especie de serpenteo entre lo religioso, lo paranormal-prodigioso y la explicación pseudo-científica, lo cual que no queda clara la carta a la que juega.

Película que quiere ser y no llega. Tosca, tópica, indolente y previsible son adjetivos que le vienen bien a esta obra. Más parece una serie de televisión con interpretaciones un tanto amaneradas, un guión flojo y una dirección de Gilles Bourdos cortita y sin tirón. Esoterismo urbano y un bastante aburrimiento. Si a pesar de lo que digo te apetece verla, lo dejo de tu cuenta. El que avisa no es traidor.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=5Sj7_4sNm5w.

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