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Entretenido drama-western de Aragón

Por Enrique Fernández Lópiz

Me ha entretenido e incluso gustado esta película Una noche en el viejo México la cual, observo, tiene abundantes malas críticas. Pero a mí, que me gusta la temática de los ‘adultos mayores’, esta cinta me ha parecido un divertido sainete de casualidades engarzadas, con un viejo como protagonista, “un último vaquero, camino del sur, de ese México de su juventud” (Fausto Fernández), que parece renacer para vivir un tercer tiempo pleno de vitalidad y energía. Mensaje interesante.

La película nos cuenta la historia Red Bovie (Robert Duvall), forzado a abandonar su rancho por desahucio. Pero tras un intento de suicidio y sintiéndose acabado, finalmente, por cosas del destino, acaba yéndose a México, con su nieto Gally (Jeremy Irvine), a quien acaba de conocer. Ambos van en busca de juerga, aventuras y mucha marcha. El recién aparecido Gally es un chico bastante desnortado y con poca experiencia. Y ese viaje del abuelo y el nieto en pos de sus sueños, desemboca en la noche de México conociendo a Patty Wafers (Jeremy Irvine), una bella stripper que ve en la alocada pareja una oportunidad para alcanzar una vida mejor y más digna. Mas en el camino, una serie de circunstancias azarosas con personajes poco recomendables, derivará en una loca aventura de coche y tequila, que modificará el rumbo de sus vidas.

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El director Emilio Aragón, tres años después de Pájaros de papel (un meritorio drama de cómicos en la postguerra española), nos coloca, nada más comenzar la película, frente al provecto protagonista, un héroe crepuscular cuya naturaleza ya se hace visible desde los primeros minutos del metraje. Un hombre de edad avanzada arrollado por la crisis inmobiliaria, expulsado de su rancho-hogar por impago y a un tris de la autolisis. Aragón toma a su personaje principal al borde del colapso, para convertirlo en una especie de parque temático sobre los EE.UU. en el que juega hasta la naturaleza de ese país, de un cine y de una épica narrativa, “un trabajo exquisito y meritorio con una producción seguramente complicada en un ambiente muy distinto al habitual del cine español” (Ocaña). Este es el producto de un Emilio Aragón exiliado en Norteamérica, tal vez huyendo de una vez por todas del estigma Miliki.

El guion de William D. Wittliff, con sus altos y bajos y un exceso de convencionalismo y previsibilidad, es un western-drama que consigue por momentos una narración que puede verse con agrado y que tiene capacidad sobrada para entretener. Se puede entender como un relato de segundas oportunidades, de personajes a la deriva y también de iniciación, todo ello en el esquema de un thriller violento en los cargados ambientes fronterizos entre EE.UU. y México. Normalmente, en las películas, los que cruzan esta frontera en dirección sur lo hacen para huir de la justicia; en cambio nuestro protagonista, un viejo cowboy, lo hace huyendo del sombrío destino que se niega a aceptar.

Muy bien y adecuada la dirección musical de Emilio Aragón, con una fotografía de David Omedes que sabe hacer un gran trabajo, reflejando en todo momento y con enorme acierto el tono crepuscular y melancólico de la obra. Aunque con algunos bajones con relación a la cromática en escenas diurnas de coches que habrían requerido quizá un mayor naturalismo… pero nadie es perfecto.

En el reparto tenemos como vértice principal a un excelente Robert Duvall y junto a él un atractivo reparto a su altura. Así, la inestimable presencia de Angie Cepeda, la stripper bonita y encandilada con Red; el trabajo meritorio del joven Jeremy Irvine como nieto que se inicia en las cosas de la vida. Y acompañando, secundarios importantes como un irreconocible Luis Tosar en el papel del matón Panama; Joaquín Cosío como Cholo o Jim Parrak como Moon. Acompañan también Michael Ray Escamilla, James Hébert, Ismael Salinas y Ray Perez.

Premios en 2013 y 20114. 2013: Premios Goya: Nominada a Mejor música y Mejor canción original. 2014: Festival de Málaga: Sección oficial largometrajes a concurso.

Desde mi modo de ver, tanto Wittliff como Aragón atinan a pergeñar una película digna, entrelazando una cadena de variables casuales, encuentros a veces sorpresivos y unos secundarios llenos de colorido y dinamismo. También un protagonista que, según el director del film, “está echando un pulso al sistema y a la vida continuamente”. Pero quizá, como apunta Fausto Fernández, “lo verdaderamente nostálgico en el film es el film mismo; Aragón mismo. Se le nota ese amor por un cine fronterizo de perdedores con ganas de ganarle una postrera partida al destino (a la muerte), y una plausible querencia por el western contemporáneo crepuscular”. Lo cual viene acompañado por la devoción que Aragón siente por Robert Duvall, actor al que le da cancha libre para que haga su trabajo como le parezca mejor, quizá con cierto reparo en dirigirle, toda vez prima su admiración por él. Creo certero lo que apunto y emotivas las palabras de Fernández.

En resumen, es mi opinión que los errores gruesos de este film vienen de parte del guión, pero sin olvidar que igualmente cosecha un buen listado de aciertos, lo cual que consigue un film ameno e interesante que aborda asuntos diferentes con relación a la existencia humana y más concretamente con las personas de la Tercera Edad. En gran medida por el carisma de su protagonista y también por la muy aceptable dirección de Aragón.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=bMKvr2UOmFM.

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