Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Escoger, elegir y decidir… ¡¿Qué?!

Por Anna Montes Espejo

Música electrónica martilleando la mente atropelladamente, una alucinación tras otra, un vómito más otro vómito… ¿Qué importa? Para qué vivir, para qué estudiar, para qué trabajar, para qué la familia, para qué la pareja, para qué todo si puedes morirte en un orgasmo continuo. It’s such a perfect day.

Trainspotting (Danny Boyle, 1996) esputa a la cara del espectador un grupo de cuatro heroinómanos (Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller y Kevin McKidd), con la diversión y ardides que les conlleva tal adicción. El que espere el retrato maniqueo y limitado de la influencia de la droga en los jóvenes, y sobre todo, moralina en frascos de gran tamaño, repugnará esta película.

Por otra parte, cabe aclarar desde un primer momento, que Trainspotting no pretende defender la drogadicción, pero no la condena basándose en mecanismos evidentes e inefectivos, tal vez es por ello que demanda un público adulto y maduro, en todos los sentidos, que no se deje avasallar, ni se asuste por removerse de incomodidad.

La presentación de los jóvenes tampoco es habitual, aunque sí su contenido, que examinado fríamente, hasta podría ser tachado de “costumbrista” y estereotipado: unos perdidos, que se empeñan en serlo, desempleados, viviendo del subsidio, y sin más ánimo que conseguir droga a cualquier precio. Además, no se debe pasar por alto la cuestión nacionalista, ya que no es tan superficial como puede parecer, aunque sí representativa de cierto tipo. Los protagonistas, como escoceses, vituperan y culpan de todo y por todo a Inglaterra. Veremos a dónde se dirigirá precisamente Mark (Ewan McGregor) para dar el pelotazo.

El sector femenino tampoco se escapa del cruento cuadro que retrata Boyle. Las parejas de los protagonistas (Pauline Lynch, Shirley Henderson) son chicas cuya única lectura de cabecera es la revista Cosmopolitan; y sus consejos, su guía espiritual. No tienen grandes ambiciones, y además, no advierten ningún peligro al rodearse de esos chicos, muy al contrario, se encenagan juntos. La cuestión amorosa no será nada banal, afortunadamente para Mark, y desgraciadamente para Tommy (Kevin McKidd).

Sin embargo, el modo mediante el cual el espectador se introduce en las miserias de esos chicos es lo que cambia totalmente la percepción de ello, y juega un gran papel la voz en off del protagonista a lo Naranja mecánica (Kubrick, 1962), que impasible, no temblequea ante ninguna confesión aberrante, y no titubea en atacar al espectador.

trainspotting2

Boyle consigue dar una total vuelta de tuerca a las atrocidades que cometen unos drogadictos, pero sin caer en el fácil recurso de provocar simpatía o humor zafio; sino que consigue mantener, aún así, distancia entre los personajes y el espectador. Éste último se deja atrapar por la obsesiva atmósfera visual y musical totalmente ligada y vinculada perfectamente a la acción, pero no puede dejar de ver cómo se desmoronan las vidas de esos inconscientes.

Ewan McGregor resulta un protagonista magnífico, su interpretación es extremadamente fiel a los estados límite, tanto físicos, como anímicos que le demanda el personaje. Desde luego, como actor y personaje, destaca entre el resto del reparto y entre el grupo de amigos, respectivamente.

Otro de los adictos que sobresale es Spud (Ewen Bremner), precisamente el más débil es el que recibe las más graves consecuencias… La escena en que aparece su madre es de una carga sentimental, y muy especialmente, social, punzante, gracias a los indiscriminados golpes de Francis (Robert Carlyle).

La figura de la familia (James Cosmo, Eileen Nicholas) y la chocante impresión del amor (Kelly Macdonald) también es clave en la recuperación de Mark y su salida de los tugurios de extrarradio. En su segunda recuperación, sí se percibe la agonía que representa desintoxicarse, reflexión que no se muestra ni en la primera ruptura con la droga, ni en la supuesta recaída antes del desenlace… Momento que queda nebuloso y confuso en esa, por fin, escapada hacía adelante.

Trainspotting no es una película bella, ni agradable de ver, ni visualmente va mucho más allá de ciertas escenas que se ocupan de mostrar alucinaciones; no obstante, la banda sonora contiene momentos cumbre; y el retrato de la atmósfera de ciudad de provincias, gris y lluviosa, a la que, ni físicamente, ni simbólicamente, llega ningún tren, así como el ahogo que sufrirá Mark en sus intentos por comenzar de nuevo, sí está conseguido.

Y a pesar de todo, todo acaba pasando, las drogas cambian, las nuevas generaciones ya ni demandan heroína, ni conocen a Iggy Pop; los vencedores resultaron ser los peor vencidos… Y puede que al final, se reconozca que siempre se hubiera podido escoger.

Aún así, Trainspotting da una verdadera lección de lust for life.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn3Email this to someone

Comentarios

  1. Esteban Rojas

    Trainspotting es una de mis películas favoritas, es fuerte, real, sin tapujos y bien cruda. Ese estilo de cine la verdad que me gusta muchísimo y sin duda alguna Danny Boyle nunca ha vuelto a conseguir algo tan impactante y bien logrado como Trainspotting. Muy acertada crítica Anna a un tremendo filme que se convirtió hace rato en clásico. Saludos desde Chile, amo su página.

  2. Anna Montes Espejo

    Muy de acuerdo contigo, Esteban, respecto la filmografía de Boyle. Aunque quién sabe, tal vez nos sorprenda en la segunda parte de “Trainspotting”, si es que la llega a grabar ;)
    Gracias y saludos!!! :)

  3. Enrique Fernández Lópiz

    Excelente crítica: ¡enhorabuena!

Escribe un comentario