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En la niebla quise que me dispararan a mí

Por Manuel G. Mata

Desde Bielorrusia, antiguo bastión de la extinguida URSS, nos llega esta cinta ambientada en la Segunda Guerra Mundial, dirigida por el cineasta ruso Sergei Loznitsa, que da así su salto a la ficción tras un buen puñado de documentales premiados a nivel internacional. La cinta cuenta en su haber con una nominación a la Palma de Oro y está galardonada con el premio FIPRESCI, lo cual no es un motivo para verla, porque la película es un coñazo en toda regla.

Técnicamente incuestionable. La cámara se maneja con soltura, sabe producir tensión, meternos en la película. La fotografía y la composición de las imágenes son tan bellas como frías y gélidas, imprescindible esta sensación para meternos de lleno en el invierno (infierno) soviético, las interpretaciones más que aceptables, realmente apreciables, la puesta en escena, el diseño de vestuario… pero en conjunto no funciona, pues todas estas virtudes son, a la vez, las causantes de convertir esta coproducción europea en un auténtico ladrillo.

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La película es un coñazo, se recrea tanto en la fotografía que alarga los planos de una manera infinita,  haciendo que las escenas sean interminables, al igual que los diálogos. No hay agilidad, todo es muy lento y pausado, se te queda la sensación de tener que mirar dos veces lo mismo para comprender, a pesar de que con una sola vez ya está todo dicho. La historia no es mala, tiene momentos brillantes y deslumbrantes, y algunos momentos de tensión narrativa muy potentes, pero son sólo apenas 20 minutos de casi 130. En muchas producciones europeas la ausencia de música se utiliza para añadir veracidad al relato, para meternos de lleno en el film y respirar su atmósfera, En la niebla no es una excepción, pero la ausencia de música sólo nos motiva para valorar todavía más el perezón que nos estamos tragando, incluso el debate ético que propone termina cayendo en un segundo plano por la falta de información que recibimos de lo sucedido. Si no es por la sinopsis no me entero ni de la mitad de la película.

Me quedé dormido al poco de comenzar, la pausé y, para juzgarla con criterio, la volví a ver desde donde empecé a dar cabezazos. Sólo cuando la película terminaba me vine arriba y me dije «Ya verás la rajada que voy a pegar.» El que espere ver una película bélica se llevará una gran decepción, y el que espere ver una historia profunda e intensa… lo mismo. El que avisa no es traidor.

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