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Election: La noche de las bestias

Por Alejandro Arranz

-La carrera por la peor película del año acaba de ponerse seria, el filme de James DeMonaco entra en primera posición y que baje de ahí puede ser terrible para la salud de este articulista.
-Si algo nos ha enseñado esta saga es que hay que acabar con la purga anual. Votad si queréis a Donald Trump pero por favor que no haya más entregas de este despropósito.

James DeMonaco antes de ser director trabajó como guionista. Y en mi opinión dejó un par de trabajos de cierto interés. Negociador y Asalto al Distrito 13 no son obras maestras, pero cumplen mayormente con sus pretensiones de entretenimiento. Tras esos “éxitos” se pasó a la dirección debutando con un drama de historias cruzadas con el título Staten Island. La película que no llegaba a ser interesante, estaba protagonizada por Ethan Hawke y Vincent D’Onofrio. El triunfo de este guionista y debutado director llegó con el inicio de The Purge. Lo que ahora es una exitosa y violenta trilogía de serie B comenzó como una pequeña distopía que seguía la fórmula argumental de las invasiones domésticas con un toque ambiguo y ciertos elementos diferenciadores que convertían sus primeros 20-25 minutos en algo realmente interesante. A partir de ahí la película se convertía rápidamente en una soberana estupidez violenta, repleta de fallos y sin fundamento alguno. Por alguna razón una idea que había nacido fallida en una primera entrega, obtuvo una secuela de pretensiones mucho mayores. DeMonaco sacaba la acción al exterior y hacía una lamentable critica a la división de clases con una película de acción de serie B tan crispante, tediosa, asquerosamente violenta y estúpida; que entró fácilmente a formar parte de las peores de aquel año. Ahora tenemos una tercera y presuntamente última entrega (no lo creo debido al final) que viene dispuesta a dar una vuelta de tuerca a sus predecesoras, pero no en ideas, sino en su capacidad de hastiar a cualquier público que busque algo más que violencia videoclipera.

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No creo que deba hablar de esta película más que lo estrictamente necesario porque ya he perdido mucho tiempo viéndola. No merece que busque perspicaces formas de insultarla. En verdad hay algo no horroroso que decir sobre ella. DeMonaco ha vuelto con pretensiones mayores a través de un punto de partida algo diferente y a priori hasta interesante que se desinfla en el primer minuto de visionado. Esa era la virtud que tenía que comentar, a partir de ahí todo es un conjunto de estupideces, incoherencias, diálogos horribles, personajes planos, casualidades patéticas, escenas mal pensadas, dirigidas, actuadas, montadas, etc. Desde los títulos de crédito ya sabes todo lo que va a ocurrir en la cinta, pero esa información no hace que estés preparado para soportarlo. Porque prácticamente cada línea de diálogo, cada giro de guión y cada escena son capaces de provocar al mismo tiempo risa, vergüenza, cabreo y otras sensaciones negativas con ciertas tendencias lunático-homicidas que no podrían paliarse ni con una purga real contra los responsables de esta basura. DeMonaco parece un director de trazo muy grueso pero realmente es un tío que no tiene ni idea de dirigir, que sepa delimitar un plano medio ya me parece hasta pedir demasiado. Tampoco tiene gusto estético y el ritmo de sus películas es absurdo. Tal vez cree que su montaje refuerza la tensión pero no funciona en absoluto. Y voy a ser sincero, me parece peor guionista que director. Porque incluso dentro de los cánones de la serie B, todo lo que escribe este hombre en el libreto está a la altura del peor Luc Besson. Sí, el Luc Besson de Brick Mansions, 3 Days to Kill o Colombiana. Y aún encima de tener que soportar tantas chorradas, mi oídos deben sufrir el atroz trabajo del compositor Nathan Whitehead; un conjunto de sonidos irritantes que andan bien lejos de entrar en la categoría de “música”.

Creo que para dejar clara mi posición sobre esta película debo ser muy directo. Es una mierda. No se puede decir de otra manera, literalmente no tiene nada bueno que ofrecer. Son dos horas de clichés refritos en el peor aceite posible, aderezados con condimentos caducados y servidos con la presentación más fea que he visto en lo que llevamos de año. Me hace gracia que una película en pro del partido liberal tenga un público objetivo que queda definido principalmente por un evidente interés de participar en una purga real; pues es movido al cine para ver muertes y para nada más. Este es uno de esos artículos que me decepcionan, porque cuando escribo la última palabra me quedo insatisfecho debido a mi incapacidad de transmitir mi ferviente odio hacia la cinta sobre la que escribo. Pienso que no sirven para nada las líneas anteriores porque preferiría que simplemente vieran la nota final. Pero bueno, me conformaré. “Election” funciona al mismo tiempo como un thriller de “terror” deleznable, una alegoría política deleznable y una propaganda efectista deleznable. Como dije en mi crítica de Anarchy: “Si después de leer lo siguiente aún queréis ir a ver esta horrible secuela está claro que tenéis personalidad, pero os va a costar caro”.

Alejandro Arranz

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