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El poder del tai chi

Por Jon San José Beitia

Con El poder del Tai Chi, Keanu Reeves presenta su primer trabajo como director, donde muestra su pasión por el mundo de las artes marciales y en el que da rienda suelta a todo lo aprendido a lo largo de su participación en películas como Matrix.

El argumento de la película brilla por su ausencia al resultar demasiado sencillo y previsible, no supone ningún reto para el intelecto, pero sirve de excusa para dar paso a una oleada de secuencias de combate bien coreografiadas. Las escenas de combate son realmente lo único que mantiene la atención del espectado, en el desarrollo de una trama endeble y carente de gancho que está totalmente desfasada. Reeves demuestra lo que aprendió rodando con los hermanos Wachowski y con el coreógrafo de Matrix, ofreciendo toda una variedad de escenas de combate rodadas con novedosas técnicas visuales, acompañadas por música cañera al más puro estilo Matrix, para intentar no caer en la monotonía, algo que no consigue.

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En el apartado interpretativo todo el reparto ofrece un trabajo pobre, mediocre e insulso, donde incluso el propio Keanu Reeves, es una broma de sí mismo. Destaca positivamente el trabajo de Tiger Hu Chen, que por lo menos resulta convincente en las escenas de combate al poner la intensidad necesaria en lo que hace pero que, para cuestiones emocionales, deja mucho que desear.

El director realiza un trabajo correcto, cuidando el aspecto visual y técnico, pero cae en el abuso del empleo de escenas de combate y en prolongar en exceso un argumento que no da para más de 90 minutos. Juega con las luces, con el aspecto visual de los escenarios, trasladando a los personajes de un lado a otro pero, en resumidas cuentas, no deja de ser una repetición de ideas que llega a resultar pesada. En su afán por ofrecer nuevos puntos de vista y con el empleo de juego de luces, llega a marear con la cámara y a ofrecer combates confusos donde no se aprecian con nitidez algunos de los movimientos. Reeves se reserva un personaje lineal y vacío, diseñado exclusivamente para hacer el mal. Su aportación interpretativa resulta pobre y mediocre, no resulta convincente en las escenas de combate que protagoniza, donde se hace notorio el paso del tiempo y las  limitaciones físicas que acarrea. Sus movimientos carecen de la velocidad e intensidad necesaria, en comparación con el protagonista, Tiger Hu Chen parece un caracol, lo que resta interés al desarrollo del combate que los enfrenta.

En resumidas cuentas, El poder del Tai Chi es una película insulsa, intrascendente, no cuenta nada nuevo, tan fácil de ver como de olvidar, solo para amantes del cine de artes marciales poco exigentes.

Jon San José Beitia

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