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En busca de la felicidad

Por Jorge Valle

Juanito (Javier Cámara) es un emigrante español que lleva varios años viviendo en Nueva York, donde divide su tiempo entre distintos trabajos con los que ganarse la vida: actor en un pequeño teatro que representa obras españolas y profesor de cocina española a americanos –aunque no sepa hacer ni una paella-. Las ilusiones y las ganas de comerse el mundo con las que arribó al continente americano han dejado el paso a la decepción, la rutina y la terrible y frustrada sensación de haber dejado pasar el tiempo sin haber cumplido ninguno de los sueños de juventud. Juanito representa a todos esos españoles que se marchan de su país para encontrar un trabajo, una búsqueda que siempre va acompañada de proyectos y aspiraciones que finalmente terminan abandonados en el baúl de los fracasos. En una época de crisis como la que está atravesando España, La vida inesperada supone un amargo pero necesario canto a la vida y a la felicidad, que no reside, como solemos pensar, en la realización de todos nuestros sueños, sino en irse adaptando con éxito a las circunstancias, a menudo negativas, que nos van rodeando a lo largo de nuestra existencia. Asociar los fracasos con la infelicidad no contribuye a nuestro bienestar, como demuestra la acertada contraposición que el director Jorge Torregrossa y la guionista Elvira Lindo exponen en su película entre Juanito, que parece no tener nada que merezca la pena, y su primo (Raúl Arévalo), que se quedará un mes en la ciudad para conocerla a fondo y desconectar de España. Es este último el que encarna el prototipo ideal de individuo exitoso, que parece poseerlo todo –un buen trabajo, una holgada situación financiera, una novia que le echa de menos en su pueblo- pero que se encuentra totalmente perdido y desorientado.

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¿Quién de los dos es más feliz? ¿Aquel que ha conseguido todos aquellos preceptos que solemos asociar al éxito, o el que se conforma con los pequeños detalles que le va ofreciendo la vida? La idea fundamental en la que se basa La vida inesperada es honesta y atractiva, necesaria para que la juventud no se desanime y aprenda que los fracasos no son más que experiencias de las que sacar siempre algo positivo para seguir adelante con más fuerza todavía. Sin embargo, la película falla al trasladar esa idea a un guión pobre y repleto de tópicos, donde demasiadas cosas suenan ya a vistas. El empeño de Javier Cámara y el carisma de Raúl Arévalo, así como la química entre ambos, evitan que La vida inesperada naufrague y, aunque funcione como comedia gracias a sus acertados toques de humor, es en el apartado dramático en el que se queda corta y no entrega todo lo que debería para una historia de semejantes características. Presentada en el pasado Festival de Málaga, donde fue ninguneada a pesar de partir como favorita de la crítica, La vida inesperada es una película fallida a pesar de sus buenas y elogiables intenciones, pero que se enmarca por méritos propios en la fructífera comedia española, representada por títulos como Tres bodas de más, Ocho apellidos vascos, La gran familia española, Vivir es fácil con los ojos cerrados o Las Brujas de Zugarramurdi, que tan buenos resultados está cosechando últimamente en la taquilla.

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