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Emotiva e interesante: un producto solvente con el sello Pollack

Por Enrique Fernández Lópiz

Debo admitir, antes de entrar en críticas o comentarios, que a mí me gusta Sidney Pollack. Me trae a la memoria películas que me gustaron mucho. Por ejemplo, recuerdo como obras de mi particular agrado Danzad, danzad malditos, 1969; Las aventuras de Jeremiah Johnson, 1972; Yakuza, 1972; Tootsie, 1982; o Memorias de África, 1985, por mencionar algunas en su por cierto no muy pródiga carrera como director.

Pues bien, con Caprichos del destino Pollack retorna al desasosiego, al sufrimiento por amor, y al reencuentro de nuevo con el mismo. Pollack dirige con destreza este thriller interesante, con elementos diversos que sobrevuelan la médula de la historia (lo política y lo policial) y un tono romántico que se ve bien y se agradece. Pollack expone las emociones con sutileza, elegancia y una frescura envolvente. La trama es así:

Dutch Van Den Broek (Harrison Ford) es un sargento de la policía en asuntos internos que vive felizmente con su bonita esposa Peyton Van Den Broeck (Susanna Thompson). En el otro lado de la historia, Kay Chandler (Kristin Scott Thomas) es una Congresista muy respetada, igualmente casada, con un hombre de nombre Cullen Chandler (Peter Coyote) y madre de una hija adolescente, Jessica Chandler (Kate Mara). Tanto como Kay como Dutch no saben que sus respectivas parejas tienen un idilio entre ellos. El secreto saldrá a luz cuando Cullen y Peyton mueren en un fatal accidente de avión, rumbo a Miami, destino al que en realidad ninguno de los dos tenía previsto viajar, a efectos de esposa y marido. Debido al accidente de avión, Dutch y Kay descubrirán cuál era la verdadera situación de sus respectivos matrimonios, pues comprueban que sus parejas iban sentadas en asientos contiguos. Entre sus pertenencias encuentran dos llaves iguales; llaves que no saben qué abren. Ambos personajes se dedicarán a buscar qué es lo que abría ambas llaves, y descubrir si el idilio de sus respectivas parejas era algo sustancial o simplemente era una relación ocasional. Así, el destino recrea un melodrama romántico en el que sargento y congresista se encuentran necesariamente unidos por los acontecimientos.

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Considero buena la dirección de Pollack, y menos bueno el guión de Kurt Luedtke en su adaptación de la novela de Warren Adler, Random Hearts. El guión resulta un poco lento en ocasiones, pero es aceptable según mi manera de ver y a pesar de las malas críticas que cosecha. La música de Dave Grusin, compositor habitual de Pollack, me parece muy agradable y que acompaña la trama a la perfección; e igual la excelente fotografía del operador Philippe Rousselot.

Pero quizá uno de los valores del film sean las actuaciones de un Harrison Ford que sabe meterse en el papel de marido engañado y a la vez de policía con problemas en su departamento, y lo hace con gran credibilidad. Excelente el trabajo de la británica Kristin Scott Thomas; la verdad yo no puedo ser imparcial con esta actriz, pues es alguien que me agrada mucho como mujer bella y delicada, y como actriz. Todo lo que le he visto de ella en el cine me ha gustado; y en este caso, creo que su semblante sobrio pero muy bonito, con sus tonalidades amorosas expresa el peso que la vida le planta en esta historia dramática, y hace a la perfección el rol de una mujer frente a una situación terrible que a la vez se reencuentra de nuevo con el amor: interpretación de alto voltaje. Además, entre Ford y Scott hay química y eso es también muy importante. Acompañan a estos protagonistas principales actores y actrices que cumplen su papel de secundarios muy dignamente como Charles S. Dutton, el propio Sidney Pollack, Bonnie Hunt, Dennis Haysbert, Richard Jenkins, Kate Mara, Paul Guilfovle o Peter Coyote.

La película se ve bien, es cortita en algunos aspectos, ya lo sé, pero para gustos los colores. Hay en la cinta elementos que están vinculados al azar, a los “caprichos del destino” que nunca sabemos dónde se encuentran, y este es un punto de reflexión e incluso para mí misterioso, que me impresiona. E igual me ha gustado la historia de amor que se teje entre ambos personajes, Dutch y Kay, quienes sin quererlo y motivados por las circunstancias, se ven envueltos en un bonito idilio. Todo hace pensar, como dice el refrán y aunque parezca malévolo decirlo, que: No hay bien que por mal no venga. O sea, que lo malo que acontece también trae cosas buenas, que se compensa con acontecimientos positivos; o que cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. Emotivo asunto y a la vez real como la misma vida.

En la película se obvia la primera parte de la novela en la que los dos personajes adúlteros están decididos a confesar a sus cónyuges su infidelidad y así formalizar su relación furtiva. Pollack ha preferido centrarse en la perplejidad y la confusión que viven las víctimas del engaño al enterarse de una sola vez que se han quedado viudos y de que habían sido engañados. Y, bueno, una película no tiene por qué ser fiel reflejo de la novela en que se inspira, y veo legítimo que Pollack se interesara en exponer, por un lado la confusión, pero por el otro los vínculos amorosos que van creándose entre el marido y la mujer burlados. Aunque para mi gusto, trata este asunto con cierta frialdad.

Hay también en el film, como antes apuntaba, dos claras subtramas que transcurren paralelas al nódulo de la historia. La subtrama policial de Harrison Ford y la subtrama política de Scott Thomas. Estas historias sirven para poner en evidencia que la vida continúa su curso. Pero el punto culminante de la peli está en el regreso del viaje a Miami, que es cuando explota la pasión entre los protagonistas.

La verdad es que no entiendo bien los malos comentarios que he leído de esta película. Ya sé que no es la gran obra de este director, pero está a años luz de la gran mayoría de comedias sentimentales y melodramas del Hollywood de hoy. Es, sin duda para mí, un producto solvente, distraído, muy bien contado y con el sello inconfundible de Pollack. Yo la he visionado con agrado y pasando un buen rato.

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