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En recuerdo de un grande del humor español que nos ha dejado

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando comienza esta película, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, aparece una graciosa animación de un indio que fuma su pipa de la paz. Pero de repente aparece un pequeñito Chiquito de la Calzada bailando al son de una música shakireña de la que no se entiende ni una sílaba. El indio le lanza el humo de la pipa dejando grogui a Chiquito, hasta que éste le lanza agua con una pistola de ídem, que derrite al monumental indio y el pequeñín Chiquito es acosado por una flecha que se clava en un cartel de ‘Wanted’ con la cara dibujada de Bigote Arrocet.

Esta comedia cuenta las aventuras por el Oeste de Condemor (Chiquito de la Calzada), un conde francés, junto a Lucas (Bigote Arrocet), su criado mejicano, perdidos en un desierto del lejano. Ambos están comatosamente arruinados y buscan volver a París, que es ‘donde viven los franceses’. Ambos son muy cobardes pero no cesan de meterse en líos. Pero sus vidas darán un vuelco cuando conocen a Chico (Naim Thomas), un muchacho que va en busca de su padre. En una involuntaria demostración de valor, “Condemor” es nombrado sheriff en contra de su voluntad, lo cual que se ve obligado a perseguir al “Tuerto” (Julio Tejela) y a resolver la incógnita del paradero del padre del Chico; también van a localizar el legendario El Dorado, donde hay oro a espuertas. Pero el asunto se torna complicado cuando el amor platónico de Condemor, la “Bella Jolly” (Sol Abad), que una bonita cantante del Saloon, es también es raptada por el malvado de la historia. Finalmente acabarán convirtiéndose en héroes a su pesar.

La cosa es que debido a la fama de Chiquito y a esa manía hispana de hacer películas con los famosos, pues le tocó a nuestro humorista más emblemático. Fue una de las películas españolas más taquilleras de 1996 recaudando ingentes cantidades de dinero.

No sé si hay alguien que no sepa que el director de esta cinta Álvaro Sáenz de Heredia pasa por ser uno de los peores directores del cine español con películas como Policía, 1987; Chechu y familia, 1992; La venganza de Ira Vamp, 2010; y otras aberraciones fílmicas por el estilo. Malo con ganas no perdió ocasión de dar el pelotazo gracias a nuestro querido Chiquito, uno de los mejores cómicos de este país en las últimas décadas. Del guión del mismo Sáez de Heredia, si es que lo pudiéramos denominar así, mejor no hablar: horribilis. Una música perrillera de Ramón Farran, aunque como dice txoniman: “Hay un par de números musicales sin desperdicio, creo que De La Iglesia se inspiró en ellos para sus ‘800 balas’, y Chiquito rondando a la Jolly (que está bien rica) es impagable. Pura química”. Y una fotografía por los pelos de Julio Bragado.

Se buscaron localizaciones en Almería para que saliera una especie de chorizo-western” (como dice Torreiro), quien añade “con numeritos musicales -hay que convenir que el único momento más o menos hilvanado del filme es la primera parte de la serenata que el cómico canta a su amada-, 80 minutitos apañados y dejar que el protagonista campe a sus anchas”. Es más, Chiquito canta en un inglés macarrónico de su cosecha que ni él entiende, claro.

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Lo peor de la película es que está hecha con mucha ‘bulla’, sin respiro, a velocidad de Fórmula 1, los recursos para su realización son el ejemplo de una “producción casposa de los primeros setenta” (Torreiro). Y un fallo de base: no hay sonido directo, básico para un cómico como Chiquito que hace de la distorsión surreal del lenguaje su arsenal expresivo. Por eso, no resulta desquiciado pensar que Condemor es el pretexto para que Chiquito se lance a la improvisación total, a sus juegos de incomprensibles palabras, confiándo a su arte la tarea de resolver este entuerto de Sáez. La película, en fin, transcurre discretísimamente, con un estilo expositivo y sin florituras, pero que sabe respetar a Chiquito como núcleo absoluto de la acción.

