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El tren

Por Enrique Fernández Lópiz

No hace mucho, en estas páginas escribía yo mi crítica a la película Monuments Men y decía que estaba dirigida con mediocridad por George Clooney, con un pulso narrativo deslavazado y desconcertante en el peor sentido de la palabra. Y era una película que trata el mismo tema que esta a la que me voy a referir, desde otra perspectiva, pero el mismo asunto: el peligro que corrieron en Francia sobre todo pero en toda Europa en general, las obras de arte, durante la dominación nazi. Y mientras que Clooney hace una peliculita quizá al gusto más populachero con chistecillos fáciles y una trama de risa (http://www.ojocritico.com/criticas/monuments-men-2/), este film que ahora comentaré, El tren, de 1964 y dirigida por John Frankenheimer, me ha parecido una gran película dirigida magistralmente por Frankenheimer, donde se mantiene el pulso narrativo y la tensión; una cinta creíble de principio a final y que hace que el espectador realmente empatice con el valor de la cultura de un pueblo subyugado al que pretenden despojar de su patrimonio cultural más preciado, sobre todo sus más notorias pinturas.

La película se desarrolla cuando ya la guerra está poniendo punto final y los aliados están por entrar en la Francia ocupada. Justo en esos últimos instantes, los nazis pretenden robar las más valiosas obras pictóricas del patrimonio galo, metiéndolas en un tren para enviarlas a Alemania. Y es aquí cuando un grupo de partisanos y gente de la resistencia harán lo imposible para que eso no suceda.

Como digo, entre El tren y Monuments men, películas que tocan en lo sustancial el mismo tema, hay un abismo. Ya sabemos que Frankenheimer es un director de reconocido prestigio por su extensa y algunas muy buenas películas como El mensajero del miedo de 1962; El hombre de Acatraz, 1962; o ya más tardíamente French Connection II, 1975. O sea, que hablamos de un director con cierta irregularidad pero con una capacidad indiscutible y demostrada en la realización. Y en esta película lo demuestra, desde mi modo de ver, sobradamente. Logra que la película te mantenga en vilo, consigue que repensemos lo que fue aquella cruel Guerra protagonizada por una horda de despiadados nazis, alemanes al fin, que hicieron lo que hicieron no hace tanto tiempo. Transmite credibilidad en la historia, en los personajes y en la trama. Y todo esto, bien conducido por un excelente guión de Franklin Coen y Frank Davis, arropada generosamente por una música trepidante de Maurice Jarre y una fotografía excelente en blanco y negro (para transmitir la idea del tono documental) de Jean Tournier y Walter Wottitz. El montaje es muy bueno y la acción trepidante.

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El reparto merece un punto y aparte con un Burt Lancaster maravilloso, que se mueve ante la pantalla con absoluta expresividad y dramatismo; Paul Scofield está genial en su papel de oficial alemán, siendo memorable el combate físico y moral de Scofield y Lancaster en sus soberbios y majestuosos roles; y no quiero olvidarme de una Jeanne Moreau cuya mera presencia llena pantalla, pero que además, en el papel no muy extenso que le toca, impregna de dolor y dramatismo su cuota de interpretación, no en vano es considerada una de las mejores actrices de todos los tiempos. Lástima que las generaciones jóvenes no la conozcan mucho..

Al ver esta película, pensé que sin ser muy conocida, resultaría un film imprescindible, sobre todo para quienes quieran entender bien lo que fue el momento histórico de la Francia ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra. Y es que esta tragedia para el pueblo vecino, se mastica con densidad de sangre en esta obra maestra; película febril e intensa, una auténtica lección de cine, espectacular, emocionante, rigurosa y que seguro, si se ve, no se olvida fácilmente.

Yo la aconsejo sobre todo a los más jóvenes, a quienes tal vez por ser una peli de 1962 les parezca una antigualla. Sin embargo, es una obra con un ritmo vivísimo, una precisión matemática, y sobre todo, la gran capacidad de Frankenheimer para transmitir la emoción, el peligro y los riesgos que aquellos franceses de la resistencia corrieron para defender a su país y su cultura.

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