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El secreto de sus ojos, cine puro

Por Lourdes Lueiro

En Latinoamérica, desde luego, bien pueden estar orgullosos de su cine, y todavía más en particular del cine firmado por Juan José Campanella, un director con un talentazo sin límites que, después de sus más que interesantes El mismo amor, la misma lluvia, Luna de Avellaneda y El hijo de la novia, nos presentaba en 2009 su mejor y más grande obra: El secreto de sus ojos, un film basado en la novela de Eduardo Sacheri La pregunta de sus ojos, y llevado a la gran pantalla con la mayor magistralidad que pudiésemos imaginar.

Los actores escogidos fueron sin duda los idóneos, comenzando por su ojito derecho Ricardo Darín (casi protagonista de todos los filmes del director), que está sobresaliente durante toda la trama, una intrigante Soledad Villamil, un fabuloso y entrañable Guillermo Francela y unos más que sobrados Pablo Rago y Javier Godino.

La historia de la película es sencillamente espectacular, sin estridencias, pero sí truculenta, e inmejorablemente contada; se centra, sobre todo, en la vida de Benjamín Expósito, un agente judicial retirado que decide contar una historia en forma de novela sobre el hecho que marcó su vida y que, a pesar del tiempo, es incapaz de olvidar: el durísimo asesinato de una mujer, la falta de pruebas para haber metido entre rejas al culpable (a pesar de tener claro de quién se trataba), y los ”ojos” más desechos y tristes que Expósito vio jamás, los de un marido incapaz de superar la muerte de su esposa.

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De este modo el film se centra en dos tiempos, el presente y el pasado, para así volver la vista atrás y recordarnos como fue aquel cruel e injusto asesinato y los hechos que se dieron a continuación, Campanella juega también con el amor, ése que queda tan bien en el séptimo arte, un amor existente en el pasado entre Expósito y la que era por áquel entonces su jefa, Irene (Soledad Villamil), un amor que realmente nunca llegó a darse a conocer (o tal vez si). Nos relata también el reencuentro entre ellos y la oportunidad de remendar los errores del ayer; el amor también se puede palpar, desde el primer momento, en los ojos de Ricardo Morales (Pablo Rago) el marido de la chica asesinada, un hombre que no se rendirá jamás y que buscará respuestas hasta debajo de las piedras.

Maravilloso por supuesto, el personaje al que da vida Guillermo Francella, Pablo Sandoval, un hombre que representa un poco al fiel Sancho Panza, simpático y entrañable, siempre al lado de su amigo, Expósito, y que es uno de los personajes peor parados del film, para disgusto del espectador (uno de los momentos más tristes del metraje), eso sí, protagoniza una de las mejores escenas de la película, esa en el campo de fútbol, en la que intentan atrapar al asesino, magistralmente filmada.

Pero sin lugar a dudas lo más fuerte del film, lo que hace que se la haya catalogado como una de las mejores películas de los últimos tiempos, y por lo que lleva impreso el adjetivo ”Obra Maestra”, es por el apoteósico final, uno de los mejores que recuerdo, un final impactante e impredecible, que hace de este film una verdadera joya del séptimo arte; la mirada de Ricardo Darín ante semejante descubrimiento después de tantos años ya lo dice todo, aun así, la entiendo como una mirada condescendiente, «Usted dijo perpetua», pues sí lo dijo, y es como debe ser.

Otra de las frases más recordadas y que más llegó a conmocionar al público pertenece a esa misma escena (de hecho sólo existen dos frases en esta secuencia), y esta vez es pronunciada por el asesino: «Por favor, dígale que aunque sea me hable», lo dice todo y no dice nada. Quien ya visionase el film sabrá de lo que hablo y estará de acuerdo o no conmigo, el que aún no tuviese la oportunidad de presenciarla por favor que se ponga a ello, yo no le descubro más.

Desde luego es una historia de intriga, de pasión, de tristeza, de amor infinito y de venganza, que merece la pena como pocas; por algo se llevaría el tan codiciado, deseado y difícil de conseguir Óscar, el de Mejor Película de habla no inglesa en este caso, y eso que bien podría haber optado por el premio a Mejor Película y por qué no, llevárselo (la considero mucho mejor que En tierra Hostil, pero debe ser muy difícil para los americanos que este premio no se lo lleve uno de sus filmes.)

Queda dicho, no se la pierdan, porque se perderán algo realmente enorme, sin precedentes, qué satisfacción que existan películas así, y qué envidia les tengo a los que aún no la hayáis visto, que maravillosa sensación esa en la que visionas un film por primera vez y te llega al corazón, esa sensación es impagable.

Esto es puro cine, señoras y señores.

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