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El viejo sabor de las películas de forzudos: luchas y amores

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace unos días tuve una debilidad, una especie de añoranza infantil y decidí ver esta película que ahora comentaré, Hércules: el origen de la leyenda. Tenía ganas de ver una de aquellas películas sobre fornidos personajes tipo el propio Hércules, pero también Maciste, Sansón, Ursus, Goliat y otros fornidos personajes, que yo recordaba de mi época de niño y que tanto alborozo producían en mi ánimo por todo: luchas, el héroe, la chica salvada, el reino conquistado, caballos, espadas, etc… En esas películas había de casi todo lo que me gustaba a mis siete, ocho… o doce años. Bueno, de todo menos la parte reservada al western, que eran mi género favorito, lo que llamábamos “películas del oeste” o de “vaqueros”. Pero veamos.

Esta película se contextualiza en la Antigua Grecia, allá por 1200 a C. La reina Alcmena, queriendo liberar a su pueblo del yugo de su tirano y vengativo esposo, y tras suplicar a los dioses, engendra a Hércules, hijo de Zeus, padre de los Dioses y de los hombres. Pero Hércules se cría ajeno a su verdadera identidad, sufriendo el rechazo del rey, que sabe que no es hijo suyo, en favor de su pérfido hermano Ificles. La pugna entre hermanos, entre otras por el poder y el amor de una bella mujer, y el enfrentamiento explícito entre ambos, llevaran al protagonista por derroteros fuera de su país, enviado por su padre a Egipto, al exilio, para finalmente volver a su reino tras mil andanzas, a “desfacer entuertos”, que diría Don Quijote.

Renny Harlin es un director mediocre de películas de acción fundamentalmente, que hace con este film lo que buenamente sabe hacer, que es sin duda lo que se le pide a golpe de cheque, esto es, una cinta de músculos, pendencias, amor y un poquito de intriga. Tiene un guión anodino pero ajustado a las pretensiones de los productores escrito por el propio Harlin junto a Daniel Giat, Sean Hood y Giulio Steve. Un libreto que tiene su ritmo narrativo y que sabe poner en imágenes las múltiples peleas y heroicidades de un majestuoso y musculado Hércules, y no mucho más, pero que resulta suficiente. Música ad hoc de Tuomas Kantelinen y buena fotografía de Sam McCurdy. Cuenta con algunos efectos digitales vistosos, como la pelea inicial que parece un videojuego.

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El reparto es igualmente acorde a lo que pretende el film. Nadie va a dudar de los pectorales, bíceps, etc., de un Kellan Lutz en plena forma en el papel de Hércules, aunque en lo interpretativo no sea un genio; y es que el papel no requiere de un gran actor, sino de alguien “que pueda mostrar emoción sin que parezca que está esforzándose por levantar un peso muerto” (Foundas). Liam McIntyre algo mejor interpretativamente hablando como Sotiris. Scott Adkins, en su sitio como el pérfido Anfitrión, esposo de Alcmea. Roxanne McKee interesante como la madre de Hércules, Alcmena. Gaia Weiss preciosa como Hebe; eso le pide el film. Liam Garrigan correcto y con cierta vis dramática como el hermano Ifliques, otro forzudo con algo más de lustre actoral. En fin, acompañan mal que bien Rade Serbedzija, Johnathon Schaen, Luke Newberry, Jukka Hilden y Rick Yudt.

Le cabe a este film el para mí inmerecido palmarés en 2014 de haber tenido ¡6 nominaciones a los premios Razzie, incluyendo Peor película! Yo creo que esta película, sin ser ninguna joya es, empero, una producción honesta, un producto para el consumo de determinado público, que nunca ha pretendido ser una obra de arte. Pero no para tanto Razzie.

Explico un poco en estas líneas el mito de Hércules, por si alguien no lo conociera. Hércules es un personaje que encarna virtudes como la fuerza, la seguridad o el orgullo. Mas Hercules era juerguista, bebedor y no controlaba bien sus arrebatos, y no tardó en dejar un rastro de muerte a su paso. Según se cuenta en la Mitología, Hércules mató a su mujer y sus hijos confundiéndoles con enemigos tras una artimaña de Hera que vertió una pócima enloquecedora en su copa, pues Hera no veía con buenos ojos al hijo de su marido Zeus y Alcmena. Es en este punto que comienzan los doce trabajos, entre los que se incluye el León de Nemea. En esta película, la leyenda queda muy simplificada y Hércules asume un papel bastante plano de héroe magnánimo y enamorado. Y aunque el mito es bastante más, la cinta está hecha al gusto de un público mayormente infanto-juvenil que quiere puños y espadas, y a ser posible a cámara lenta para que se vean bien golpes y sablazos. O sea, un público poco entregado a la mitología griega y más inclinado a la acción vistosa.

La obra, así, es un exploit para aficionados a las luchas musculosas, pectorales y deltoides a tutiplén; decorados de segundo orden; historia sencillita y sin complicaciones mayores; unas gotitas de aroma shakesperiano, no mucho; el cariño al cine de barrio de antañazo y de siempre; escenas lentificadas para que se vean bien los enfrentamientos; y toda la violencia de los duelos físicos que son medio acrobáticos; personajes vestidos a lo soldado griego de época, “comme il faut”; y esforzados luchadores que gritan y aúllan, todo ello mejorado digitalmente. Este es el asunto de esta película que a decir verdad, ofrece lo que promete, no engaña. Y no sólo es la acción y la disputa, pues también hay también otros detalles más edulcorados y de fácil digestión. Como escribe Batlle: “Los candorosos paseos a caballo o baños en el lago de Hércules y su amada, por ejemplo, nos retrotraen a las viejas tardes de sábado de programa doble. Un irresistible perfume de cine de barrio, de genuino cine popular desenfadado y sin pretensiones acaba apoderándose del filme de Harlin”.

En resolución, nada nuevo, un espectáculo de tercera clase que en vez de cartón piedra utiliza una infografía modesta. Pero es una cinta que al cumplir su cometido, pues va y se cuela en las carteleras para hacer algo de caja y darle el gusto a quienes prefieren ir al cine y no pensar demasiado. Como decía al principio, me he criado viendo este tipo de películas en mis años niños y de pubertad. Yo encuentro en filmes como este la médula del entretenimiento añejo. Y esto me hace recordar tiempos pasados de aventuras y fantasía. La nostalgia de otras épocas. Como dice Carmen L. Lobo: “Aquel peplum encantador, aquellos filmes ideales para una tarde de domingo en el sofá calentitos, aquellos hombres tan monos, tan masculinos pese a la falda o quizá por ella, ha dado hoy estos lodos”.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=t2Lwmwrnqdk.

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