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El último Elvis, acepta tu don

Por Óscar Sánchez

¿Quién no conoce a Elvis Presley? Hace ya casi cuarenta años que murió y aún está muy presente en el imaginario colectivo y no sólo de los estadounidenses. Aunque más bien habría que preguntarse quién no le ha visto dando un paseo por ahí. Ya que todavía hoy en día siguen clamando verle aquí o allá. Sea como fuere, marcó un antes y un después en la música. Con esos movimientos de cadera y esa vestimenta tan característica suya. Pero por encima de todo la diferencia la marcó con esa voz negra tan profunda y llena de energía que le ha llevado a ser considerado el “Rey del rock & roll”.

El argentino Armando Bo se estrena como director con la espléndida y desgarradora El último Elvis. Un drama basado en la obsesión de Carlos, interpretado por un espectacular John McInerny, que es un trabajador de clase baja que vive por y para la música de su mito, obsesionado con él desde pequeño. Y ello le ha llevado a dedicar toda su vida a rendirle tributo. Producto de su obsesión, hace que tanto su vida, trabajo y familia quede prácticamente en segundo plano. Como bien dice en un momento de la película “Dios me dio un don y yo lo acepté”. Y para aprovecharlo se dedica a cantar imitando a su ídolo siempre que tiene oportunidad, da igual que sea en la residencia de ancianos de su madre, en una boda o en cualquier clase de bolo que pueda conseguir. Por cierto, las diferentes interpretaciones que realiza a lo largo de la película McInerny no tienen nada que envidiar al mejor imitador de Elvis. No pierdan detalle.

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Nuestro particular Elvis está separado de su mujer e hija producto de su fijación con el cantante. Nuestra Priscilla particular, Griselda Siciliani, que está cansada de él desea que no vea más a su hija porque cree que no es una buena influencia para ella. Su hija, Margarita López, tampoco le ve con buenos ojos, cree que es un bicho raro aunque no llega al punto de hartazgo de su madre. Pero en un determinado momento los acontecimientos le llevarán a tener que asumir su papel como padre. Es esta fase de la película, con la relación padre-hija, la que mayor fuerza e intimismo posee, en la que Armando Bo consigue hacernos sentir esa sensación de hastío y ofuscación, si bien nunca aceptada por Carlos, sí implícitamente interiorizada.

Pero no sólo trata sobre la obsesión con Elvis la película. De forma paralela y de una manera muy presente su director nos muestra la Argentina marginal, de suburbio y pobreza, a la que tristemente estamos tan acostumbrados a ver desde hace ya demasiado tiempo. Y es que a la vez que disfrutamos con las sentidas interpretaciones de Carlos, nos deprimiremos con ese ambiente tan desolador de Buenos Aires. Nos hace darnos cuenta de su triste vida cuya única forma de escape es la obcecación de tratar de ser el mejor Elvis posible. Ello le conduce a estar en pleno proceso de huída hacia adelante, que en su afán de ser el “Rey del rock” le llevará a compartir la única y verdadera similitud con aquél a quien tanto venera. Su final.

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