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Erase una vez…y ahí me quedé dormido

Por Manuel G. Mata

Acudí a la filmoteca de mi ciudad a ver esta premiadísima cinta emocionado, con la esperanza de ver una gran cinta. “Una road movie metafísica sobre la vida, la muerte y los límites del conocimiento” afirmaba el New York Times. “Cine intenso de planos eternos por los que, sencillamente, respira la vida” nos dijo Luis Martínez en El mundo. Con semejante carta de presentación, era difícil resistirse. Cine puro.

Leí también las negativas, lástima que las negativas las leí después de ver este (con todos mis respetos) tostón. Como en el buen cine europeo, el cine de autor, asistimos a un despliegue técnico sin igual. No existe banda sonora, lo cual nos adentra más en la historia, al menos en esta historia. La fotografía es excelente, preciosa, sublime, los pausados movimientos de cámara son hermosos, la luz, la composición de los planos…visualmente es una maravilla, y  si a eso le añadimos una dirección de arte muy conseguida, y unas interpretaciones veraces y muy talentosas…¡Qué es lo que falla por Dios! Falla todo.

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La última obra de Nuri Bilge Ceylan hasta la fecha es un “fumadón” en estado puro. La fotografía es una maravilla, sí, pero los planos son eternos, tremendamente largos, asesinando a sangre fría al ritmo, imprescindible en cualquier producción, y más aún (a mi juicio) si ésta dura casi tres horas. Las interpretaciones son magníficas, incluso la construcción de los personajes principales es buena (al menos la del Doctor Cemal (Muhammet Uzuner) el agente Naci (Yilmaz Erdogan) y el fiscal Nusret (Taner Birsel) pero el resto del elenco falla, y tanto su papel como su finalidad en la obra no queda clara. Pero no es ese el mayor problema que tiene Bir Zamanlar Anadolu’da ya que ahondando en la historia, nos encontramos con un conflicto inexistente, más bien un conflicto que el espectador tiene que suponer, haciendo una interpretación libre de lo que ve en pantalla. Será que no sé apreciar el cine, pero a mí la historia me tiene que llevar de la mano, no me importa recibir sorpresas o giros inesperados, pero no me gusta que me hagan suponer, no me gusta que me tenga que imaginar que un hombre mirando al horizonte representa el paso y el peso del tiempo, no me gusta imaginar que una manzana rodando por un riachuelo simbolice (pongo ejemplo) el destino de un hombre que sigue su propio camino encadenado al curso de la vida. Las cosas claras, y el chocolate espeso. El desarrollo de la trama (o la supuesta trama) tampoco ayuda, al final uno se acaba mareando ante tanta curva.

Bien es cierto que no todo es despreciable, salvando el apartado técnico, nos encontramos con una historia que tiene varios diálogos interesantes, algunas gracietas que, la verdad, no me esperaba y ciertas reflexiones o acciones del elenco que transmiten algo, tal vez miedo, rencor, arrepentimiento, buena fe o incertidumbre. Pienso que no hacen falta tres horas para contar todo lo que la película por sí sola puede llegar a contar, el principio es un coñazo, una recreación puramente visual de un paisaje amarillo desolador, con rayos y vendavales de banda sonora.

No la recomiendo, pero no voy a decir que no vayas a verla.

Manuel G. Mata

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