Todo esto que apunto me recuerda, salvando las diferencias, a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido como Mario Moreno, y más como Cantinflas, el universal Cantinflas del que Chaplin dijo que era el mejor cómico en la Historia del cine. Las películas de Cantinflas eran ÉL. El resto era casi siempre relleno y empalago.

Como digo, salvando los distingos, el fuerte de esta horrorosa película es un enorme Chiquito de la Calzada. Sin él esta película no se habría exhibido, con él saltó a la estratosfera del éxito de taquilla con mayúsculas. Quiere eso decir que Chiquito también podía soportar él solo (prácticamente) una cinta de hora y media de metraje. Y es que el reparto es ante todo él, a quien acompaña un apropiado y emotivo Bigote Arrocet, la preciosa Sol Abad, acertado Naim Thomas como Chico, Julio Tejela bien como el Tuerto, María José Nieto, César Varona y Aldo Sambrell.

Este film es la cima de lo que Chiquito ha sido en nuestros corazones, él sólo consigue que este western de tercera tenga intriga y una acción trepidante, presidido todo por su humor genial. Es difícil reír con este tipo de comedias penosas, pero el fenómeno se da. Chiquito, maestro de maestros, master & comander, y para que haya sintonía, un efectivo Bigote providencial.

Y aquí me confieso. Lo que pasa es que hoy, 11 de Noviembre de 2017 ha fallecido de enfermedad y pena Gregorio Esteban Sánchez Fernández, Chiquito, a quien valoraba y por quien sentía gran estima. Era, amén de enorme humorista, mejor persona. Con una vida muy trabajada, hijo de la posguerra; como él mismo dijo: Yo he pasado más hambre que todo el mundo“. Fue ‘cantaor’ de flamenco, palmero, bailarín, emigrante en Japón para poderse comprar un piso en su Málaga natal junto a su querida esposa Pepita a la que siempre amó; su muerte, por cierto en 2012, le afectó muy negativamente en todo sentido.

Fue descubierto por Tomás Summers, creador del programa Genio y figura que se emitió en Antena 3 entre 1994 y 1995. Entonces Chiquito tenía 62 años. Pero qué bien que aprovechó la fama y el arte de su humor entre surrealista, medido, inacabado en cuanto hacía, y dando saltitos sobre el escenario a la par que soltaba una enorme retahíla de neologismos a cual más gracioso. Su aparición en el mencionado programa de TV 3 fue un punto de inflexión que marcó la memoria humorística de la sociedad española. Primero provocó cierto pasmo, luego todo fue morir de risa. De repente, todo el mundo comenzó a hablar como él, en aquel idioma inventado, haciendo esos grititos o gesticulando como una marioneta.

No siendo yo asiduo de la TV un amigo me llamó por teléfono un día y me dijo ¡”pecador de la pradera”!, y yo no entendía nada, hasta que poco a poco, me explicó del personaje. Cuando lo vi quedé encantado, no era un chistoso al uso que cuenta un ‘cuento’ que acaba pronto con final jocoso. No, el humor de nuestro personaje era de tipo ‘mesetario’, Gregorio Sánchez se explayaba durante largo tiempo, escenificaba la acción con movimientos que parecían los de un robot, alargaba el relato con todo lujo de detalles accesorios y terminaba de forma abrupta y con finales que no eran particularmente graciosos. Pero la risa duraba de principio a fin.

