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El podrido mundo de hoy y tal vez de ayer o de mañana

Por Enrique Fernández Lópiz

He visto ayer esta interesante película, una película sutil, El capital humano, una interesante cinta italiana, con la colaboración de productores franceses, que no es una película divertida, ni siquiera diría, entretenida, pero la obra de arte no siempre es entretenida. A mí me ha recordado mucho la obra del director rumano Calin Peter Netzer, Madre e hijo de 2013, comentada por mí en estas páginas. Esta película rumana, al igual que la que ahora comentaré, trata el tema de madres (y padres) absorbentes, el delito, la corrupción y la puesta en libertad de los verdaderos culpables. Pero en esta cinta italo-francesa, hay variaciones que a continuación iré desgranando en estos comentarios.

En este film, una familia muy rica tiene un hijo ennoviado con una joven, hija de un propietario de clase media–alta propietario de una inmobiliaria en los buenos tiempos, en Italia. Un buen día, el tal señor lleva a su hija a la casa del magnate de la especulación, y logra abrirse un hueco entre la familia del joven, haciendo amistad con el padre, gracias a su habilidad para jugar al tenis. A partir de ahí, se narra una historia cuyo nódulo está en el lamentable hecho de que en la víspera del día de Navidad, un pobre ciclista, empleado de un Hotel de la ciudad, es atropellado de noche con graves resultados, por un lujoso todoterreno. El infortunado accidente va a producir una cascada en cadena, que hará cambiar el destino de dos familias: la del millonario Giovanni Bernaschi, el especulador financiero (el cual ha creado un fondo que ofrece un 40 por ciento de interés anual atrayendo y esquilmando a crédulos inversores), y la de Dino Ossola, el ambicioso agente inmobiliario cuya modesta empresa está al borde del precipicio y ve en la oferta de Bernaschi una oportunidad para prosperar. Pero las cosas no son tan sencillas, el fondo del especulador quiebra y finalmente el truhán (y cerdo, diría yo) de Ossola, aprovecha el asunto del accidente para recuperar su dinero y de paso salvar a su hija y, de paso, su propio y reciente matrimonio con una joven psicóloga.

La cuestión es que la historia, desde que el arribista y “chupamedias” o “servil” o “pelota” Ossola aparece en casa de los Bernaschi, hasta que se suceden los acontecimientos, son narrados desde tres puntos de vista distintos. Es como si la cámara hubiera tomado la misma escena desde la perspectiva de Ossola, desde la visión de la mujer de Giovanni Bernaschi, Carla, y desde la óptica de los mismos jóvenes.

Tiene esta película una excelente dirección de Paolo Virzì en su décimo film, que sabe conducir la historia por unos derroteros más de la reflexión y de la crítica que de divertimento, lo cual no quita para que el film mantenga el interés del espectador en todo momento. Algunas de sus tomas son muy trabajadas, basta ver la escena inicial. El guión está perfectamente confeccionado por el propio Virzì junto a Francesco Bruni y Francesco Piccolo, en una adaptación de la novela del escritor estadounidense Stephen Amidon, Human Capital de 2004. La música es bastante buena de Carlo Virzì, y tiene una magnífica fotografía, tanto intimista como de exteriores de Jérôme Alméras y Simon Beaufils, con tonos celestes y grises que acentúan la falta de piedad la sociedad y la familia, cuyo único momento de pasión es expuesto desde la locura y no desde una elección coherente y amorosa basada en lazos sólidos humanos.

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El reparto es más que bueno, luciendo especialmente una versátil y empática Valeria Bruni Tedeschi, que se come la pantalla como protagonista exclusiva, a quien acompañan a las mil maravillas Fabrizio Bentivoglio (excelente como el más villano y avaricioso de todos y consorte de Valeria en la ficción), Valeria Golino (encantadora), Fabrizio Gifuni (especulador exultante), Luigi Lo Cascio (muy bien como pobre seductor), Giovanni Anzaldo (excelente como pobre joven víctima de las circunstancias), Matilde Gioli (bonita, amorosa y convincente, espléndida incluso por encima de los jóvenes secundarios), y Guglielmo Pinelli (el hijo alcohólico centro de los desvaríos). Todo un elenco de primera.

Entre 2013 y 2014 ha obtenido los siguientes premios y nominaciones. 2013: 7 Premios David di Donatello, incluyendo mejor película. Festival de Tribeca: Mejor actriz (Valeria Bruni Tedeschi). 2014. Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor director y actriz (Valeria Bruni). Festival de Sevilla: Premio del Público.

Como decía, la película cuenta la misma historia vista desde tres puntos visuales diferentes que se van cruzando a lo largo del relato. No son tres versiones, sino una que se complementa con la visión de todos los intérpretes: (1) la visión de Dino Ossola (Fabrizio Bentivoglio), un aspirante a rico a costa de los restos del canibalismo capitalista con quien pretende aumentar ficticiamente plan “pelotazo” su patrimonio, entregando metálico prestado al inversor de éxito; el tal especulador es el padre del novio de la hija Giovanni (o al menos eso parece al inicio). (2) Carla Bernaschi (Valeria Bruni Tedeschi), la mujer del broker, objeto bonito para ser mostrado en fiestas y reuniones, mujer de poco espíritu, alma sensible, y actriz retirada que apenas aspira a ser una compradora compulsiva. (3) Está también la óptica de la hija del aspirante a millonario, Serena Ossola (Matilde Gioli), en una edad difícil en busca de su identidad y de definirse personal y socialmente, asqueada del padre y enamorada de un outsider carne de presidio. Todos refieren los eventos acontecidos en el lapso de tiempo en que se desencadena el accidente del ciclista. Todo ello en una pequeña ciudad de provincias donde todo el mundo sabe quién es quién. Puedes ver un avance aquí.

