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El Reich león

Por Javier García Lorenzo

Todos hemos oído comentar que las películas clásicas de Disney tienen detalles entre líneas bastante siniestros. Hacía años que tenía pensado echar un vistazo a alguna de ellas para comprobar las perversiones que podían intuirse, aunque lo iba atrasando (qué pereza tragarse una de éstas con sus canciones y sus cursiladas varias). Pero finalmente, cuando repusieron El Rey León en la tele, y aprovechando que siempre fue mi favorita, me sumergí en el oprobio violador de mentes infantiles más aclamado de todos los tiempos para sorprenderme y echarme unas risas al mismo tiempo. Procedo a exponer la maldad de esta película:

Resulta que tenemos un malo malísimo, un león llamado Scar. ¿Que por qué es malo?. Básicamente se le señala porque está en contra del establishment. Todos los animales -incluidos los que están ahí para que la familia real se ponga hasta las trancas, los antílopes curritos de la sabana- veneran el nacimiento de un nuevo tirano que está llamado a someterles; el llamado Simba. Ciclo de la vida, lo llaman: unos están arriba nutriéndose de la mayoría y el resto subsisten sometidos por las clases altas obligados a la pleitesía. Putas que ponen la cama, vamos. Sin embargo, Scar no está de acuerdo con esa jerarquía absolutista y además no está solo: le apoyan las hienas, acérrimos enemigos del sistema muy superiores en número a los cuatro gatos (nunca mejor dicho) que ejercen el poder, hartos pues de su sometimiento.

Se podría decir que Scar es el líder revolucionario que quiere cambiar las cosas y las hienas son la masa inconformista. Pero los comparan con el nazismo, dado que la iconología nazi es seguramente lo que más arraigado está en nuestras mentes como imagen de aquello perverso y malvado, aquello intolerable: de esta manera, nos sugestionan para pensar que una insurrección contra los poderes fácticos es un acto despreciable.

Pero eso es tan sólo una puesta en escena, una treta: el hilo de esta película pretende llegar a otra parte. Cuando Scar asume el poder, todo el reino queda sumido en la desolación: las lagunas se secan, los pastos se convierten en cenizas y polvo, el cielo se cierra y los rebaños huyen; todo el mundo pasa hambre y miseria. Debemos temer el cambio, puesto que todo lo que tenemos se lo debemos a los poderosos, y no al revés: si el poder cae, nosotros más.

Y entre todo esto, ¿qué hacía Simba?. Pues el muchacho huyó lejos y llegó a un verde oasis donde fue acogido por dos hippies. Así, se adaptó a una vida de “perroflauta”, se dejó melena e hizo suya la máxima de Don’t worry be happy. Se nos presenta pues una vida alternativa, relajada y pacífica al margen del sistema. ¿Es eso aceptable?, ¿está Simba haciendo lo correcto?. Por supuesto, nos dicen que NO.

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Aparece Nala, la chati de Simba: ya se tenían el ojo echado desde que eran pequeños, y ahora todo eso va a eclosionar, utilizando vilmente el amor como hilo de títere con el que mover el plan de restauración del antiguo régimen. Resulta que a Simba no le va a temblar el pulso a la hora de dejar tirados a sus amigos para irse con esa zorra: se reencuentran, tontean, se lo montan y después de un acto sexual totalmente interesado Nala comienza a comerle el tarro para que vuelva al reino y tome las riendas para que todo vuelva a ser como era antes (no es tonta la muchacha: me lo tiro y lo manipulo para que me haga reina).

Y para allá que se van. Llega el momento de la lucha; por cada león hay diez hienas, por lo tanto la victoria sería una bicoca para los revolucionarios. Pero claro, como es Disney, ese contexto infantil habilita chorradas como que un mono haga karate y a continuación, un macho beta como Simba (incapaz de vencer a Nala en sus habituales juegos de peleas) se impone al feroz Scar: las lagunas pronto rebosan de agua bañada en la luz de un enorme sol y allí vuelven a beber las gacelas: todo brilla y es bonito, vuelve el colorido y la vida… aunque realmente la tiranía ha triunfado y no tarda en ponerse a engendrar nuevos caciques: la puta Nala ha conseguido su poltrona y le ha sacado un churumbel a Simba, ya nada puede parar al nuevo Reich. Los antílopes están perdidos.

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Comentarios

  1. Íñigo

    Pues esa misma estrategia siguió Letizia Ortíz con el Felipe, jejeje.

    A lo mejor es mucho pedir, pero, ¿podrías hacer una crítica de ese tipo sobre “Pocahontas” (o cómo justificar el saqueo en tierras vírgenes por la fuerza)?

    • Javier García Lorenzo

      Oído cocina.

