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El pueblo de los policías

Por Enrique Fernández Lópiz

Copland es una película que te atrapa y mantiene pegado al sillón, pues aunque no es una gran obra con mucho, sin embargo es sobria, el relato es interesante y compacto, está realizada con inteligencia y tiene acción a la vez que retrata aspectos propiamente psicológicos del espíritu humano.

La película ya tiene un emocionante arranque cuando Murray ‘Superboy’ Babitch (Michael Rapaport), un oficial de la policía neoyorquina, de vuelta a su casa conduciendo su coche en la anochecida de la ciudad, es atacado a su paso por el puente por dos individuos de forma imprevista. Murray corre tras ellos para atraparlos y cuando los alcanza observa que le apuntan con una pistola. De manera instintiva y con su arma reglamentaria les dispara y los dos jóvenes se estrellan y mueren. En un breve lapso de tiempo el puente se llena de policías entre los cuales está el tío de Babitch, Ray Donlan (Keitel) quien observa que en el coche no hay armas, y deciden actuar por su cuenta colocando un fusil en el interior. En tanto, Freddy Heflin (Stallone), el Sheriff de Garrison (un pueblo en Nueva Jersey, el pueblo de los polis), es en realidad la autoridad en ese acontecimiento, pero los policías de la gran ciudad que viven en el pueblo, son los que mandan en realidad y quienes dictan las reglas de juego del lugar. Es decir, que todos esos policías viven en Garrison donde el sheriff, el bonachón Freddy Heflin (Sylvester Stallone), tiene jurisdicción sobre el caso, aunque quienes toman las decisiones son los otros policías encabezados por Donlan. Pero el asunto ha saltado a los medios de comunicación y el investigador de asuntos internos Moe Tilden (De Niro), decide intervenir.

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El director James Mangold consigue ofrecernos una película que a pesar de sus limitaciones presupuestarias resulta sólida y convincente; un relato cuya trama de corrupción es narrada con solvencia, “lástima que el último tramo del filme abrace los más previsibles convencionalismos” (Palomo). No obstante, la cinta tiene suficiente tensión narrativa. Y quiero subrayar que en este film hay una escena final que constituye la culminación de la película, que a pesar de carecer de espectacularidad, sin embargo, crea una secuencia digna de figurar en las antologías. “La rueda desde el punto de vista de alguien que se acaba de quedar sordo y no domina el entorno en el que se encuentra. Es una escena sencillamente espectacular por la sobriedad con la que se dirige” (Sertorio). Colabora en todo lo que vengo comentando de manera sustancial el guión escrito por el propio Mangold, que amén de ser un libreto apasionado y audaz, se beneficia de unos espléndidos diálogos. Ahora bien, no puedo sustraerme a denunciar que, sin duda por la inexperiencia de Mangold en aquel momento, se desaprovecha en una medida significativa a tanto y tan buen actor como interviene en la historia. Pero “cualesquiera que sean sus limitaciones, Cop Land tiene talento para traspasarlas” (Mitchel). Interesante música de Howard Shore y una fotografía ad hoc de Eric Alan Edwards, con secuencias y fotogramas de gran talento.

En reparto destacan Sylvester Stallone en un trabajo actoral que mejoraba en mucho otros anteriores (en 1997, en el Festival de Cine de Estocolmo, consiguió el galardón a mejor Actor); es destacable que Stallone, para el papel del Sheriff Freddy Heflin, tuvo que aumentar veinte kilos su peso habitual, lo que rompía la imagen de hombre de acción que había interpretado hasta ese entonces en filmes como Rambo u otros similares. Harvey Keitel está genial, como siempre diría yo, en su rol de Ray Donlan, el policía capo y peligroso que gobierna el cotarro. Memorable la reaparición de Ray Liotta al final, interpretando de manera convincente al oficial Gary ‘Figgsy’ Figgis. Robert De Niro es Moe Tilden, el oficial de asuntos internos, su aspecto con bigote y su misma actuación queda, desde mi modo de ver, un tanto deslucida comparada con su trayectoria habitual. Bien Peter Berg como oficial Randone. Janeane Garofalo estupendo como el cadete Betts. Michael Rapaport; correctísimo como oficial Murray, ‘Superboy’ Babitch. Y acompañando con gran profesionalidad Robert Patrick, Annabella Sciorra, Noah Emmerich, Cathy Moriarty, John Spencer, Frank Vincent, Malik Yoba, Arthur J. Nascarella, Edie Falco, Victor L. Williams, Paul Calderón, John Doman, Deborah Harry, Vincent Laresca, Oliver Solomon y Terri Towns. Apunto dos cosas con relación al elenco actoral. La primera es que (con la excepción de Robert Patrick), la mayoría de estos excepcionales actores de reparto son nacidos o criados en Nueva York o en su área metropolitana. La segunda es que el film tenía un presupuesto muy bajo, razón por la cual todo el equipo de actores y actrices trabajó a escala de salario según la recaudación en taquilla: meritorio.

En conclusión, con una “trama interesante, el reparto magnífico y la dirección más que correcta” (Ocaña), podemos pasar un entretenido rato con este policial que a pesar de algunos momentos excesivamente alargados, es una obra potente y atractiva, de nuevo con el tema de las irregularidades en la misma médula de la policía norteamericana. Puede decirse que tiene el olor del añejo cine negro, como igualmente podría definirse como western urbano y moderno que narra la vida del Sheriff Heflin, un hombre taciturno y solitario, perdidamente enamorado de una bonita mujer a la que salvó la vida, acción de la que resultó la sordera que arrastra de un oído, que es la razón de que no haya podido acceder a más altos puestos dentro de la policía.

Recomendable película de acción con tramas y subtramas interesantes.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=DWLFW9iAr-E.

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