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El puente

Por Clara Castro

Joris Ivens es, sin duda, uno de los documentalistas más importantes del pasado siglo. Reconocido por su innovación técnica, así como por el compromiso social y político del que impregnó gran parte de sus obras, Ivens fue además uno de los autores que inauguró la Escuela Documental de los Países Bajos.

Aunque por herencia familiar parecía destinado a dedicarse a la fotografía (su abuelo fue un famoso retratista y su padre fue el fundador de la primera cadena de tiendas de fotografía de Holanda), Ivens demostró ya desde pequeño su interés por el cine. Durante su estancia en Berlín entró en contacto con Walter Ruttman y quedó fascinado por su obra Berlín, sinfonía de una ciudad. Inspirado por ella y decidido a experimentar con el medio cinematográfico, Ivens decidió explorar el ritmo y el movimiento de un objeto real y, en principio, inanimado. Es así como nace la idea de realizar una de las obras fundamentales de la primera parte de su carrera, El puente.

El puente es un documental que muestra el puente levadizo de De Hef, situado en Rotterdam. Sin un propósito de narración canónico y tomando como base el recorrido de un barco y de un tren que pretenden navegar por el río y atravesar el puente en el mismo momento, El Puente explora la constitución y el funcionamiento de la estructura al tiempo que muestra su relación con el entorno. Del mismo modo, el documental también se dirige directamente al espectador, si bien comienza con planos abiertos y de situación, pronto Ivens dirige la cámara hacia sí misma para invitarnos a participar y eliminar cualquier vestigio de ficción. Se puede apreciar así que todo lo que se aprecia y sucede a continuación es la visión del propio Ivens, es su estudio formalista de lo que tiene ante sí.

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Gracias a los medios técnicos de los que dispone, Ivens es capaz de explorar todas las opciones del medio cinematográfico que tiene a su alcance. Al utilizar un modelo de cámara no profesional que, aunque otorga una menor calidad, permite una mayor libertad de movimiento, el realizador holandés puede filmar el puente desde diversos ángulos y jugar con las posibilidades de la composición, ayudándose además con ligeras panorámicas y correcciones de plano (que a veces quedan truncadas a la mitad). Es capaz de descomponer y recomponer los elementos que muestra (por ejemplo, el puente a través de sus cables, mandos, vigas… y todas las líneas que lo ordenan y componen), consiguiendo una representación “total” gracias a esa unión de la multitud de puntos de vista.

Por otra parte, Ivens experimenta también de manera pionera con el ritmo propio de los objetos (por ejemplo, los raíles de la vía, que se ven borrosos a causa de la velocidad), y el ritmo que él mismo consigue conferirles a través de la alternancia de planos y el contraste con lo que los rodea (como el propio tren acercándose a la estación -ritmo elevado- o llegando a ella- ritmo lento).

Limitando la presencia humana a la de los operarios, Ivens es capaz de centrarse en la presencia del puente y en su magnificencia. Él es el prodigio técnico (y también físico) que hay que desentrañar y descubrir.

Por esta y otras razones El puente está considerada como una obra referente dentro del cine de vanguardia. Estrenada en 1928, fue un éxito dentro la comunidad fílmica y convirtió a Ivens en una joven promesa del cine holandés. Con la confianza que le otorgaron el éxito y, sobre todo, los dos años que pasó filmando y montando este documental, Ivens decidió finalizar un proyecto que le interesaba pero para el que no se había sentido preparado con anterioridad, Lluvia (Regen).

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