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El Sueño de Ellis

Por Alejandro Arranz

-Bella, trágica e imperfecta, una película de James Gray con todas sus tonalidades, de guión irregular y dirección intachable.
-Un trío de actores muy potente y en particular la vivaz interpretación de Joaquin Phoenix refuerzan ésta historia poco original y demasiado previsible que es en su estética, en su ambientación y en los términos formales donde sobresale por encima de la mayor parte del cine moderno.

James Gray es un director bastante infravalorado, quizás por no gozar de un desmedido renombre o porque los irregulares guiones con los que trabaja no se equilibran con el excelente trabajo de dirección por el que se caracterizan sus películas; con tan solo 24 años realizo una fascinante y novedosa ópera prima que rompía los esquemas del thriller y el drama familiar y desde ahí siguió una senda muy personal con otros dos dramas criminales La otra cara del crimen y La noche es nuestra que también se distinguían por tomar caminos diferentes y por la impecable dirección del señor Gray, una pena que los guiones no fueran demasiado buenos; su cuarta y última película –hasta ahora- fue todo un cambio para el director pues se trataba de un drama romántico, era su tercera colaboración consecutiva con Joaquin Phoenix y no sólo fue una película que mantenía intactas las señas de identidad del director (algo sorprendente), también tenía el mejor guión con el que hubiera trabajado y resultó ser con diferencia su mejor película hasta la fecha. Ahora, con un año de retraso desde su estreno en USA nos llega su nuevo trabajo, The Immigrant es un melodrama de época en clave de tragedia que evoca a Coppola y al Sergio Leone de Érase una vez en América, como era de esperar Gray co-escribe el guión, esta vez junto con Ric Menello con el que colaboró en su anterior trabajo (Two Lovers), otro que repite es el compositor Chris Spelman que lleva con el director desde su segundo trabajo, como director de fotografía encontramos a Darius Khondji (Seven) y por último el reparto, una de las joyas de éste filme, Marion Cotillard, Joaquin Phoenix y Jeremy Renner protagonizan este intenso drama lleno de emociones y rivalidades.

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Unas primeras imágenes abrumadoras, desde el primer fotograma asistimos al mejor trabajo de Gray en lo referido a lo estético, a lo visual; las malas lenguas que mancillan ésta obra tildándola de refrito de El Padrino o cosas por el estilo no podían estar más erradas, Gray siempre recordó mucho a Coppola pero no es lo mismo evocar que emular o copiar, el filme va rápido al grano, aparece Cotillard y también aparecen sus problemas, todo rodeado de una sensual aura de misterio para darle ese suave toque de suspense que al director tanto le gusta, uno espera que el guión resuelva con el tiempo ciertas incógnitas que el mismo va dejando con inteligencia por el camino y aunque la cosa tarda acaba por hacerlo; la familia, una de esas señas de identidad que son permanentes en el cine de Gray, nunca una familia perfecta, siempre un ambiente familiar difícil y destructivo, la tragedia siempre a punto, luego ese mensaje de todas sus películas, la diferencia entre lo que uno sueña y con lo que al final debe conformarse, ese golpe que te lleva a aceptar como son las cosas en realidad, El Sueño de Ellis refleja muy bien esa idea, ese recurso que el director estadounidense (de ascendencia Judeo-Rusa) utiliza siempre en sus películas, por otro lado sus señas de identidad al mismo tiempo que le han permitido lograr un sello muy reconocible también han hecho sus narraciones algo previsibles, y en esta quinta película cualquier espectador avispado que haya seguido con asiduidad la carrera del director sabrá con antelación muchas de las cosas que ocurrirán. Ésto no disminuye en absoluto el portentoso trabajo de dirección, es hipnótico, difícil encontrar una película tan bien rodada y montada, esos planos largos en sepia magistralmente rodados por el poder visual que tienen y por lo que transmiten al espectador, el trabajo de Gray y Khondji debería ser nominado a la mayoría de premios relacionados con la dirección artística, el diseño de producción, el montaje y por supuesto la dirección, no tengo otro adjetivo para todo lo que rodea a la puesta en escena de esta película más que milagroso.

Volviendo a la trama, la entrada de Joaquin Phoenix le da al guión la señal para que comience el melodrama en todo su esplendor (una forma de hablar no un dictamen), la verdad es que el guión es bastante bueno, como suele ocurrir con el cine de Gray tiene altibajos importantes pero destacan los momentos brillantes sobre los fallos ocasionales; una de las mejores cosas del libreto es como juega con los tonos grises y los matices de sus excelentes personajes, de nuevo la ambigüedad moral, Ewa-Cotillard se ve obligada a pecar para sobrevivir y ayudar a su hermana, Phoenix con su impresionante trabajo construye un personaje extraordinario y lo hace tan bien que es inquietante, Bruno no es malo ni es bueno, nada es tan fácil aquí, sus motivaciones, su pasado, sus sentimientos, todo es tan creíble y empático, más aún cuando Phoenix domina la pantalla, como bien he apuntado con anterioridad el guión y la película en si tienen altibajos, por un lado no todos consiguen ese equilibrio de gran actuación y personaje fascinante, de hecho sólo el susodicho, Marion Cotillard está desubicada, es fría y distante, se vuelve muy difícil conectar con su personaje, diré que ni el personaje es malo ni tampoco la actuación, sino más bien que son incompatibles, si hay que culpar a alguien sería sin duda a la actriz, los peores minutos de la película se los debemos a uno de los mayores fallos del guión, el personaje de Renner (Orlando) es una especie de príncipe azul, el guión intenta darle un par de pinceladas para que no quede como un lienzo en blanco pero la verdad es que es plano como un folio; por último el trío amoroso que surge es bastante soso, son los celos de Phoenix los que le dan algo de fuego al asunto pero no hay ningún tipo de química con la gélida Ewa y además todo lo que rodea al asunto está poco desarrollado.

Desde luego que hay fallos, cosas desaprovechadas y trucos de guión algo tramposos pero también hay momentos de pura magia, entre ellos un monólogo de Cotillard o los excepcionales minutos finales, esas escenas se encuentran entre lo mejor que el cine nos va a dar este año, es cuando sale el mejor Gray que conocemos y nos deja sin palabras; hablemos de esos minutos finales, donde todos los puntos tocan techo (actores, guión, dirección, composición musical…), como es habitual la sombra de la tragedia que se cierne sobre los protagonistas se hace cada vez más grande, el personaje de Bruno acaba de completarse en un par de diálogos casi monólogos del señor Phoenix con los que también pone el broche a su magnífica actuación, Cotillard también brinda algunos de sus mejores minutos del mismo modo que lo hace Gray, que termina su película de la mejor manera posible como ya lo hiciera cinco años atrás con Two Lovers, una vez más éste infravalorado cineasta nos ha ofrecido una gran película, la mejor que haya hecho hasta la fecha, una frase que se está volviendo bastante habitual, otra declaración de intenciones sobre como hacer un tipo de cine distinto y a la vez clásico, y de igual modo sobre porque razón no le debemos quitar los ojos de encima a este director de talento indudable que no intenta copiar ni a Coppola ni a nadie, pues su firma queda bien visible en cada uno de sus trabajos, por favor no se pierdan esta insólita propuesta y presten atención a ese plano final que está destinado a perdurar.

Alejandro Arranz

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