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Entra el dragón

Por Adrián Pena

Hace un año, unos días antes de las Navidades, para ser más precisos, Peter Jackson nos devolvía a La Tierra Media tras 10 años sin saber nada de ella (desde el final de la trilogía del anillo). En su regreso nos mostraba las aventuras de El Hobbit, una aventura en forma de precuela que hizo acudir en masa a todos sus seguidores a las salas de cine.

Su nueva andadura en ese mundo supuso un más de lo mismo, pero eso no era malo, ni mucho menos, lo único malo es que tras esta trilogía Peter Jackson será recordado como el Tolkien del cine, aunque seguramente a él no le importe. Pues vuelta a La Tierra Media, un lugar donde el director se siente como Peter Pan en el País de Nunca Jamás, un lugar donde por fin ha encontrado total libertad para mostrarnos como imagina él La Tierra Media, como la imaginaba Tolkien. No hay más que ver cómo todo ha sido tratado con mucho mimo, cogido con pinzas y puesto con delicadeza para no estropear nada, para que no se nos escapara ni el más mínimo detalle de ese fantástico mundo.

Un precioso cuento abría una nueva trilogía, que mucho y nada a la vez tenía que ver con la trilogía del anillo. Mismo escenario, mismos recuerdos, pero la epicidad es cambiada por espíritu aventurero. El séquito de Hobbits es sustituido por testarudos Enanos. El viaje más esperado por los seguidores de Jackson había comenzado.

Este año, y tras un largo año de espera para muchos, Peter y su aventura reanudaban la marcha, el anillo ya estaba en poder de Bilbo, la magistral aparición de Gollum ya había pasado, entonces, ¿qué es lo que nos deparaba por ver esta vez? Pues estaba claro, a Smaug El Dorado, el dragón protagonista de esta nueva historia, el villano de la nueva trilogía, el ser despiadado y avaricioso capaz de robarle protagonismo a nuestro pequeño Hobbit; tal vez tarde un buen rato en entrar en escena, pero cuando lo hace el espectador siente el aliento cálido de ese ser asombroso y legendario.

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La película en sí puede que cause división de opiniones entre los espectadores, muchos pueden acusarla de añadir tramas, subtramas y anécdotas intrascendentes para alargar la historia, vamos un sacadinero en toda regla; para otros todo lo contrario, encantados de la vida de ir de la mano de Bilbo y Peter a vivir una nueva aventura. Lo cierto es que esta segunda parte mejora con creces lo que fue su predecesora, se acerca más a la esencia de la trilogía de El señor de los Anillos, aunque algo por detrás y nos agradece nuestra espera de un año con más épica y aventura.

Martin Freeman, Ian McKellen y compañía nos hacen volver a recorrer senderos inexplorados en busca de nuevas epopeyas, en un film en el que todo el reparto cumple con creces con su rol, pero que a su vez está a años luz del reparto de El señor de los Anillos, tal vez por que esta nueva trilogía no sea tan seria y oscura como la anterior, o tal vez por talento o casualidad, quién sabe.

Peter nos vuelve a dar casi tres horas de magia, aventura y espectáculo aumentando el nivel de menos a más progresivamente, hasta el momento del clímax, en un final que…

¡Maldito Peter, me dejaste con ganas de más!

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