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En busca del héroe perdido

Por Javier Fernández López

Desconozco si Zoe Berriatúa es amante de Kubrick, pero está claro que en su debut con Los héroes del mal ha mostrado claras referencias a La naranja mecánica, pero eso sí, a lo español, y de paso con algún cameo como el de Macarena Gómez por el camino. Quizá hacía bonito en la ficha de la película, no en vano es de las mejores actrices del panorama español. Pero aquí los protagonistas son otros: Jorge Clemente, Emilio Palacios y Beatriz Medina. La historia narra la difícil etapa de tres adolescentes no demasiado populares ni tampoco demasiado normales, al menos como lo puede entender la sociedad actual, que se acaban juntando tal cual se creó el dicho “Dios los crea y ellos se juntan”. Tres personas moralmente difíciles que en cierto momento se hacen llamar “los héroes del mal”. Con estas premisas, nace una película con el espíritu del cine quinqui de los 80, de denuncia social.

No obstante, la película se encuentra en un terreno complicado, dada la propuesta del resultado final, y es que el propio contexto de la película no sabe poner en contexto al trío protagonista. En ciertos momentos, por la atmósfera que ha imprimido Berriatúa, no se comprende del todo el desenlace de las escenas, lo cual es un problema de finalización, sobre todo si se nos quiere colar alguna moraleja con más o menos moral de por medio.

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¿Dónde está la virtud de la película? En el carisma de sus protagonistas y en la forma de presentación que pide prestada de Kubrick, donde aparece la ultraviolencia de nuevo, donde las historias están apoyadas en una vibrante y sofisticada música. También hay hueco para escenas divertidas que juegan a ser emotivas, pero todo sucede tan rápido que no da tiempo a satisfacer el paladar de los espectadores, porque la película da para mucho más. Un gran error, además, que todo suceda tan rápido sin darle sensación de temporalidad al espectador.

Para terminar, una lástima que el gran ritmo inicial de la cinta, porque aun teniendo estos errores sorprende su capacidad de para atraer la atención del espectador, termine por decaer hasta unos niveles que rozan, por momentos, el aburrimiento. Película recomendable, aunque en España aún hay que mejorar mucho en ciertas facetas. Emilio Palacios gana puntos con esta cinta, como dicen muchos, pero esperemos que no se quede encasillado en este tipo de papeles, porque entre drogadictos y policías corruptos, a veces parece que en España no se ve otra cosa.

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