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El realismo de Ferreri, la adolescencia y el Madrid de los cincuenta

Por Enrique Fernández Lópiz

En la historia Los chicos (1959), cuatro jóvenes suelen encontrarse en un quiosco de Madrid durante las tardes, para hacer proyectos de salidas al cine, a la verbena u otras formas de divertimento. En uno de esos encuentros, en una tarde lluviosa deciden ir al cine. Sólo van tres pues uno tiene que estudiar. Una vez en la entrada de la sala de proyección, el portero les prohíbe la ingresar por su corta edad, ya que se trata de una película para mayores. Entre estos jóvenes, Andrés trabaja de botones en un hotel, aunque su anhelo es llegar a ser torero; “el Chispa” es quien lleva el quiosco de prensa de su padre, punto de reunión; Carlos estudia bajo la atenta y férrea mirada de su padre; y “el Negro” es un muchacho introvertido y tímido. Se trata de un grupo de amigos, allá en los años cincuenta, en el Madrid de aquellos entonces y lo único que desean es pasarlo bien y salir de la monotonía. Pero son tiempos espinosos, y las circunstancias les fuerzan a enfrentarse con las dificultades e inconvenientes del universo de los adultos. O sea, Andrés, Carlos, Chispa y el Negro son amigos inseparables, ninguno ha cumplido los dieciocho años; hay cuatro chicas con las que salen algún sábado por la tarde, y además del qué será de ellos, o sea su porvenir, su preocupación principal es pasarlo bien el poco tiempo libre que tienen.

El punto de inflexión se produce cuando Andrés, cansado de su trabajo en el Hotel, le cuenta a sus amigos su decisión a vida o muerte: el domingo se lanzará al ruedo de la plaza de toros de las Ventas como espontáneo. Es curioso el diálogo cuando uno de los amigos, al escuchar su intención le dice: ¿Qué quieres que te metan en la cárcel?; a lo cual el Andrés responde: De la cárcel se sale, pero yo no puedo estar aquí toda la vida. Ya se ve que además de disfrutar del tiempo libre, los jóvenes están aprisionados en una sociedad que les brinda pocas oportunidades.

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Dirige con maestría este film el conocido director italiano Marco Ferreri, quien después de esta película dirigiría en nuestro país dos grandes filmes del tipo realismo social, El pisito (1959) y El cochecito (1960). El guión, también de Ferreri, es muy acertado como reflejo castizo de la época, lástima que no contara con la inestimable pluma de quien colaboraría luego con él en otros filmes, tal el insigne Rafael Azcona. Mas no quita para que Ferreri salga airoso del lance con una historia bien escrita, convincente y entrañable. Tiene la obra una música aceptable de Miguel Asins Arbó y excelente y límpida fotografía en blanco y negro de Francisco Sempere.

El reparto se luce con actores y actrices que, salvo algún consagrado, parecen espontáneos, amateurs, pero que interpretan sus papeles con gran naturalidad y verismo. Subrayo los trabajos de Joaquín Zaro, Alberto Jiménez, José Sierra, Ana María Vidal, Adriano Rimoldi, Félix Dafauce, Charo G. Ortega, María Luisa Ponte, José Luís García y Mari Carmen Aymat. Todos creíbles y estupendos.

Esta película es, como dijo Morales, un: Atractivo estudio de la sociedad del momento. Una película de un cuasi-neorrealismo español, que cuenta la problemática e inquietudes de la juventud de aquellos entonces; jóvenes adolescentes de familias de la pequeña burguesía madrileña, que padecen, como es imaginable, las dificultades de esta edad crítica, de la adolescencia, además en un país difícil recién salido de la dura post-guerra.

Ferreri narra con benevolencia la vida de estos personajes desorientados y maleados por un contexto que no hace sino poner impedimentos a sus ilusiones, inquietudes, necesidades y afanes. Por lo tanto, su cotidianeidad consiste en pasar el rato o soñar con salir de ese medio entre deprimente y hostil.

Ferreri muestra una España mediocre que otros directores e intelectuales del régimen franquista se empeñaban en ver con optimismo. De esta guisa, realiza un excelente trabajo que clarifica muchos elementos del momento, que retrata fidedignamente aquella época en la que a pesar del tono gris imperante, también brota pujante la fuerza de unos muchachos de dieciséis años que, en el fondo, se debaten solos e incomprendidos, y luchan para vivir la vida y el momento que les corresponde y que les ha tocado: el amor, las esperanzas y tantas cosas más.

Yo la recomiendo, creo que es una película que ha aguantado el paso del tiempo, una obra que además de retratar la sociedad y el mundo de los cincuenta, tiene memorables imágenes de un Madrid que ya no existe, un Madrid castizo con sus avenidas y parques casi color sepia.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=DHl4YzWFlio.

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