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El peor Macbeth

Por Javier Fernández López

Parece que hay cineastas en este mundo que no entienden lo que significa hacer una adaptación. No obstante, vamos a empezar con las cosas buenas de Macbeth. En primer lugar, la fotografía, que aunque es vulgar y sucia en la mayoría del metraje, esos tonos rojizos y cálidos en los compases finales dan verdadera poesía al relato. Hay también unas buenas interpretaciones por parte de Michael Fassbender y Marion Cotillard, sobre todo de ésta última. Y fin. Sí, ahí termina lo bueno, es así de triste, pero lo que obtenemos con esta película es el resultado más decepcionante que se puede obtener con el material de Shakespeare. No hay presencia de planteamiento en las imágenes, el espectador que vea la cinta sin saber mucho sobre la obra estará perdido y confuso entre la niebla de Escocia.

Lo que trasciende a través de Macbeth, al ser una versión literal de la obra shakesperiana, es que el material como tal no es para tanto. El teatro cinematográfico tiene sentido cuando se usan elementos cinematográficos, pero aquí sólo hay uso de una buena fotografía por momentos efímera. Todo lo demás es una cámara ante la sobreactuación. El cine es cine, no cómic, ni libro ni videojuego ni teatro. Y una adaptación es una adaptación, eso significa llevar la historia desde un medio a otro medio, lo que requiere un esfuerzo y cambios para al final las sensaciones sean las mismas o parecidas. En este caso, si el ‘Macbeth’ de Shakespeare incitaba a la reflexión, aquí nos encontramos ante el tedio y el aburrimiento. Y cuando el espectador llegue al final, cuando termine el baño de sangre final que tanto se vaticina, sentirá que si esto es ‘Macbeth’, puede que entonces esa obra de la que tanto se habla no sea para tanto y que Shakespeare está sobrevalorado, porque ciertamente Macbeth muestra graves síntomas de déjà vu.

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Una cinta que no merece reconocimiento alguno y que desgraciadamente algunos tendremos en cuenta para lo que nos viene este 2016 con la adaptación de Assassin’s Creed, dirigida por el mismo director, Justin Kurzel, y con Michael Fassbender también en el papel protagonista. A Kurzel le diría humildemente que se mirase aquella Romeo + Julieta de William Shakespeare dirigida por Baz Luhrmann, también con los diálogos originales de la obra pero en esta ocasión con unos geniales cambios con un toque kitsch que la convierten, sin temor ni vacilación alguna diría, en la mejor adaptación comercial que se ha hecho del autor.

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