Considero esta película un thriller angustiante, a la vez que un fascinante y perspicaz estudio de nuestra sociedad y su economía voraz en declive. Por lo tanto una fusión diestra de crítica social e intriga criminal, que habla de una obra versátil y apasionante de Virzí, sobre los ricos y los advenedizos, que cada cual se lleva su ración de fusta. Todo ello bajo la eficaz batuta de su director que pule el film y lo hace comprensible para todo el quiera ver u oír las verdades sobre la avaricia, la familia y otra vez el dinero: todo está infectado, todo es dinero.

Al igual que la conocida película de Costa-Gavras El capital en la que el protagonista comienza un ascenso imparable por los entresijos del mundo de la banca hasta convertirse en una de las personas más poderosas e influyentes del país, El capital humano, en ese mismo estilo, ilustra esta época oscura y vergonzante que estamos padeciendo. Costa escribe: “La película reparte igualitariamente su vitriolo entre todas las clases sociales –incluso el humilde tío que cuida al personaje más desamparado de la función recibe lo suyo-, pero contrapuntea su ferocidad con un particular cuidado, atravesado de clara empatía, en la definición de sus personajes principales.”

Y es que para quien quiera ver lo que está ocurriendo en el planeta, o si no queremos llegar a tanto, si abrimos los ojos y miramos a nuestro pobre país tan maltratado, tan esquilmado y tan demente y ávido de riqueza, esta película nos tiene que hacer temblar. Piensen que hacia el final, la protagonista Carla Bernaschi, encarnada por la enorme Valeria Bruni Tedeschi, le dice a su esposo, el señor Bernaschi eso de: Habéis apostado por la ruina de este país, y habéis ganado.”

Y es que aquí no se salva nadie. Dice Martínez: Cuando el director se detiene en el análisis y estudio de los comportamientos, la película adquiere la gravedad profunda y desolada del desasosiego. La ira animal del especulador al que da vida Fabrizio Gifuni da la réplica perfecta a la brutal, desangelada y perfecta interpretación de Valeria Bruni Tedeschi en el papel de su mujer; una mujer completamente vacía.”

El cine no es siempre divertimento, como ya he dicho antes un par de veces y no en vano; no quiero decir que sea tedioso, pero sí que puede y tiene la obligación en ocasiones ser denuncia. Este es un film que acusa a los mercaderes y asesinos –que lo son- que le roban la vida a la gente de múltiples formas: robándoles el dinero, el empleo, el futuro (el de tantos jóvenes) o la ilusión, y en ocasiones matando literalmente.

A modo de cierre de estos comentarios, dejo aquí dos elementos más para pensar, al hilo de esta película. El primero, para quien tenga algo de serenidad, si es que cabe la serenidad ante estas cosas, parte de la columna de Manuel Jabois, Juguetes para un tiempo prohibido. El segundo es un poema que por alguna razón he asociado a cuanto llevo dicho; se trata del poema Me llamarán, de nuestro insigne poeta social de los cincuenta, Blas de Otero (1916-1979).

De su columna en El País de Manuel Jabois, Juguetes para un tiempo prohibido (tomado el título de una novela de Carlos Casares: Xoguetes para un tempo prohibido, 1975, donde el autor habla de una generación brillante llena de sueños que se precipita contra la impotencia, la desolación y el desencanto de su época). Pues bien, hay algo de eso en el gran fraude que fue nuestra burbuja de los noventa, de ahí que Jabois escriba: … la formidable tramoya sobre la que habría de crecer España hasta convertirse en un país moralmente higiénico, desahogado de tramas perfectamente criminales, de actitudes colectivas que tenían más de sangrante en lo legal, con sus sueldos millonarios por representación, indemnizaciones excesivas pese a la incompetencia y sociedades superpuestas, que en lo ilegal, pues al fin y al cabo lo ilegal debe ocultarse y lo legal, aun repugnante, habría de ocurrir ante nuestros ojos […] el mal perdió la característica de ser una tentación, así que en lugar de tener la tentación de robar, lo que había era la tentación de no hacerlo. Cualquier vistazo al pasado es un ejercicio de nostalgia y horror.” Y es que muchos tenemos la sensación, al igual que ocurre en la película, de que ¡todo era mentira!

Y van ahora estas palabras que a modo de grito escribiera Blas de Otero, Me llamarán, nos llamarán a todos. Sigue estando vigente el mensaje de estos versos, con los cuales Otero quiso incitar a que los españoles hablemos, a que no nos sometamos a la censura de los poderosos (del dinero, diría yo) y a expresar al menos libremente, el miedo a que nos maten, a que nos liquiden, física o espiritualmente, que es lo que están haciendo los mandas con esta generación perdida que convive con nosotros, casi en silencio.

Me llamarán, nos llamarán a todos

Cantada por Paco Ibáñez: https://www.youtube.com/watch?v=pmPRXWqiCew

… porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta
vida es dejarse morir, sin más ni más …

(SANCHO. Quijote, 11, cap. 74.)

Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.

Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.

Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.

(Aquí no se salva ni dios. Lo asesinaron.)

Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel … o yo, tú, él …

Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento…

Blas de Otero

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