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Elegante, bien servida y poco más

Por Enrique Fernández Lópiz

Max Lewinsky (James McAvoy), un joven y eficiente detective de la policía londinense, pierde el rastro del resbaladizo criminal islandés Jacob Sternwood (Mark Strong) y su banda, a la par que recibe un tremendo disparo en la rodilla, momento en el que reconoce al peligroso crminal. Lewinsky llevaba tiempo siguiéndole la pista. Transcurridos tres años aún no ha conseguido asimilar este fracaso. Pero hete aquí que el hijo de Sternwood es detenido tras un atraco fallido, lo cual hace suponer a Lewinsky que el peligroso Sternwood padre con quien tanto ha padecido, va a intentar rescatar al hijo y en cualquier momento hará acto de presencia, volviendo desde Islandia; lo cual que monta guardia permanente alrededor del joven que está herido y a la sazón ingresado en el Hospital de Sternwood de Londres.

Eran Creevey, director británico de este film Cruzando el límite, construye una cinta de la que él es también el guionista y que luce un singular tono ocre por su estética y sus colores sombríos tétricos, lo cual resulta bien para la obra. Así, dirección profesional pero sin excelencia y un trabajado guión que llega a resultar lioso por momentos y por la rapidez con la que se narra la historia. “Un thriller británico seguro, ambicioso y lleno de acción, aunque su claridad y sus personajes se ven afectados por la intensidad de su ritmo frenético” (Dan Jolin). Escasa la música de Harry Escott y magnífica la fotografía de Ed Wild. Ridley Scott y Liza Marshall Scott fueron productores ejecutivos gratis; los pagados fueron Ben Pugh y Rory Aitken.

James McAvoy y Mark Strong (los dos mejores actores de la función) son los personajes rivales que se enfrentan durante el metraje, con el miedo de volver a encontrarse llenos de ira y odio, sobretodo Max. Sus roles están bien trabajados, como el resto de excelentes intérpretes como Andrea Riseborough, Peter Mullan, David Mossissey (muy bien como gobernador), Jason Flemyng, Elyes Gabel, Steve Oram, Johny Harris, Daniel Mays, Daniel Kaluuya, Danielle Brent, Ruth Sheen, Ellie Darcey-Aiden, Robert Portal, Jason Maza y Lee Nicholas Harris.

La película es medianamente entretenida, pero se torna predecible, de manera que “pierde fuerza con las revelaciones del argumento visibles a una milla de distancia y alguna brecha de credibilidad” (Bradshaw).

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Un aspecto positivo de la película se le da al villano con una apariencia humanizada, que aparece con sus debilidades, haciendo ver que está tocado y logrando convencer al espectador para que caer bien. Aunque en su comienzo el film puede parecer duro y a cara de perro, acaba haciendo un giro la historia hacia aspectos más sensibles cuando el hijo queda malherido en el hospital. A pesar de que sabe que será perseguido, Sternwood se juega el tipo y se adentra en una doble trama, por descubrir quien ha sido el causante de las heridas de su hijo. Esto llevará a Max y a Jacob a unirse en una misma línea por la que increíblemente acabarán luchando juntos. No obstante, Max es un policía leal y justo y aunque colabore con su oponente, hará lo posible por llevarlo a prisión.

Estamos ante un soportable por los pelos thriller, que tiene su estilo pero que, la verdad, nada nuevo aporta al género. En los primeros compases parece que la cinta se estrellará contra los clichés del cine policíaco, pero después da un giro a mejor, hacia una historia de idas y venidas, con interpretaciones notables y un final “casi” inesperado y emocionante.

La película se deja ver, sobre todo por tener un reparto bueno, unos actores correctos; pero también por una realización llevada a cabo con habilidad. Y aunque el cuento es lo que ya hemos visto docenas de veces, no hay que negar que esté contada de forma más estilosa de lo habitual. No hay burdos y brutos ladrones, sino más bien personajes luminosos, escenarios azules, trajes elegantes y coches de alta gama. La verdad es que estos detalles son de agradecer, a nadie le amarga un dulce.

Lo que vemos está servido de manera distinguida, diferente y con cierta tensión; es la tradición de la reescritura de los mitos en el siglo XXI: gran factura, escenas nocturnas “guapas”, no exenta de cierta profundidad intelectual y luego, mucho humo.

O sea, un poco más profunda y reflexiva que la mayoría de los dramas policiales, sobre todo los yanquis, pero no lo suficiente para superar sus personajes finamente escritos y una violencia cuasi soporífera. Lo único, eso sí, aunque el producto sea quincalla, se agradece que Creevey lo venda honestamente. Eran Creevy no es ningún gran director. Creo que él lo sabe perfectamente. Entonces, probablemente haya sido él mismo quien se ha dicho que lejos de hacer un drama de cine independiente, lo que llevaría a cabo de manera directa es lo que en esencia puede-quiere ofrecer: acción y ritmo, sobre todo el final. Ya está. Eso es lo que hay en este film y eso se es lo que se espera de él.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=QvaB5C-6tyo.

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