Y cuando digo que Chiquito “aprovechó” su tiempo de fama, más bien quisiera decir que fuimos los espectadores y oyentes quienes aprovechamos su nueva jerga, esa manera de gesticular y de moverse, pues el humor de Chiquito de la Calzada se caracterizó, sobre todo, por el uso de frases y expresiones distorsionadas, la mayor parte de las veces incomprensibles, con las que ataviaba sus eternos chistes. Ejemplos de su particular y alocado lenguaje fueron: “¡Pecador!”, “¿Te dah cuen?”, “¡Fistro!”, “Quietorrll”, “¡No puedor, no puedorrr!”, “¡No te digo trigo por no llamarte Rodrigo!”, “¡Duodeno sersuá!”, “Norrl”, “¡A candemor e narrr!”, “¡Cobarde!”, “¡Al ataquerrrr!”, “¡Me cago en tus muelas!”, “¡Jarl!”, “¡Hasta luego Lucasss!”, “¡Por la gloria de mi madre!”, “Eres más peligroso que un tiroteo en un ascensor”, “¡Es usted un torpedo!”, “Trabaja menos que el sastre de Tarzán”, “¡Cuidadín, quietorl!” o “Se mueve uhté mah que los precioh!”. Y más. Chiquito generó léxico nuevo y palabrería a cual más graciosa, sabiendo hacer humor de nuestra fragilidad corporal salpicando sus relatos con referencias al duodeno, el hematoma, las muelas, el cerito sexual, el fistro de abajo, y así.

Chiquito fue un magíster de la risa y de la comedia y Gregorio Sánchez Fernández también destacó por su generosidad, su costado solidario y humano, siendo que participó en muchos eventos y galas benéficas. Además, siempre promocionando a su patria chica, Málaga, y su querida patria grande. Con motivo de un juicio que no es ahora del caso, el juez dejó claro, de forma casi oficial, que Chiquito y su humor ya ‘pertenecían a España entera’.

Su muerte deja un enorme vacío en el campo del humor español; incluso no es posible, algo habitual en un obituario, relacionarlo con una época histórica o social o política o hurgar a ver si en sus chistes encontramos un comentario ideológico, que aluda a un lugar o a una corriente. Como escribe Guillermo Alonso: “El truco maestro de este señor que nació en Málaga, vivió en Japón y se inventaba palabras en inglés fue crear chistes que nacían y morían en sí mismos, sin ir a ninguna parte”. Nunca mejor dicho, por eso Chiquito llegaba a todos sin excepción, su humor surrealista era contagioso y no entendía de clase social, ni de nivel cultural. Como ha dicho el humorista Medina: “Era un hombre que desde la sencillez, desde lo más profundo de su inocencia revolucionó a un país […] era nuestro médico, el que nos quitaba las penas, era risa pura”.

Y nada más, Chiquito está hoy apoyado en una nube diciéndonos: “hasta luego Lucas”, aunque nadie se llame así. Eso nos estará diciendo a todos, a los ‘pecadores de la pradera’, a los ‘fistros terrenalers’, a los que nos hemos dado ‘cuen’ de la noche al día que el gran Chiquito ya no está entre nosotros. Suerte la de los ángeles, potestades o querubines que se estarán partiendo de la risa. Suerte la nuestra de haber contado con tan bueno y peculiar personaje, pues no es fácil encontrar humanidad y fama en la misma persona.

Y la película es lo de menos, una huella más del “conde mor”, el más hilarante caminante por los desiertos de Tabernas en Almería: ¡que no se puede aguantar!

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=GULJtoaOo7w.

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Comentarios

  1. Pedro

    “En recuerdo de un grande del humor español”, ese es el título con el que Enrique Fernández Lópiz inicia sus comentarios al cine interpretado por “Chiquito de la Calzada”. Hizo reír con ese cine de consumir y tirar, cambió la jerga del chiste y la hizo inimitable, produjo risas a todos, hombres y mujeres, niños, a los de izquierda y los de la derecha, a todas las razas y hasta a los más serios y tristes del planeta tierra. Ese “en memoria del crítico de cine Enrique Fdez. es un justo y desprejuciado homenaje a un hombre de acción del lenguaje, nacido de abajo, sin títulos universitarios ni cargos políticos, pero tan influyente en el ánimo de todos y tan querido por todos.
    Una crítica de cine justa para un hombre que no era de cine ni de nada más que del campo de los humoristas únicos e irrepetibles.
    Pedro

    • Enrique Fernández Lópiz

      Excelente, me han gustado más tus comentarios que mi crítica: ¡ele!!

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