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El señor de Marte

Por Javier Fernández López

Cuando vi que en el reparto de Marte estaban Jessica Chastain (Criadas y señoras) y Matt Damon (Invictus) sentí cierto rechazo a ver esta película. No me parecía una casualidad ver a dos de los actores de Interstellar, de temática semejante, otra vez juntos un año después. Y es que no se puede tener demasiada confianza cuando hablamos de Ridley Scott, que después de firmar aquel desastre llamado Prometheus y la irregular Dioses y reyes nos trae, esta vez sí, una buena película, que bien podría servir para marcar el camino de la redención. Pero no nos animemos demasiado, basta con decirlo muy alto para que esa secuela de Prometheus que amenaza con estrenarse sea otra catástrofe monumental.

Esta película, Marte, marca un rumbo diferente en el cineasta: la comedia. Está claro que Scott se ha querido apartar de lo solemne, y ahí es donde lo aplaudo, porque a excepción de Gladiator, lo solemne se le antojaba complicado al director. El que fuese alabado por muchos gracias a films como Blade Runner o Alien, el octavo pasajero nunca manejó bien lo transcendente y serio, dejándose llevar en la mayoría de las ocasiones por la maravillosa ambientación y atmósfera de sus películas. Esto las hacía únicas, porque era difícil imaginarse una nave más sombría que la Nostromo o una ciudad más ciberpunk que Los Ángeles en 2019. Sus historias, no obstante, nunca estuvieron exentas de cierta sencillez superficial, algunas veces con algún adorno filosófico de por medio.

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Así pues, esta nueva película estrenada en 2015 deja a un lado el drama, y pese a ser algo que favorece al director y alza la película hacia un estatus de brillantez, a la vez esto convierte Marte en un producto incoherente, donde la gran premisa se ve frustrada al ver que el protagonista no lo pasa tan mal como debería. Quizá sea cosa del guión y de la novela de Andy Weir, pero lo cierto es que no resulta efectivo ver que tras tantos días en la soledad, el protagonista sigue mentalmente sano. Bueno, miento, de vez en cuando se permitía mandar algún whatsapp, un poco más y se hace algún selfie. Y créanme, que esto es virtud y error a partes iguales. El espectador decide si lo que está viendo está bien o está mal, si tiene o no sentido. Nos convertimos en jueves de Ridley Scott, y esta vez parece casi unánime que le aplaudimos la película.

El tono de comedia se reafirma, además, cuando vemos el sueño del personaje de Matt Damon por querer ser no sólo el primer hombre que camine por Marte, sino que quiere ser el Tony Stark de Marte, el hombre de hierro que vuele por los cielos, que es salvado por su propio ingenio en las circunstancias más difíciles. Y es que en realidad Marte es la versión extendida del prólogo de Iron Man donde raptaban a Tony Stark, sólo que en lugar de terroristas aparece un planeta rojo y el espacio como terreno hostil.

En resumen, gran película, gran entretenimiento que provoca risas, que procura ser emotiva en varios momentos pero que prefiere quedarse en un terreno más cómodo, efectivo de cara al público aunque sin profundidad personal. Eso sí, como siempre la ambientación maravillosa, un placer disfrutar del planeta rojo con tal calidad visual. Película notable y bastante recomendable.

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