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En el nombre del rey

Por Jon San José Beitia

El éxito de crítica y público que cosechó El señor de los anillos, abrió la puerta del género de espada y brujería que llevaba años encerrada bajo candado, dando lugar a sucedáneos que volvían al mundo de la fantasía heroica para intentar repetir el éxito. Un claro ejemplo de esa tendencia es En el nombre del rey, una producción que se podría denominar oportunista, reuniendo los tópicos de la espada y brujería en un argumento previsible para intentar aprovechar el tirón que vivía el género en esos momentos.

En el intento de sacar partido del éxito de El señor de los anillos, comete el error de imitar el estilo visual de éste, algo que queda fuera del alcance de una producción de estas características. Por ello, muchas secuencias e incluso maquillaje, recuerdan en exceso a El Señor de los anillos, haciendo que en una comparación, En el nombre del rey quede retratada como un producto de baja calidad y mediocre.

Reúne en su reparto a rostros conocidos de la pantalla grande, en un claro intento de otorgar relevancia a un producto que realmente no ofrece, en su conjunto, una calidad destacable. Sin ir más lejos, destacan Ray Liotta, Leelee Sobieski, Mathew Lillard y Burt Reynolds, intérpretes que saborearon la popularidad y el reconocimiento con algunos de sus papeles, pero que han pasado a un segundo plano aceptando producciones de una calidad cuestionable, donde se limitan a participar como secundarios. Muchos de ellos ofrecen unas interpretaciones pobres y en los casos de Ray Liotta y Burt Reynolds, defraudan considerablemente, al encarnar sin convicción sus papeles, dejando evidencias de desgana.

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Dentro del reparto en un claro guiño a El señor de los anillos, cuenta con la presencia de John Rhys-Davies, quien encarnara el carismático y entrañable papel del enano. Además de esto, en otro guiño, los productores contaron para completar la banda sonora con la aportación del grupo de música Blind Guardian, grupo que se llegó a rumorear que iba a participar en la creación de la banda sonora de El señor de los anillos, algo que muchos seguidores de la saga apoyaban, por lo estrechamente relacionadas que estaban muchas de las canciones de Blind Guardian con los relatos de J.R.R  Tolkien. Lo que para muchos fue una decepción, al no verse cumplido los deseos de que Blind Guardian participara en El señor de los anillos, para otros ha podido ser un alivio, al comprobar el efecto que produce una de sus canciones en los créditos de esta película, ya que no encaja ni con calzador.

El tratamiento del argumento es demasiado simplista y trata de adentrar al espectador en un mundo de fantasía de una forma precipitada. Las situaciones se van presentando y desarrollando a trompicones, y van cobrando sentido a medida que avanza la trama, pero lo hace de una forma chapucera.

Lo único que sustenta y mantiene el interés por el desarrollo de la endeble trama, son las batallas a espada, pero por desgracia no están planificadas ni culminadas con la calidad necesaria. En algunos momentos recuerdan en exceso a una imitación barata de El señor de los anillos, donde incluso los trajes y maquillaje de algunos seres, presentan excesiva similitud con los orcos presentes en El señor de los anillos.

Otro aspecto negativo de la película recae en la selección de Jason Stathan para el papel protagonista, habitual de las recientes producciones de acción, ofrece una interpretación endeble. No encaja en la historia ni en el personaje, sobre todo cuando a la hora de combatir a espada, deja destellos de sus gestos y movimientos habituales en las películas de acción en donde participa. Stathan ha caído en la trampa de su propio éxito, ya que consciente o inconscientemente esta sumergido en el profundo fango del encasillamiento y ya cuesta verle o imaginarle interpretando otro tipo de papel que no sea la del tipo duro.

En resumidas cuentas, En el nombre del rey se queda en una burda y mediocre imitación de El señor de los anillos, que ni convence ni entretiene, para olvidar.

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