  2. Javier

    ¿En serio? ¿Esa es la opinión de uno de los clásicos de Disney? En mi opinión, esa película fue otra manera de ver la historia, representó un cambio en mi forma de pensar, pasé media infancia temiendo a los leones, viéndoles como fieras salvajes y esta película me permitió verlo de otro modo. Las gacelas se alimentan de la yerba, la yerba se nutre en una sabana de organismos en descomposición. Es, realmente, un ciclo.
    Y en cuanto a la fantasía dictatorial/fascista/hitleriana montada no la entiendo. Para empezar Scar, es el hermano de Mufasa, su motivación no es un cambio a mejor, no es un revolucionario no pretende revelarse para erigir una democracia. Su motivación son los celos. Se equipararía en todo caso a un Caín y Abel, a un Brutus y Julio Cesar…Puedo admitir, la exageración desmedida de los pantanos se secan la luz se va, las gacelas desaparecen y estalla el caos, pero lo otro no. Y en cuanto a lo de Nala, no entiendo como en un blog de cine se desvirtue una de las mejores escenas de amor infantil, con una de las mejores bandas sonoras (Can you feel the love tonight de Elton John) llamando a Nala, puta y zorra. Supongo pues que es un artículo de coña, ya que la mencionas como una de tus pelis favoritas de niño. Saludos

  3. Lourdes Lueiro

    Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de Javier, me parece un poco fuerte esta crítica, ya que creo que para criticar no hace falta insultar, aunque en este caso sea a un dibujo animado. Me parece muy bien que te guste más hacer críticas negativas que positivas (para mi la gracia está en hacer todo lo contrario), pero esta crítica me parece un poco de mal gusto con todos mis respetos. Adoro Disney y todo lo que tenga que ver con ello, aún tratándose de películas infantiles, para mi es un placer disfrutarlas, porque eso es lo que hago, las disfruto, y El rey León es (como casi todas) fantástica, su banda sonora es espectacular, la trama, los personajes…todo, desde luego nada de acuerdo con tu crítica. Saludos.

  4. Mª José

    “El rey león” no está entre mis favoritas y, aún en desacuerdo con tu crítica, Javier García Lorenzo, me encanta tu estilo desenfadado y mordaz. Eso sí, coincido en el comentario de Javier sobre Scar: claramente, busca implantar una tiranía y no un paraíso de paz, no sé de dónde sacas eso, quizá por la insistente y gratuita idea de que todas las revoluciones son maravillosas… ; además, el reino se destruye por la tradicional relación que existe entre Rey-Tierra, del mismo modo que ocurría en la gran “Excalibur”; el lado hippie de Simba y compañía es, y eso sí, pasteloso y blando a no poder más; y, por último, no entiendo porqué tiene que ser tan malo malísimo el gobierno de Mufasa.

    Por lo demás, adoro el Disney clásico, aunque, ciertamente, tenga cosas nada inocentes… que quizá lo hagan aún más interesante. ¡Saludos!

    • Javier García Lorenzo

      ¿Que de dónde lo saco?. En ningún momento digo que la película muestre a un Scar bueno. Eso es de cajón. Pero ¿dónde está la maldad del reinado de Scar?, ¿en el hecho de que, de manera absurda, todo se ha secado?. él no tiene la culpa de eso. Y no es más autoritario que su antecesor, solamente lo parece por lo mortecino del ambiente.
      Entonces, si no hay ni bueno ni malo puesto que la única diferencia es el prisma desde el que se nos quiere hacer mirar, yo considero que los presuntos buenos son el establishment y los presuntos malos son una alternativa revolucionaria a la que hay que tachar de infame para que no resulte atractiva a la plebe.
      No estoy contando la peli, la estoy interpretando. Espero haberme explicado :p Saludos

      • Mª José

        Pero, ¿por qué Mufasa es un tirano? ¿Porque es una monarquía…? No podemos pretender que en un cuento, sobre todo si es clásico, se sustituya eso de “En un reino muy lejano…” por “En una democracia muy lejana…” ¡Madre mía!, ¿no queda fatal?, jaja.

        Y sí, claro, es evidente que aquí los buenos son los gobernante legítimos y los malos los opositores, algo que no me parece criticable en sí mismo. No olvides, a parte del reino seco y moribundo, que la “alternativa revolucionaria” de Scar empieza con el asesinato de su hermano y el asalto al poder; un magnicidio y fratricidio de toda la vida.

        Por supuesto, a las gacelas se la van a tener que comer sí o sí, pero eso es inevitable en la naturaleza. Al menos, pensarán los animales, que nos coman suavemente, jaja.

  5. Ignacio

    Scar es un genio incomprendido. Un verdadero Libertador. Todo era parte de un magnífico plan. La primera parte fue exitosa: tomó el poder con la ayuda de las hienas. La segunda parte del plan, que fue censurada por Disney, era traer un gran progreso a la sabana, y ganarse con ello el apoyo del pueblo. Gracias a esto, hubiese podido apartar a las hienas del poder y llegar al fin último de su plan: la sanción de una Constitución que estableciera una monarquía parlamentaria y la convocatoria a elecciones para autoridades entre todos los animales. Lastimosamente, la sequía y el tirano monárquico absolutista de su sobrino se lo impidieron. Viva Scar! Viva la Libertad!

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